
Contra lo que se piensa, el cine empieza a dar señales de recuperación
A pesar de la recesión, en las vacaciones se vendieron 39% más de entradas que el año pasado, aunque menos que en 2024
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Pasó el Mundial y pasaron las vacaciones de invierno. Los cines se llenaron, como sucede siempre en estas dos semanas de receso escolar, especialmente en el AMBA, donde se concentra la mayor parte de la oferta. La gran pregunta es si las cosas estuvieron mejor o peor que el año pasado, cuando se suponía que todo iba a ser color de rosa y quedó en un gris pálido nomás. A simple vista, sin mirar los números, el usuario de butacas más o menos avezado habrá sentido multitudes y, por lo tanto, un flujo de dinero constante en las salas. En última instancia, es el entretenimiento familiar (traducción: para llevar a chicos de vacaciones) más a mano y más económico, relativamente hablando. Pero sería mejor mirar las cifras y hacer algunas comparaciones.
Sí, hubo un repunte importante respecto de 2025: alrededor de un 39% más de entradas vendidas, lo que parece mucho. Pero fue similar en realidad al volumen de público de 2024 (un 1% menos, para ser más exactos), con 3,63 millones de entradas vendidas contra 2,61 del año pasado pero 3,66 del anteaño. Lo que es además consistente con otros datos: en los EE.UU la curva entre los tres años es similar, y también el pico de 2023: en la Argentina se vendieron en esas vacaciones de invierno 5,5 millones de entradas y fue el mejor año en el país del Norte, básicamente gracias al “Barbenheimer” que impulsó la taquilla global de la temporada alta. En 2024 hubo demasiados fracasos, y en 2025, pocas películas atractivas que hicieron aún peor la situación. Así que la oscilación argentina es exactamente la misma que la internacional. El mismo movimiento se ve en Brasil, México, España, Chile y Uruguay: pico en 2023, caída en 2024, mayor caída en 2025 y repunte en 2026.
Aquí viene otro dato paradójico: esta mejora que acerca la asistencia a la de 2024 se da en un contexto de fuerte apreciación de la entrada de cine. Si históricamente rondaba los US$ 4, hoy la entrada promedio que estima Incaa es de alrededor de US$ 7, mientras que en la zona metropolitana -se dijo, la de mayor concentración del mercado- anda entre los US$ 11 y 12. Hay otro dato fuerte: solo 5 películas concentran el 94,5% de la recaudación (en orden: Spider-Man: un nuevo día, Toy Story 5, La Odisea, Minions & Monstruos y Moana). Las películas argentinas apenas recaudaron el 0,31% del total, y el mayor número lo tuvo el documental El Partido, sobre el match Argentina-Inglaterra del Mundial de 1986 con poco más de 3500 entradas.

Seguramente el lector se haya mareado con tantos números, pero son muy importantes para explicar algo que quizás pasa por debajo del radar. Antes, un número más: en nuestro país se vende menos de una entrada de cine por habitante y por año. Para tener una idea de lo que implica, en los EE.UU. el promedio en lo que va de esta década ronda las 2,2 entradas. El año pasado aquí se vendieron 0,71 tickets promedio por habitante. Mucho más que en Brasil (0,53 con un mercado más grande en habitantes, pantallas y peso de la industria nacional) y menos que en Chile (0,78). Este año, el estimado es que nuestro promedio pase a 0,75. Pero esa mejora es exactamente la misma que en los EE.UU: en 2025 fue 2,35 y este año se estima en 2,40.
Otra vez la conclusión es que mucho de lo que puede pensarse como crisis económica debida a un ajuste de precios y una caída del poder adquisitivo argentinos en realidad responde a otra serie de variables. La más concreta: que el cine masivo en 2024 y 2025 fue mucho menos atractivo que este año. Ya tenemos al menos cuatro películas con recaudación global de 1000 millones de dólares (Michael, Toy Story 5, Spider-Man: un nuevo día, La Odisea) pero además hubo éxitos impensados e independientes para adultos (Obsesión, Backrooms) que siguen llevando a otros grupos de espectadores a las salas. Y si ven las tablas semanales, notarán que aquí nos comportamos igual que en cualquier otra parte.
Mirar correctamente los datos, que además son públicos y se pueden obtener con poco esfuerzo, es absolutamente capital porque, a la hora de diseñar políticas públicas o campañas privadas para lograr, por ejemplo, que más personas vayan al cine, es necesario tener en cuenta los factores reales.
Y por otro lado, ver cuáles son las tendencias que subyacen al éxito. Es evidente, por ejemplo, que el cine de franquicias o el de superhéroes no ha perdido impulso: simplemente las películas que se propusieron en 2025 (Superman, Thunderbolts*, Capitán América: un nuevo mundo y Los 4 Fantásticos, primeros pasos) no le interesaron tanto al público como Deadpool en 2024 o Spider-Man en 2026. Quizás es porque no se trata sólo de los personajes sino del humor, la diversión y que el espectador sienta empatía con lo que ve. En la animación, es evidente que Toy Story o Minions funcionan (como funcionó muy bien Intensa Mente 2) porque el público familiar va a lo que ya conoce y hay una sinergia con las plataformas. La medida del éxito de una franquicia animada es la cantidad de veces que un chico vuelve a ver una de sus películas en casa. El éxito de La Odisea es puro Hollywood clásico: gran épica “seria” con director famoso, elenco estelar, campaña publicitaria inteligente y gran despliegue de producción. La película de Christopher Nolan utiliza los mismos elementos promocionales que Lo que el viento se llevó, Ben-Hur o Titanic. Y sí, todavía funcionan.

Pero a todo esto hay que sumarle un pequeño pero poderoso factor nuevo: la saturación del “quedarse en casa”. Lo hemos contado en otra columna, pero no está de más recordar que el hecho de que el hogar incluya ahora el campo laboral home office mediante y la satisfacción del ocio gracias a Internet generó un reflujo que busca otra cosa, otro lugar donde las obligaciones no existan. Hay que sumar entonces una cartelera atractiva más un público con deseos de salir de casa cada vez mayores. Y la prueba absoluta de que esta tendencia social es global es que, en la Argentina, con problemas económicos visibles, las recaudaciones del cine (catedral del ocio si las hay) siguen la tendencia global y, contra intuitivamente, se recupera poco a poco.
Así las cosas, y sin negar que hay un deterioro real en el poder adquisitivo del salario en la Argentina, no parece que la salud del cine en salas ni del negocio de la exhibición en la Argentina esté tan ligado a esa variable. Sería ocioso listar éxitos superlativos de taquilla en momentos de economía destrozada (basta ver los números de El Señor de los Anillos-La Comunidad del Anillo en los primeros meses de 2002) para disolver esta idea. Después de todo, nunca Hollywood fue más exitoso que entre 1928 y 1939, la década de la Gran Depresión y el posterior New Deal. En todo caso, la recuperación post-pandemia, tantas veces postergada, parece finalmente en curso.
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