
Aficionado compulsivo a filmar y coleccionar
Amateur, lo nuevo de Néstor Frenkel
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Néstor Frenkel es un auténtico cineasta independiente, conocido por sus muy logrados largometrajes Vida en Marte y Construcción de una ciudad . En El amateur, que se verá hasta fin de mes en el Cosmos-UBA (Corrientes 2046, de jueves a domingos, a las 20) y en el Malba (F. Alcorta 3415, los viernes, a las 22, y domingos, a las 21.30), vuelve al género documental para meterse en ese subgénero dedicado a hobbies muy particulares (la presentación del tema es un corto en sí misma).
En este ensayo de sociología filmado Frenkel edita con infrecuente originalidad fragmentos de películas en Súper 8 anónimas, un merecido homenaje a cineastas en potencia donde puede verse parte de la historia de la vida privada de al menos dos generaciones. De alguna manera, este bloque es, además, una suerte de homenaje a la moda del found footage (cine encontrado), un tema que ya generó mesas de discusión, artículos y hasta libros.
Así, de ridiculez en ridiculez con la que gran parte del público se siente identificada (fiestas de cumpleaños, quinceañeras, casamientos, vacaciones playeras, todas plagadas de gags involuntarios), Frenkel llega al gran personaje de su historia.
Pasados esos quince minutos memorables, el relato pega un salto a la historia de Jorge Mario, veterano dentista de Concordia (Entre Ríos), que explica que se enamoró del cine cuando el cineasta norteamericano Jacques Torneur filmó en esa ciudad en 1951 el western El camino del gaucho , con Rory Calhoun, Gene Tierney y Richard Boone. El cineasta lo pone frente a cámara para contar su singular aventura de coleccionista de estampillas, latas, etiquetas de vino y lo que fuere, obsesivo hacedor de listas, pero muy en especial de su pasión por filmar él mismo repetidas veces un western imposible de creer (episodios que recuerdan los desopilantes sketches de Cha Cha Cha ), en homenaje al de Torneur y su aventura entrerriana hace seis décadas.
El resultado de esta segunda parte también es desopilante -dentro del estilo cabeza parlante- cuya obsesión deviene muy graciosa por sus propios excesos y algo triste, a fin de cuentas, porque habla de manías que sí justifican un trabajo interesante como éste.


