
Con más violencia que parodia
Talento visual, excelentes voces y mucha sangre en la llegada al cine de Boogie
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Boogie, el aceitoso (Argentina-México/2009). Largometraje animado en color, hablado en español. Dirección: Gustavo Cova. Guión: Marcelo Páez-Cubells, basado en la historieta de Roberto Fontanarrosa. Música: Diego Monk. Edición: Andrés Fernández. Presenta Distribution Company. 90 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
En su viaje de la historieta al cine, Boogie conserva intactos todos sus rasgos particulares: cruel, machista, intolerante, amoral, ambicioso, despreciativo, desalmado. Pero al ponerse en movimiento, el gigantón de gesto torvo y eterna colilla flotando junto a sus labios, que añora "el olor del napalm por la mañana" de sus tiempos de combatiente en Vietnam, no está solo: un marco de crudeza extrema en términos gráficos que va más allá del espíritu imaginado por el creador rosarino lo acompaña en su llegada a la pantalla grande.
En el cine, Boogie abreva visiblemente en un modelo estilístico de violencia gráfica muy cercano al de Sin City, desde cuyo estreno no se recuerda entre nosotros una película animada tan fuerte y sanguinaria. Con semejante carga, a la que se agregan algunos toques eróticos, no sólo se justifican plenamente las restricciones de la calificación. También queda acotado, en otro plano, el sinsentido de los excesos de Boogie tan bien presentado en la historieta con recursos paródicos de alto vuelo.
<b> Trailer de <i> Boogie, el aceitoso </i></b>
De hecho, las clásicas (y cáusticas) sentencias con las que Boogie justifica su despreciable comportamiento se escuchan también en el film, pero casi siempre forzadas y fuera de contexto, porque aquí no hay simulacro o ironía y sí, en cambio, un relato violento de ribetes caricaturescos cercano a Quentin Tarantino y a sus géneros preferidos: el cine norteamericano de acción de los años 70, las películas de artes marciales y hasta el spaghetti western. La ampulosa música de Diego Monk sigue esa línea.
A Boogie lo contratan para capturar a la ex amante de un jefe mafioso y evitar así que ella se convierta en testigo clave de un juicio, pero se da vuelta cuando se entera de que el gángster optó por un colega más joven. La anécdota, que por momentos se estira innecesariamente, está siempre por debajo de una muy imaginativa resolución visual, que en todo momento resuelve complejos desafíos técnicos (entre ellos la muy eficaz adaptación a 3D) y se luce en un par de originales secuencias oníricas.
Lo mejor de la película está allí y en las excelentes voces en español neutro de Echarri y Dupláa. El es un Boogie perfecto y ella, una voluptuosa femme fatale útil para el relato, pero ajena al modelo visual de Fontanarrosa.





