
Animales: Ben Affleck actúa y dirige este oscuro thriller sobre ética y manipulaciones políticas
Un secuestro equivocado pone a un aspirante a gobernador contra las cuerdas
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Animales (Animals, Estados Unidos/2026) Dirección: Ben Affleck. Guion: Connor O. McIntyre, Billy Ray y Ben Affleck. Fotografía: Robert Elswit. Música: Harry Gregson-Williams. Elenco: Ben Affleck, Kerry Washington, Steven Yeun, Gillian Anderson, Adriana Paz y Luis Gerardo Méndez. Disponible en: Netflix. Duración: 106 minutos. Nuestra opinión: buena.
Cuando Ben Affleck estrenó Desapareció una noche allá por 2007, la sorpresa fue mayor. Si bien Affleck es injustamente subvalorado como actor, su debut como realizador lo llevó a obtener un merecido prestigio, producto de una ópera prima sólida que giraba sobre un complejo caso policial. En ese film, la historia hacía foco en los claroscuros de la ley y en una instancia superadora de la justicia que tenía que ver con la condición humana y el conflicto que surgía a partir de comprender que la ética personal y profesional pueden ser conceptos contrapuestos. A lo largo de sus películas posteriores, Affleck volvió a visitar esa idea, que lo lleva ahora a Animales, su último largometraje en el que vuelve a reflexionar, aunque de manera más cínica, sobre esa premisa.
Aquí la historia es la de Mark Kimball (Affleck), un aspirante a gobernador de Los Ángeles, que se encuentra sumergido en una campaña para la que invirtió todos sus ahorros familiares. Durante una tarde y a pocos días de las elecciones, un llamado anónimo le revela al protagonista que su hijo fue secuestrado y que solo se lo devolverán con vida a cambio de siete millones de dólares. Kimball se endeuda aún más con el objetivo de reunir el dinero, hasta que descubre que en realidad el niño raptado es el hijastro de su empleada, una mujer mexicana cuya pareja es un inmigrante ilegal. Para colmo, la infidelidad de su esposa y una abrupta caída en su número de votantes llevan a Kimball a convertirse en el epicentro de una tormenta perfecta que amenaza con arrasar su vida personal, conyugal y profesional. Mientras tanto, él deberá resolver si utiliza o no sus últimos dólares, con el objetivo de pagar el rescate de un niño secuestrado por error.

A primera vista, se hace evidente que estamos ante la misma trama del film Del cielo al infierno, dirigido por Spike Lee y estrenado el año pasado. Ese título, a su vez, era una remake de El infierno del odio, una de las mayores obras maestras de Akira Kurosawa, lanzada en 1963. Sin embargo, Animales no es una reversión y en una entrevista reciente el propio director confesó que nunca vio el largometraje del legendario realizador japonés. Más allá de creerle o no, es innegable que Animales tiene ingredientes que Affleck trabaja desde hace tiempo en sus relatos y que justamente tienen que ver con los grises que habitan en las éticas personales.
En este punto de su carrera, Affleck pareciera haber perdido la fe en la humanidad. Muchos personajes de sus películas anteriores eludían las reglas del juego por un bien mayor y de alguna manera se volvían protagonistas imperfectos, pero de gran nobleza. Aunque acá el juego es al revés. Animales comienza con el retrato de un político que se pretende sincero, pero al que el sistema comienza a deshumanizar en esa carrera hacia la gobernación. Kimball habla de plata todo el tiempo; le preocupan las deudas, los préstamos y su rutina respira tendencias parciales de cara a la inminente votación. Para este candidato todo se reduce a proyectar una imagen de político “buen tipo”, que de hecho lo es, aunque no sabe bien cómo transmitirlo. Hasta que el secuestro del niño le devuelve un sentido de la humanidad, un deseo por hacer el bien más allá de las ganancias simbólicas inmediatas. Sin embargo, el devenir de la trama llevará al personaje a un lugar de inevitable cinismo y a la tentación de capitalizar esa crisis hacía un rédito electoral. En ese punto, es que aparece un Affleck descreído que pareciera mirar con amargura el mundo actual.
Claro que, por momentos, la película tropieza y todo parece una ensalada en la que el director mezcla más ingredientes de los que puede procesar. Hay un intento por mostrar el prejuicio que existe en los Estados Unidos contra la sociedad latinoamericana, e incluso se alude al cuestionado rol del ICE. Pero también hay conflictos conyugales confusos, caricaturescas figuras de poder que operan desde las sombras y evidentes baches de guion. De este modo, Affleck parece no terminar de decidir qué película quiere contar hasta que en el tramo final, el relato vuelve hacia el carril original y ahí sí el director demuestra su solvencia al sostener la tensión.
Irónicamente (y aunque oficialmente no lo es), Animales es una mejor relectura de El infierno del odio que la versión de Spike Lee. Más allá de sus errores, Affleck termina haciendo un juego de espejos con Kurosawa, que resignifica el poder de esta trama. En el film japonés, Akira mostraba a un empresario zapatero que por fuerza de las circunstancias, debía deambular en los bajos fondos e involucrarse con un mundo que le demostraba que la prosperidad japonesa posguerra no incluía a todos los sectores. En un camino similar, Kimball debe comprender que en su propia casa, la mujer que cuida de su hijo sufre prejuicios de toda clase por el solo hecho de ser mexicana. Entonces, que el personaje central sea un político, pone en crisis esta idea sobre quiénes son aquellos que nos representan y hasta qué punto verdaderamente entienden y pueden empatizar con lo que sufre el ciudadano de a pie. La conclusión frente a esa teoría es desoladora y de esta forma Affleck propone una película que se vuelve rabiosamente política y contemporánea.


