Buenas intenciones y flaquezas en el guión
"Tocá para mí" (Argentina, 2001). Dirigida por Rodrigo Fürth. Con Hermes Gaido, María Laura Frigerio, Alejandro Fiore, Emilio Urdapilleta, Bernardo Perco, Colomba, Beatriz Gutiérrez, Sebastián Pinkiewitz. Libro: Rodrigo Fürth y Eduardo Rudeman. Fotografía: Paula Grandío. Música: Fernando Manuel Diéguez. Producción: Mateína Producciones. Duración: 100 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
Afortunadamente, el nuevo cine argentino ha recuperado escenarios propios, urbanos o del interior, personajes extraídos de la realidad común y, sobre todo, una lengua coloquial y sin los artificios que durante mucho tiempo contribuyeron a alejar al público de las producciones locales. Casos como la reciente "La ciénaga", que ocurre en Salta; "Mundo grúa", cuya segunda mitad está ambientada en el Sur, y la inolvidable "Pizza, birra, faso", con sus miserias ciudadanas, son ejemplos de una tendencia que da frutos aquí y en el exterior: "La libertad", la historia de un hachero chaqueño, acaba de presentarse con gran repercusión en Cannes, y los premios en diversos festivales están a la orden del día.
El debutante Rodrigo Fürth (con trayectoria de mediometrajista y como asistente de Puenzo en "La peste" y "Gringo viejo") procuró que su primer largometraje tuviera también características semejantes, aunque haya añadido toques de realismo mágico que no siempre resultan convincentes en su obra.
El grueso de la acción transcurre en el pueblo ilusorio de Los Angeles (se filmó, en realidad, en los alrededores de Bahía Blanca). Hasta esa localidad de nombre propiamente cinematográfico y borrada del mapa desde que dejó de pasar el tren llega Carlos (Hermes Gaido), un veinteañero que busca su pasado tras la muerte de su padre adoptivo, Genaro (Emilio Urdapilleta).
Un defecto inicial del guión es que esa súbita obsesión aparece en el protagonista de manera relativamente tardía y, sin que se sepa bien por qué, se vuelve cada vez más opresiva. En el camino, Carlos se topa con una prostituta tierna que se enamora de él (Fabiana, interpretada por María Laura Frigerio), pero a la que sólo conseguirá amar cuando, al final, devele quiénes fueron su madre y su padre, una resolución que llega no sin haber consumido antes cartuchos que pueden pecar de melodramatismo fácil.
Un hombre y su acordeón
El fantasma de Genaro se le aparece a Carlos varias veces. Incluso lo lleva en avioneta hasta Los Angeles y lo obliga a tocar el acordeón que le legó en una escena que tiene mucho de simbólico y también algún forcejeo gestualmente difícil de explicar.
Una presencia semejante puede alterar el clima que el director quiere imponer con sus criaturas pequeñas pero entrañables y humanas. De Genaro, además, se sabe poco: basta con mirarlo y con recordar que ha tenido la piedad de recoger al huérfano para deducir que ha sido en vida un ángel de bondad, pero en el cementerio el cura lo despide diciendo que ha cometido todos los pecados.
También de Carlos sabemos poco más que la evidencia de que está provisto de un corazón noble y que integra como baterista un grupo punk (en la ficción, Vómito, en la realidad, Altura Máxima). Por qué rechaza hasta groseramente el amor que le ofrece en todo momento Fabiana es una pregunta sujeta a respuestas intercambiables, tanto como la pasión del final, capaz de producir incendios literales.
Lo mejor de "Tocá para mí" está lejos del argumento y de la magia, en ese mecánico tramposo que "pesca" autos por la ruta (Alejandro Fiore), en ese jefe de estación sin locomotoras para controlar (Bernardo Perco) o en esa madama de burdel que protege con espíritu materno a sus pupilas y que permite ver otra vez a la célebre conductora televisiva Colomba.
También la fotografía y los escenarios son acertados, así como la música, con temas tan nostálgicos como "Desde el alma" y "Torna a Surriento" y chamamés y cumbias cordobesas ejecutados por el acordeonista "Yayo" Cáceres.






