Casino Royale: cinco James Bond, celos y peleas en el set y un presupuesto que se fue por las nubes

Casino Royale: cinco James Bond, celos y peleas en el set y un presupuesto que se fue por las nubes

La película nació como una “revancha” contra los productores de la saga del agente 007 y terminó siendo una parodia psicodélica con un elenco extraordinario

La película nació como una “revancha” contra los productores de la saga del agente 007 y terminó siendo una parodia psicodélica con un elenco extraordinario

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Esta nota tiene como fin despertar un recuerdo dormido. El de una película que hizo felices a muchas personas de diferentes edades tanto en su paso por las pantallas de los cines como en sus infinitas repeticiones en Hollywood en castellano, el coronamiento cinematográfico de las 21 tras la maratón de Sábados de súper acción en el Canal 11 de los años 70. Es muy extraño que la película de la que hablamos, llena de chicas en bikini y alusiones sexuales, pudiera ser vista por niños (el que escribe la vio por primera vez a los 6 años) pero quizás la excusa fuese su final disparatado similar al de un cartoon. Como fuere, esta es la historia de una película no oficial basada en un relato oficial de una de las franquicias más exitosas del cine, aunque no tiene nada que ver realmente con esa franquicia. Si suena confuso, esperen a ver qué pasó con la versión cinematográfica de 1967 de la primera novela de James Bond, Casino Royale.

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Antes que nada: sí, es difícil de encontrar en plataformas. Se puede alquilar en AppleTV, y debería de aparecer alguna vez en MGM+ vía Amazon Prime. Si nunca la vio o si tiene un vago, lejano recuerdo en blanco y negro, aseguramos que pasar por estas dos horas de despropósito fílmico es una experiencia inolvidable. La rareza de la película es enorme por infinidad de razones. La primera es el elenco, que incluye a David Niven, Peter Sellers, Woody Allen, Orson Welles, Deborah Kerr, Barbara Bouchet y Ursula Andress. También que hay alrededor de cinco James Bond. Lo que no sería nada de extraño si se considera que tuvo cinco directores: John Huston, Val Guest, Robert Parrish, Ken Hughes, Joseph McGrath y no hay que olvidar al director de segunda unidad Richard Talmadge, que trabajó con los cinco y, de hecho, es el único lazo de unión entre todos. Todavía ni arañamos la superficie de tanta extrañeza.

James Bond era la mina de oro absoluta en esos años 60. Desde El satánico Dr. No, el espía aventurero del MI6, el 007 con licencia para matar, protagonizaba la primera saga cinematográfica de gran presupuesto. Y aunque nacido en la Guerra Fría, Bond -es imprescindible recordarlo- no se enfrentaba al comunismo ni tenía ninguna pretensión de verosimilitud. Fue el primer “comic para adultos” que dio el cine moderno, y el “para adultos” tiene más que ver con la manera de tratar a las esculturales chicas que a otra cosa. ¿Cómo pensar que “en serio” hay batallas bajo el mar, rayos láser castradores, oro líquido asesinando señoritas? Recuerden aquella hermosa secuencia inicial de Operación Trueno donde, tras atacar una base enemiga en una isla, Bond regresa a nado, se saca el traje de hombre-rana, y lleva un perfecto smoking. Se entiende por qué Steven Spielberg y James Cameron siempre quisieron hacer “una de Bond” y casi lo logran: Spielberg casi dirige La espía que me amó y Moonraker, mientras que Cameron estuvo a esto de hacer Goldeneye. Spielberg volcó muchas de sus ideas para Bond en Indiana Jones y Cameron hizo la parodia Mentiras verdaderas. Vean que “parodia” y “humor” se repiten: Bond era un espectáculo humorístico de contrabando que funcionaba en gran medida gracias a Sean Connery.

Charles Boyer y John Huston, en una escena de Casino Royale
Charles Boyer y John Huston, en una escena de Casino RoyaleMetro Goldwyn Mayer

Casino Royale era la única novela de Ian Fleming con el 007 que Albert Broccoli, el dueño de la marca, no había comprado. Es que en los 50, antes de que a alguien se le ocurriese llevar al espía al cine, Ian Fleming vendió los derechos de ese, su primer libro, por 6000 dólares de entonces al productor británico Gregory Ratoff. Tras su fallecimiento, los derechos pasaron a Charles K. Feldman, que intentó asociarse con Broccoli para hacer la película, pero Broccoli, duro para negociar, dijo que no. Feldman no era un improvisado: había hecho éxitos como Un tranvía llamado Deseo, había ayudado a Orson Welles con el accidentado rodaje de Othello, y acababa de tener un gran éxito con una comedia picaresca, loca y con música de Burt Bacharach llamada ¿Qué pasa, Pussycat?, donde Woody Allen era un reprimido sexual y Peter Sellers, un psicoanalista.

