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Batman vs. Superman: por qué sí y por qué no

Te contamos qué es lo mejor y qué es lo peor de este nuevo film de superhéroes
Martín Fernández Cruz
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2 de abril de 2016  • 00:06

La película Batman vs. Superman : el origen de la justicia llegó para levantar polémica. De un lado, muchos la consideran la peor película del género superhéroes , pero en la vereda de enfrente, varias voces la defienden a capa y espada. Por ese motivo, repasamos qué es lo peor y qué es lo mejor del film que combina a los héroes más importantes de DC.

Lo mejor

Battfleck, con la película al hombro

Fue víctima de mil y un memes, de amenazas de boicot y de los prejuicios más disparatados, pero el tiempo le dio revancha porque en una de las pocas cosas en las que hay unanimidad con respecto a Batman vs. Superman es en que Ben Affleck es el único que hizo un papel convincente en medio de una grosera huelga de talentos. El famoso Batffleck es por lejos el gran acierto de la película y su dinámica con Alfred (Jeremy Irons) presenta a la única dupla con química del film.

Affleck tenía el reto más difícil de todos porque en el cine hubo ya cinco versiones previas de Batman y él debió hacer algo distinto con un héroe que ya tuvo más de un rostro. Inesperadamente, no sólo logró hacer un Batman totalmente diferente a los previos sino que regaló incluso una de las mejores versiones cinematográficas del héroe. El Wayne del actor es un hombre sufrido, cansado de pelear una batalla a la que considera estéril, pero por la que está decidido a nunca bajar los brazos. El actor le da a su versión de Batman una honestidad que conmueve y es realmente el único personaje de toda la película por el que uno puede sentir una verdadera empatía. El hombre de la capa negra abraza a la niña del comienzo y logra emocionar, demostrando en ese gesto mínimo la importancia que tiene para él cada vida humana. El actor expone el cansancio del viejo Batman realizado por Frank Miller y lo mezcla con la energía de la más reciente versión escrita por Scott Snyder. Y, probablemente, por su amor al personaje es que le dolió tanto la primavera de críticas negativas recibida por la película . Es él el único que pareció haberle puesto verdadero corazón a un film ensamblado con frialdad y cuyo único objetivo fue vender un universo que, ojalá, tenga más altura que esta producción.

La llegada de Doomsday

La pelea final que muestra a la Santa Trinidad (Superman, Batman y la Mujer Maravilla) combatir contra Doomsday es uno de los momentos más logrados del film. Principalmente, por el gozo que representa ver a estos cuatro personajes sumergidos en una batalla campal. Aunque bastante lejos del vuelo visual que tiene Joss Whedon (director de ambos films de Los Vengadores), Snyder logra aquí inyectarle adrenalina a una película que se encontraba en estado comatoso. Superman vuela y golpea; la mujer maravilla usa el lazo y ataca, mientras que Batman intenta aportar ayuda que provenga más desde la estrategia que desde la fuerza. Es una escena festiva que combina lo mejor de esos tres personajes y demuestra todo lo que Snyder pudo hacer y no hizo, porque si toda el largometraje hubiera puesto en juego a estos tres héroes como lo hizo la pelea final, el resultado hubiera sido muy distinto.

Lo peor

Zack Snyder: el padre del monstruo

El director Zack Snyder es un verdadero interrogante. Responsable de películas irregulares como Watchmen; de otras francamente malas como 300 y de sólo una muy buena como lo es Dawn of the Dead (cuyo mérito, se dice, tuvo mucho que ver principalmente con el guión de James Gunn), Snyder es un realizador al que no se entiende cómo le confían films tan gigantescos. Es como darle a un adolescente irresponsable una Ferrari para que la saque a la autopista a "ablandarla un poco", esperando que no vaya a pasar de los 80 kilómetros por hora. Su pésima dirección es claramente el peor defecto de Batman vs. Superman.

La ambiciosa película tiene un problema de base y es que su director no sabe qué contar ni se preocupa por entender a sus personajes y cree que el símbolo de la " S" tiene peso por cuenta propia. Grave error. Al comienzo de film pareciera que a Snyder le interesa el conflicto moral que supone el tener como vigilante de la Tierra a un extraterrestre que puede destruir todo con un estornudo. Pero, luego, la acción vira su eje hacia la rivalidad irrefrenable entre ambos héroes y la visión individual que cada uno tiene de la justicia. Aunque más adelante, el director pega otro volantazo y pone como objetivo del relato, el amor de Clark por Lois y cómo ella representa el gran sostén emocional del personaje. La cuestión no se queda ahí, ya que después comienza un desfile de argumentos que mueren irremediablemente en las manos de un Snyder tibio, que no logra decidirse qué hacer con tanta historia dando vueltas.

En Superman Regresa, la injustamente vapuleada película de Bryan Singer, el director apostaba a un solo eje: definir si la humanidad de Superman estaba en su naturaleza como kryptoniano o en su condición de terrícola adoptivo [y Singer se jugó y respondió que su identidad se la daba la paternidad]. Pero Snyder con Superman no sabe qué hacer ni cómo ponerlo en crisis y lo más grave de todo esto es que en el afán de utilizar esta película como prólogo a la dichosa Liga de la Justicia, Batman vs. Superman termina convirtiéndose en un triste prólogo a las próximas películas.

