The Mist, apenas algunos escalofríos aislados

Paula Vázquez Prieto
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29 de agosto de 2017  

The Mist

Creador: Christian Torpe/ elenco: Morgan Spector, Alyssa Sutherland, Danica Curcic, Gus Birney, Okezie Morro/ Disponible en Netflix/ Nuestra opinión: regular.

Todo comienza con la niebla. Un soldado se despierta desorientado en el centro de un bosque opaco y misterioso. Junto a él, el fiel Rufus saca la lengua y mira hacia el horizonte. Rufus podría ser su perro y él podría llamarse Bryan Hunt, como señala la documentación que lleva encima, pero nada parece demasiado seguro. Sólo la niebla que amenaza a la distancia, que embriaga y destruye todo a su paso, que obliga a escapar hacia donde todavía se pueda estar a salvo.

La nueva serie de Netflix, basada en la novela de Stephen King (ya en 2007 dio origen a la película del mismo título) parece tener un comienzo prometedor. Pueblo chico e infierno grande, dramas adolescentes y secretos cruzados, venganzas y resquemores entre quienes se conocen mucho y desde hace bastante tiempo. La repentina niebla se convierte en confín y castigo, en un magma que obliga a convivencias forzadas, que anima las mezquindades humanas que encuentran la perfecta excusa para salir a la luz.

The Mist intenta retomar las claves del horror de encierro: un mundo corroído por una catástrofe inexplicable que aísla a un grupo de individuos obligándolos a redefinir vínculos, lealtades y a explorar sus más profundas miserias. Esa catástrofe podría haber sido el despertar de los muertos vivos, una invasión extraterrestre o la llegada de una misteriosa plaga. Por ello lo que menos importa es qué hay en la niebla, sean insectos voraces o alguna otra criatura desconocida, sino lo que se despierta con ese miedo que se esparce por la comunidad como un virus letal. La falla central de la serie creada por el danés Christian Torpe ( Rita) es justamente el desarrollo de ese estado de excepción en el que se sumerge lentamente una población. Ese terror, más allá de la niebla digital y alguno que otro rostro desfigurado, no llega nunca a deslizarnos en un territorio extrañado, en un lugar en el que se han alterado todas las coordenadas de lo conocido.

El Bridgeville de Torpe no tiene para ofrecernos más que personajes previsibles, sin verdadera oscuridad o por lo menos ambigüedades, construidos en torno a contradicciones superficiales y anticuadas (la madre controladora con su hija adolescente que tiene un pasado libertino). Lo que podía ser una interesante exploración de la dimensión moral de una sociedad -algo que King ha trabajado en su literatura- no llega a adquirir verdaderas repercusiones existenciales y se limita a una serie de escalofríos aislados que apenas si nos hacen saltar en el sillón de nuestra casa.

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