Puesto que Broccoli no quería saber nada y Feldman quería saber todo lo referente a hacer dinero con James Bond, decidió que Casino Royale se iba a hacer igual. Solo que, en lugar de ser una de las serias aventuras del agente, iba a tratarse de una parodia. Cosa curiosa: el asunto de parodiar a James Bond ya estaba funcionando con éxito en las pantallas televisivas de los Estados Unidos gracias a una serie cómica llamada Get Smart, creada por Buck Henry y -de pie- Mel Brooks, y aquí conocida como -de pie- Superagente 86. ¿Y por qué la parodia funcionaba? Estamos en los años 60, cuando todo lo sólido se desvanecía en el aire de la psicodelia, la revolución sexual había llegado para quedarse, la política era un caos sin referencias posibles y una parte de la producción tradicional de Hollywood se había vuelto objeto de burla. En Gran Bretaña, de paso, la bomba atómica beatle había hecho de Londres capital de la modernidad irónica, del retro distanciado, del Technicolor paleta LSD. Así que Casino... era la continuación lógica de Pussycat...: si nos burlamos de los tabúes de la sociedad, también podemos hacerlo de su más reciente tótem cultural.

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Casino... era la continuación lógica de ¿Qué pasa, Pussycat?: si nos burlamos de los tabúes de la sociedad, también podemos hacerlo de su más reciente tótem cultural
Casino... era la continuación lógica de ¿Qué pasa, Pussycat?: si nos burlamos de los tabúes de la sociedad, también podemos hacerlo de su más reciente tótem culturalMetro Goldwyn Mayer

Es probable -aunque no hay demasiados datos- que la decisión de hacer una comedia con Casino... fuera una especie de revancha de Feldman contra Broccoli. Lo cierto es que el plan era narrar varias subtramas a la manera de sketches, cada una con un realizador diferente en un estilo distinto. Esto tampoco era en sí una novedad: en esos años 60 abundaban las películas en sketches, donde solían triunfar los italianos. Bocaccio 70, Tre passi nel delirio, Los monstruos, Ayer, hoy y mañana: Casino... tiene ese aspecto incluso si no se divide necesariamente en episodios. Aunque eso depende de otras razones. Casi todos los directores no eran más que artesanos o realizadores británicos que aún estaban buscando su estilo. Salvo John Huston, que no solo dirigió sino que además, actuó. Huston venía de hacer La Biblia... en el principio, donde tuvo que mediar en la pelea constante entre George C. Scott -que interpretaba a Abraham- y su mujer de entonces, Ava Gardner, con la que terminaba a las trompadas. La leyenda cuenta que tras una de esas peleas, Frank Sinatra -separado de la Gardner, pero a la que amó toda la vida-, voló de Nueva York a Europa, encontró a Scott, lo reventó a trompadas y el actor debió ir así a rodar. Así que Casino... era, para Huston, unas vacaciones pagas (necesarias, si se considera que rodaría acto seguido Reflejos en tus ojos dorados, donde Marlon Brando le hizo pasar, bíblicamente, las de Caín). Considerando su afición al juego, seguramente aceptó por la palabra “Casino”.

El presupuesto (originalmente de unos 3 millones de dólares, extraordinario para la época) se fue a las nubes: más de 11 millones de la verde moneda
El presupuesto (originalmente de unos 3 millones de dólares, extraordinario para la época) se fue a las nubes: más de 11 millones de la verde monedaMetro Goldwyn Mayer

A Huston le tocó la primera parte de la película, donde James Bond es David Niven. Parrish rodó la historia de la hija de Bond y Mata Hari, Mata Bond (Joanna Pettet), en un Berlín lleno de cabarets decadentes y personajes ultramaquillados; Hughes, las secuencias de Woody Allen; y McGrath, la sección central de la película. Ah, claro... ¿De qué iba la película? ¡Qué importa! Cuando empezaron a filmar, no había más que una mera idea: James Bond, veterano ya de dos guerras, vive apartado en un retiro exótico británico, y la CIA, el MI6, la Sûreté y la KGB le piden que vuelva al servicio porque hay un científico que planea destruir el mundo. Ante la incapacidad primero y la negativa, después, de Bond, se busca un nuevo 007, que resulta ser un matemático especialista en el juego de azar Baccarat. Aquí es donde aparece (más o menos, siempre más o menos) la trama de la novela, el Casino Royale de Montecarlo, el villano Le Chiffre, la partida de cartas, la tortura de Bond y más o menos (¡Más o menos!) la novela. Que cuando se empezó a filmar era más bien un manual de sugerencias.

Tener tantas estrellas y cameos en diferentes locaciones al mismo tiempo era complicado, especialmente porque nadie sabía qué estaba filmando el otro equipo
Tener tantas estrellas y cameos en diferentes locaciones al mismo tiempo era complicado, especialmente porque nadie sabía qué estaba filmando el otro equipoMetro Goldwyn Mayer
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Tener tantas estrellas y cameos en diferentes locaciones al mismo tiempo era complicado, especialmente porque nadie sabía qué estaba filmando el otro equipo. Feldman recorría, hacía alguna sugerencia, palmeaba el hombro de sus empleados y seguía con su vida. Eso sí, el presupuesto (originalmente de unos 3 millones de dólares, extraordinario para la época) se fue a las nubes: más de 11 millones de la verde moneda. Divertidísimo.