Clark, Diana y Lex, títeres desalmados

Nadie lo vio venir, pero la elección de Gal Gadot (la Mujer Maravilla), Jesse Eisenberg (Lex Luthor) y la reelección de Henry Cavill para Superman fue en buena medida otro de los tantos desaciertos de la película. Vamos por partes y comencemos por el Hombre de Acero. Henry Cavill en su interpretación de Superman tiene un problema central y es su falta de calidez. En un reduccionismo zonzo, lo primero que puede decirse es que Superman es el día y Batman la noche. Superman es cálido mientras que Batman es frío; uno es más emocional mientras que el otro es más calculador. Eso no hace a ninguno de los dos decididamente superior, pero claramente la fuerza de estos íconos reside, en buena medida, en esos contrastes y trabajar cómo se potencian ambos debería ser uno de los disfrutes de la película, pero bueno... nada de eso sucede porque el personaje de Cavill está años luz de ser uno entrañable o cercano al espectador. Ni siquiera las escenas íntimas con Lois Lane (una Amy Adams totalmente desdibujada) ayudan a mostrar un Clark más cálido y, justamente, la falta de química con la pelirroja deja en evidencia aún más la chata versión de Kent que presenta esta película.

Por su parte, Eisenberg como Luthor es otro error grosero y verdadero ejemplo de un actor al que se lo ve totalmente perdido con un personaje al que no sabe desde dónde elaborar. La reversión de Luthor toma aquí características que lo acercan más al Guasón, o incluso, al Mark Zuckerberg del film Red Social. Lex es una especie de sociópata histérico que siempre habla en agudos, dando saltitos ridículos y mirando toda la situación con la misma expresión que un villano de James Bond. Denle un gato para acariciar y la caricatura será completa.

Por último, se encuentra Gal Gadot en la piel de una Mujer Maravilla carente de gracia. Con una eterna expresión de " qué grave es todo y encima se me vence el ABL", la actriz se encuentra también en el problema de no saber cómo darle cuerpo a un personaje que, francamente, cumple el rol de completar la foto. La Mujer Maravilla da vuelta alrededor de la película sin jamás explicarse el motivo, convirtiéndose en uno de esos satélites rotos que están en el espacio y nada más. Es una pena porque, bien desarrollada, Diana Prince podría haber sido una heroína gigantesca.

La importancia de llamarse Martha (atención, ¡hay spoiler!)

En uno de sus tantos monólogos, Jerry Seinfeld habla sobre cómo los niños no necesitan de muchas excusas para convertirse en mejores amigos, mientras que para los adultos, la cosa es más difícil. Según el comediante, si a dos chicos les gusta la gaseosa de cereza, eso es motivo más que suficiente para que ambos sean mejores amigos. Tengan en mente esa anécdota y vayamos ahora al último tercio de la película, momento en el que Batman y Superman comienzan a pelear en una batalla sin cuartel. Cuando Batman está a un paso de matar al kryptoniano, Clark le pide que salve a Martha (su madre). Esto gatilla en Bruce su memoria emotiva recordando que su madre también se llamó Martha y gracias a eso… ¡ambos se convierten en aliados! Ese giro tan mediocre que pone fin a la rivalidad entre los héroes, hace que un culebrón como ¿Qué culpa tiene Fatmagul? parezca tener la sofisticación de David Lynch. Lo que ese giro argumental deja en evidencia es precisamente la impericia de Snyder al frente de un barco que supera ampliamente al capitán que lo maneja. Listo, son amigos porque sus mamás se llaman igual y porque sus respectivos abuelos usaron el mismo criterio a la hora de nombrar a sus hijas. Snyder arma personajes tan chatos, que considera que sus espectadores van a tomar como parte del verosímil ese giro tan pavo. Entonces, ahora sí, volvamos a Seinfeld y su monólogo. Según la lógica del director y sus guionistas, Batman y Superman bien podrían ser esos niños cuya mínima coincidencia alcanza para convertirlos en aliados. Y lo que para Seinfeld es un chiste preciso y brillante, para Snyder se convierte en la única excusa posible para unir a dos antiguos rivales. Una vergüenza.

De yapa: la mejor combinación de Batman y Superman

Y ahora una necesaria sugerencia, para quienes quieren sacarse el gusto amargo de la boca y ver una historia sólida que cuente el primer encuentro entre Batman y Superman, se les recomienda encarecidamente ver la historia animada titulada World´s Finest, del gran Bruce Timm (productor de las series animadas de ambos héroes como así también de las recomendadísimas Batman Beyond y la Liga de la Justicia). En World´s Finest, ambos héroes se conocen y rivalizan para luego unirse y enfrentar a Luthor y al Guasón. Una historia enorme que a Snyder no le hubiera venido mal como brújula.

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