
Comedia romántica sin consistencia
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"El día que me amen" (Argentina/2003). Dirección: Daniel Barone. Con Adrián Suar, Leticia Brédice, Alfredo Casero, Jorge Marrale, Juan Leyrado, María Rosa Fugazot, Cristina Banegas, Marta Betoldi, Alejandro Awada, Gabriel Correa y Eugenia Guerty. Guión: Marcos Carnevale y Marcela Guerty. Fotografía: Guillermo Zappino. Música: Iván Wyszogrod. Sonido: Aníbal Girbal y Adrián De Michele. Dirección de arte: Mariana Sourrouille. Edición: Alejandro Parysow y Alejandro Alem. Producción de Pol-ka presentada por Distribution Company. Duración: 110 minutos.
Nuestra opinión: regular
"El día que me amen" es un intento de la productora Pol-ka por continuar el exitoso camino recorrido con "El hijo de la novia". Pero el nuevo film de Daniel Barone, director que incursiona en el drama romántico luego de haber rodado dos comedias livianas para las huestes de Adrián Suar como "Cohen vs. Rosi" y "Alma mía", carece de la intensidad emotiva y la fluidez narrativa que encumbraron a la película de Juan José Campanella. Este nuevo proyecto de la factoría Pol-ka está lleno de buenas intenciones, pero sus moralejas y sus alegatos resultan demasiado obvios, incluso para el público masivo al que en principio está dirigido.
El guión de Marcos Carnevale y Marcela Guerty (responsables de varios populares ciclos televisivos) trabaja sobre las enfermedades sociales más extendidas de estos tiempos, como la depresión, las fobias y esos ataques de pánico que llevan al aislamiento y la incomunicación. A los 32 años, Joaquín (Suar) vive encerrado en la habitación de la casa de su culpógeno padre (Juan Leyrado), pese a los esfuerzos de Balbis (Jorge Marrale), su poco ortodoxo psiquiatra que lo visita de forma permanente y lo incita a internarse en una clínica.
El protagonista, admite, no encuentra "un motivo para vivir" que lo lleve a terminar con dos años de encierro hasta que Mara (Leticia Brédice), una aspirante a actriz que ha sido su gran amiga de la infancia, regresa a su hogar -ubicado enfrente del de Joaquín- luego de ocho años de vivir en Europa. A través del uso de unos flashbacks que se reiteran durante toda la película, Barone recupera las travesuras infantiles de los amigos, mientras que la profusión de diálogos tan subrayados como didácticos sirve para explicar cómo la intempestiva decisión de Mara de irse del país desencadenó la traumática involución psicológica en Joaquín.
Mientras Mara participa en un casting para una comedia musical (una versión "El jorobado de Notre Dame" que funciona como metáfora elemental de la relación entre los dos protagonistas), la armadura que se ha construido Joaquín empieza a resquebrajarse ante la inquietante presencia de su vecina, amiga y ¿amante?
El principal problema del guión no es que la problemática psicológica sea delineada con trazo demasiado grueso, sino que a la historia le sobran subtramas, personajes y situaciones, pero le falta una ilación que le otorgue la necesaria consistencia y evolución dramáticas.
En el film conviven sin demasiada armonía las esperadas escenas románticas entre Suar y Brédice con observaciones sobre las relaciones padre-hijo (Leyrado-Suar), madre-hija (Cristina Banegas-Brédice) y médico-paciente (Marrale-Suar), una mirada paródica (y llena de clisés) sobre la trastienda del ambiente del espectáculo, un acercamiento a la falta de compromiso que define al personaje de Mara y algunos aislados pasajes de humor (como el show unipersonal que concreta Alfredo Casero). Así, todo se asemeja demasiado a un rompecabezas en el que las piezas encajan de manera bastante forzada.
Tanto en términos técnicos (con una fotografía que apuesta al artificio) como en el terreno interpretativo (donde en muchos casos abundan las sobreactuaciones y los tics que tienden al estereotipo), la película ni siquiera alcanza el nivel conseguido por dos aplaudidos ciclos de la pantalla chica, como "Vulnerables" y "Culpables", dirigidos por el propio Barone. Por eso, "El día que me amen" deja la sensación de una oportunidad perdida: el intento por rodear una clásica historia de amor de un espesor emotivo y de un registro social que la película no alcanza a sostener.


