Comedia con tono de vodevil

Llega "Reinas por un día", el largometraje de la directora Marion Vernoux
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28 de mayo de 2003  

Una agitada comedia sobre la desesperación de un día. Un grupo de personas de treinta y pico. París nocturna. París lluviosa. París revuelta. Así es "Reinas por un día", la nueva película de la directora francesa Marion Vernoux, de quien ya se estrenó en la Argentina "Nada que hacer" (que compitió en Venecia), esa melancólica historia de amor entre otros dos desesperados por la falta de trabajo.

Ingenuidad de quinceañera

En esta suerte de colorido vodevil hay una mujer que con la ingenuidad de una quinceañera ansiosa no ve la hora de engañar a su marido con un amante escurridizo. Un hombre que se abandonó a sí mismo en los confines de su departamento sueña con reencontrarse con un viejo amor que lo dejó tiempo atrás. El chofer de un colectivo recibe la peor noticia del día al cruzar el Sena: su mujer lo dejará. Una empleada de un laboratorio de fotos pierde su trabajo al estropearle el material a un cliente del que quedó embarazada.

Estas historias cruzadas, "más signadas por la agitación que por la depresión", al decir de su directora, cuentan con el protagonismo de la estupenda actriz Karin Viard (a quien ya se conoció en "La fuerza del corazón" como una enferma de cáncer y en "El empleo del tiempo", en el papel de la mujer de ese mitómano profesional), aquí acompañada por Sergi López, Jane Birkin, Victor Lanoux, Phillipe Harel y Melville Poupaud (el chico de "Cuentos de verano"), entre otros.

Problemas sentimentales

La directora Marion Vernoux, de 37 años, continúa así con la línea trazada en sus primeros guiones que trascendieron luego a sus películas: "Personne ne m´aime", "Love, etc." y "Nada que hacer", y la colaboración autoral en "Salón de belleza" ("Venus Beauté"). Así como hay directores que someten a sus personajes a duras pruebas en películas de acción, por ejemplo, Vernoux les entrega a sus protagonistas problemas sentimentales para resolver: las dificultades frente al amor, los desencuentros de pareja, la sensación de vacío.

"Quiero escapar del gueto del cine de mujer -dice Vernoux a LA NACION, en diálogo telefónico desde su casa en París-. Pero es cierto que los personajes principales de mis películas son mujeres, que tienen problemas de mujeres y son siempre mujeres que miran a un hombre. Por el momento sigo haciendo variaciones de un mismo tema. En mi próxima película, "A boire", que comenzaré a rodar en octubre, intento meterme en la vida de los hombres. Pero no es fácil."

-Los protagonistas de sus films no están nunca conformes con sus vidas...

-Sí, especialmente en "Reinas por un día" se trata de gente que ya ha hecho elecciones en la vida y que, sobre todo, está un poco estancada a causa de esas elecciones. Todos están en un punto de ruptura en su relación de pareja. La mayoría necesita hacer grandes cambios en su vida. Pero en realidad, está más la tentativa de cambiar algunas cosas que los hechos cambiados en sí. La mayoría de los personajes van a seguir adelante al día siguiente cuando todo vuelva a la normalidad, pero sin grandes cambios. Aunque hay una señal de buena salud: no son fatalistas. Todos intentaron hacer algo y siguen teniendo ganas de cambiar las cosas. Entonces la película no es tan triste, mientras uno se quede con que la capacidad del descontento significa que vive.

-¿Creó el papel de Hortense pensando en la actriz Karin Viard?

-Sí, no la conocía muy bien pero admiraba su trabajo. Y finalmente juntas descubrimos que tenemos muchas cosas en común. En la vida ella está más cerca de Hortense que de los otros personajes que actuó para el cine. Pero esa chica puede interpretar cualquier cosa, consigue que fácilmente nos identifiquemos con sus personajes. Con Hortense quise mostrar cómo es el día de ese personaje. Me resultó conmovedor que ella lleve una vida profesional muy competente pero en otros ámbitos sea tan torpe. Y ese día que se cuenta en la película ella justamente intenta hacer todo aquello para lo cual no está destinada. Ella quiso ser un personaje y no siguió su naturaleza. Es alguien que se guarda las cosas. Hasta que un día le sobreviene una locura y las cosas salen con más fuerza.

-¿En "Reinas por un día" le interesó explorar el tono de comedia, un rasgo que apenas aparecía en "Nada que hacer"?

-Sí, "Nada que hacer" era un film contemplativo, donde no pasaba gran cosa y transcurría en un largo tiempo en la vida de sus personajes. Entonces tuve muchas ganas de hacer un vodevil con amantes, maridos, mujeres, puertas que se abren y se cierran. Como me lleva mucho tiempo escribir y muchas veces me aburro, necesito hacerme reír al releerme para alivianar mi discurso, hacerlo más sofisticado y para que las cosas sean menos obvias.

-¿Cuáles son sus influencias declaradas?

-En este momento no estoy bajo la influencia de nadie porque me gustan más los dramas como "Lejos del paraíso", de Todd Haynes. En el pasado me he nutrido de los films de Woody Allen. Y el vínculo más cercano con las comedias es "Les demoiselles de Rochefort", de Jacques Demy, y "La ronde", de Max Ophüls. Y de las comedias más recientes, la que me marcó fue "Cuando Harry conoció a Sally".

-Actualmente, los mayores éxitos cinematográficos en Francia son las comedias. ¿Es una presión para usted tener que divertir a través de las problemáticas de pareja?

-Hay un gran atasco de comedias en estos momentos en Francia, películas que yo no encuentro para nada graciosas, pero que sí son muy populares. Hoy hay una gran obligación de ser universal y popular. Yo creo que mi última película es más aguda, menos familiar, más elitista seguramente. Y eso la limita un poco. Está hecha para adultos mientras que la tendencia actual es hacer películas para un público de "7 a 77" años. Me divierte hacer comedia. Y seguramente la próxima lo será mucho más que "Reinas..."

-Dijo que se animará con el universo masculino. ¿Cuál será la historia de su próxima película?

-Se titulará "A boire" y será sobre gente que toma. Son tres personas -dos hombres y una mujer- que van a esquiar, no se conocen y pasan una semana juntos adonde van a beber para olvidar sus problemas. Intenté que tardara la mayor parte del tiempo posible en surgir una historia de amor, que se quedara en una amistad. Pero después me di cuenta de que al no haber amor no había energía y se perdía la apuesta dramática. Decidí trabajar con dos guionistas hombres para poder meterme en la piel de los hombres. Yo creo que, en realidad, no se trata de intentar ser un hombre o una mujer sino poder ser libre dentro ellos. Me gustaría poder decir como Flaubert: "Madame Bovary soy yo".

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