Ang Lee y la fuerza de los sentimientos
Si se acepta como válida la definición de un crítico inglés: "una cruza entre Intriga internacional , de Hitchcock, y El imperio de los sentidos , de Nagisa Oshima, no harán falta demasiadas palabras para explicar que Lust, Caution , la película que acaba de darle por segunda vez el León de Oro veneciano al taiwanés Ang Lee, es lo que normalmente se llama un thriller erótico. Sin embargo, el galardonado director prefiere añadir alguna precisión: se trata de un thriller, sí, pero también de "un caso de amour fou , de un melodrama trágico" en que los amantes están en aprietos frente a fuerzas que no pueden controlar y donde la visión de lo romántico se vuelve áspera y violenta. "Si Secreto en la montaña aludía a un paraíso perdido -redondea-, esta vez estamos en la oscuridad de una cueva, en un sitio temible, en el infierno."
Dice que éste es su film más personal, porque narra una historia de pasiones y emociones que de alguna manera están conectadas con su propia juventud y su propia experiencia en la relación con las mujeres, y aunque se resiste a reflexionar en lo que hay de común entre todos sus films (no habla de su reiterado examen del poder del deseo sexual frente a la represión), sólo apunta a una cuestión casi técnica: casi siempre, reconoce, parte de pequeños relatos que entregan trozos de vida cotidiana, sólo para expandirlos hasta extraerles un sentido épico.
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Así lo hizo con el cuento de Annie Proulx que dio origen a Brokeback Mountain y ahora con un relato de la popular escritora china Eileen Chang (1920-1995), con quien tiene algunos rasgos en común. Como Lee, que nació en 1954, en Pingtung, Taiwan, y reside en los Estados Unidos desde 1978, Chang también vivió a caballo entre dos mundos: sus cuentos y novelas, escritos en los años cuarenta, evocan la singular y glamorosa fusión de Oriente y Occidente y de tradición y modernidad que caracterizaba a Shanghai antes de la toma del poder por los comunistas. Después de 1949, pasó a Hong Kong y luego a los Estados Unidos, donde continuó escribiendo, con lo que su fama se extendió, en especial entre la diáspora china. Tanto que algunos de sus títulos fueron llevados al cine por realizadores de Hong Kong como Stanley Kwan y Ann Hui. El relato elegido por Lee transcurre en la Shanghai ocupada de los tempranos años cuarenta, durante la guerra chino-japonesa. Es la historia de un grupo de estudiantes que deciden asumir su parte en la resistencia contra el invasor y elaboran un plan para eliminar a un peligroso colaboracionista. Pero la conspiración se les escapa de las manos cuando la joven actriz que debía seducirlo y atraparlo termina comprometiéndose con él en una apasionada relación erótica, lo que da motivo a las tórridas, violentas y a veces explícitas escenas de sexo de las que mucho se habló ahora en Venecia, y bastante antes, en los Estados Unidos cuando impusieron al film la restrictiva calificación NC-17. Ante este hecho, muchos otros directores suelen reaccionar y reeditar sus películas para lograr una recalificación, ya que no son pocas las cadenas norteamericanas que se niegan a proyectar films con esas limitaciones. Ang Lee no: convencido de la necesidad de las escenas de sexo, insistió en mantener los 156 minutos del montaje original. Tiene sus razones: "Las escenas eróticas en Lust, Caution son como las secuencias de combate en El tigre y el dragón -dice-: es donde los personajes muestran sus verdaderos rostros. Y además son parte de la sustancia dramática, ya que todo en el film se refiere a la representación, a distintas formas de fingir. Y el amor es aquí también una representación, una trampa o, en el peor de los casos, una ilusión."
Si para Ang Lee Lust, Caution tiene también alguna resonancia política (sus padres fueron expulsados de la China continental), hay asimismo en las líneas del cuento bastantes referencias a la propia vida de la escritora: sus estudios en Hong Kong interrumpidos por la guerra; su reprobada relación con un hombre bastante mayor públicamente reconocido como traidor; el breve desempeño de su primer marido, un donjuán inveterado, en el gobierno títere de los tiempos de ocupación.
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Fue eso lo que más entusiasmó a Lee: que éste es el único relato de Chang en que ella habla de sí misma. Apenas veintiocho páginas en las que encontró suficientes elementos oscuros como para desarrollarlos en un largometraje. "Lo que ella ocultó entre líneas es lo que para mí representaba la ocasión perfecta para hacer un film", explicó. No dijo, en cambio, como subrayó alguna crítica italiana, que esta vez Lee se atreve a mostrar lo que en otras oportunidades sólo dejaba intuir: la fuerza de los sentimientos que han sido largamente reprimidos y que pueden resultar devastadores cuando se manifiestan dentro de una relación secreta y prohibida.