Especialmente para John McGrath, que fue el que sufrió el agujero presupuestario mayor. Como se dijo, Feldman era amigo tanto de Peter Sellers como de Orson Welles. Uno sería Evelyn, el jugador que se entrenaría para ser el nuevo Bond, y el otro, Le Chiffre. Sellers le hizo la vida imposible a Welles para esconder su terrible inseguridad ante un tipo al que se sindicaba como un genio difícil. Antes de seguir: ese es un mal chisme nacido por la bronca que despertó El Ciudadano y del que Welles jamás se pudo deshacer, porque era el castigo de Hollywood al Niño Prodigio que se pasó de vivo. Orson jamás fue indisciplinado en el set, e hizo cantidades industriales de películas-basura para poder financiar lo que realmente le importaba. Y sí, era un genio actoral. Sellers odiaba eso y quería deslumbrarlo. En el comienzo del rodaje, invitó al set a la Princesa Margarita, hermana de Isabel II, para darse corte. Pero la mujer de la Corte lo cortó y, por el contrario, se pasó la jornada riéndose con Welles. Sellers, que iba a ser el gran protagonista de la película, exigió que sus escenas se grabaran sin la presencia de Welles. Así que nunca jamás Le Chiffe y Evelyn/Bond están en la misma escena. El temperamento de Sellers fue de mal en peor, y terminó a las trompadas con McGrath, que irónicamente era el que más quería trabajar con él porque lo idolatraba. Sellers fue despedido y la película tuvo que reescribirse.

Woody Allen en Casino Royale
Woody Allen en Casino RoyaleMetro Goldwyn Mayer

¿Woody Allen? Bueno, sí, también filmó sus escenas aparte; algunas las hizo él mismo (y las escribió) y otras, quizás (¡Quizás!) Ken Hughes. Hughes también filmó escenas de Berlín, mientras que el que tuvo el trabajo al mismo tiempo más duro y más divertido fue Val Guest, que venía de filmar películas de terror de la Hammer (especialmente un par de la genial serie Quatermass) y era experto en efectos especiales, rodó la caótica y desaforada pelea final en el Casino, que es la base secreta del villano Dr.Noah (en realidad el sobrino de James Bond). Esa base y esa pelea en la que indios pieles rojas bajan de un avión con paracaídas en forma de carpa, a la que llegan el Séptimo de Caballería, la Legión Extranjera, el monstruo de Frankenstein y un ejército de chicas en minifalda que figuran entre lo más sexy que dio la comedia nunca es al mismo tiempo inexplicable e inolvidable. Y eso que antes vimos a un caballero andante bajar de un ovni en pleno Piccadilly Circus para raptar a la hija de Sir James.

En fin, que en realidad Casino... mostraba a través del absurdo y la exageración lo absurda y exagerada que era la serie original. De la que quedó un gran valor: Ursula Andress. Feldman quería reivindicarla porque en El Satánico Dr. No, la película en la que fue la más arquetípica de las Chicas Bond -inaugural, además- no la dejaron usar su propia voz. Fue doblada, para su enorme disgusto, por otra actriz. Feldman le dio el rol de Vesper Lynd (que décadas más tarde interpretaría “en serio” Eva Green), le pagó una fortuna porque era el “tesoro original” que vendería la película, y le hizo diseñar un vestuario de espectaculares mini vestidos a cargo de Julie Harris que hizo historia (especialmente el de plumas rosa). La Andress se divierte todo el tiempo tanto en sus escenas románticas con Sellers al ritmo de “The Look of Love”, de Burt Bacharach en la voz de Dusty Springfield, nominada al Oscar, como en las de acción. Y hay otro artista importantísimo que hizo mucho por el look psicodélico de Casino..., uno de los más influyentes de Hollywood por décadas aunque pocos lo conocen: Richard Williams. Animador extraordinario, fue el responsable de los títulos muy pop y llenos de color del film al ritmo del tema central tocado por Herb Alpert y los Tijuana Brass (¡Sí, amigos, estamos en los 60!) y que luego influirían en una peliculita llamada Submarino Amarillo. Williams asesoró sobre el aspecto visual de todo el film y, años más tarde, se ganaría un Oscar especial por sus dibujos animados hechos a mano en otra peliculita, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?.

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La película estaba destinada al fracaso. Feldman armó una promoción sexy que subrayaba la diversión y la alegría (“Súmese al Movimiento de Diversión Casino Royale”, decía el póster) y le importó poco que algunos críticos la destrozaran. Roger Ebert llegó a decir que esto es lo que pasa cuando absolutamente todos los que hacen un film, técnicos y actores, se vuelven completamente locos. Pero ¿cómo no volverse loco con la debutante Jacqueline “Jackie” Bisset? ¿O con Peter O’Toole disfrazado de gaitero escocés? ¿O con ese Frankenstein debajo del cual estaba David Prowse diez años antes de llevar otra máscara, la de Darth Vader? Casino Royale es todo eso. Y como si fuera poco, recaudó 41 millones de dólares (taquillazo entonces) e hizo que el Bond “real” de ese año, Sólo se vive dos veces, fuera el primero en recaudar menos que el episodio anterior de la serie. Al final, los espías sólo querían divertirse.