
Cine latino por la ruta equivocada
Pretendiendo (ídem, Chile/2005, color; hablada en español). Dirección: Claudio Dabed. Con Bárbara Mori, Marcelo Mazzarello, Amaya Forch, Rodrigo Muñoz. Gonzalo Robles, Fernando Kliche, Felipe Camiroaga. Guión: Claudio Dabed y Franklin McDonald, sobre una idea de Dabed. Fotografía: Masanobu Takayanagi. Música: Justin Stanley. Edición: Danielle Fillios. Presentada por UIP. 109 minutos. Apta para mayores de 13 años, con reservas.
Nuestra opinión: regular
Se dice en el material de prensa que Pretendiendo fue concebida con el concepto de película latina. Tal vez por eso la acción transcurre en Santiago y Valparaíso, la protagonista es una actriz uruguaya establecida en México que en el film representa a una mexicana residente en Chile y que en ocasiones se hace pasar por argentina y por un compatriota, Marcelo Mazzarello, cuyo papel reúne los peores rasgos del porteño de aire ganador que se cree irresistible con las mujeres y las trata como objetos de colección. A este consorcio internacional se suma un tema inscripto en la más rancia tradición "latina". De telenovela latina.
Es así: una mujer inteligente "víctima" de su belleza y cansada de las trampas y las deslealtades masculinas decide cambiar de ciudad, ocultar sus atractivos, transformarse en una especie de Betty, la fea y paliar las heridas de su corazón vengándose en el primer ejemplar de esa detestable subespecie varonil que se cruce por su camino. Algún día -cualquiera que haya leído novelitas rosas o visto teleteatros lo sabe- el galán caerá enamorado y tendrá el castigo que merece: vivir en carne propia las mismos desengaños que acostumbraba a prodigar. Todo, por supuesto, hasta que caigan las máscaras y llegue el final feliz.
El candidato en cuestión es, por supuesto, el personaje de Mazzarello: un arquitecto en cuya rutina diaria figura la visita nocturna a un club donde siempre hay alguna presa lista para ser seducida, abandonada y olvidada antes de que el gallo cante dos veces. Para que el juego sea no más original sino al menos un poco más complicado, la falsa fea que ejecutará la venganza es su compañera de trabajo y traba, bajo esa identidad, cierta amistad con su víctima. Así, de noche, con toda la belleza de Bárbara Mori en plenitud, lo vuelve loco con sucesivos coqueteos y frustraciones y de día, gorda, dientuda y desarreglada, le da consejos maliciosos sobre cómo comportarse con su nueva conquista.
Con la intención de concebir un cine latino, como se ve, se ha elegido el camino más obvio, que suele ser el más equivocado. Para colmo, al libreto le sobran lugares comunes y le falta humor, y al director, poder de síntesis, aunque hay que reconocer su voluntad de mantener cierta prolijidad formal y su astucia para disponer buenas dosis de música.
Los protagonistas hacen lo que pueden con sus personajes: Mazzarello pone su simpatía, Mori su belleza y los dos aportan alguna desenvoltura.
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