
Cristian Pauls y el amor como un misterio
Estrena "Imposible", su segundo film
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En la Argentina es frecuente que existan directores que tras su primera película, por voluntad generalmente ajena, tengan que tomarse un tiempo hasta llegar a la segunda. Hay más de un motivo para que esto ocurra. En algunos casos -no en todos- existe un problema: poder encontrar o no el público propio. Es lo que en buena medida le ocurrió a Cristian Pauls -que en julio último cumplió 48 años- cuando, hace casi una década, presentó "Sinfín (La muerte no es ninguna solución)", inspirada en el relato "Casa tomada", de Julio Cortázar. Aquella encerrona fílmica le valió el mote de "difícil", de "incomprensible" y de algunas cosas más. No obstante, el desafío puede hoy ser visto incluso como el de un adelantado a su tiempo, o al menos un inconformista. Más o menos en el medio, Pauls concretó un documental, "Por la vuelta", con la mirada puesta en el músico tanguero Leopoldo Federico, que no llegó a verse en los circuitos comerciales y algunos trabajos más para TV.
El jueves, Cristian Pauls estrenará "Imposible", su segundo argumental para cine, rodado en soporte digital en 2003, según un guión escrito a cuatro manos con su hermano Alan, en el que plantea una serie de encuentros y desencuentros, de pasiones que no tienen explicación lógica y se ubican a un costado de la realidad. Magia y misterio, cruces entre dos parejas muy heterogéneas, en una ciudad nocturna (en el más amplio sentido del adjetivo), reconocible no obstante por ser funcional a lo que les ocurre a cuatro personajes, como pura escenografía de su propia desesperación por alcanzar lo inalcanzable.
"Imposible", que tiene como figuras principales a Damián de Santo, Alejandra Flechner, Francisco Fernández de Rosa y Jimena Anganuzzi, viene de ganar importantes premios en diferentes festivales internacionales, como el de mejor película en el de Syracuse, en los Estados Unidos, y uno especial del jurado en el de cine latino de Biarritz, hace exactamente dos años.
"El amor como misterio indescifrable: ¿por qué dos personas se encuentran y deciden seguir juntas? Hay algo ahí que desborda toda racionalidad, que parece inexplicable tal vez en su naturaleza misma, imposible de ser reducida a palabras. El amor hecho de pedazos de cosas, de huellas, de rastros. El amor como capricho”, asegura el realizador.
–Tu primera película fue calificada como “elitista”. ¿Qué suponés que podría pasar con ésta, la segunda?
–Me cuesta darles una categoría definitiva a mis películas porque me parece que están en proceso. Las películas que hice son como pequeños documentales de un estado propio, mío, en relación con las cosas que filmaba, radiografías de una época, de un momento, donde yo me acerco a las cosas de determinada manera, pero uno o dos años más tarde pueden haber variado completamente. Siempre filmo la relación de uno, un sujeto, con aquello que filma. Me parece que hay películas mucho más complejas y difíciles que las mías. “Imposible” no es hermética. Tiene un estilo que no es tan fácil de seguir: dentro de lo narrativo es poco narrativa, una película donde la narración no es lo más fuerte.
Ilusión y movimiento
–¿Alguna obsesión...?
–De pronto la encuentro en los procedimientos que utilizo para filmar, en los movimientos de cámara, en el estilo, en la forma. “Sinfín” quería mostrarse todo el tiempo como película y tenía que ver con qué películas se peleaba en ese momento. Tenía una posición tomada: la cuestión de los enemigos que está en las operas primas. Ahora dejé todo eso, porque el contexto cambió por completo: se impuso un cine menos torpe o naturalista. De hecho, aquel tipo de cine se murió, aunque haya quienes lo sigan haciendo. Las mías son obsesiones muy circunstanciales. La narrativa se quiebra y uno pasa a ver la película como un documental de lo que está ocurriendo en la película misma, porque el cine no es una representación de una verdad, sino la verdad de una representación. Me interesa lo que sucede entre los actores en tanto actores, el momento de la verdad que se desprende de la puesta en escena.
–¿Qué es tomar lo imposible como eje?
–Sabemos que estamos en camino de algo que no vamos a lograr, algo que tenemos como meta, pero sabemos que en el camino van a aparecer senderos que se abren y se vuelven paralelos. Creo que esas digresiones, esas grietas, son tan interesantes como esa supuesta meta. Es la cosa del viajero, que va postergando la ilusión de llegar a ese lugar ideal que no existe, una especie de ilusión que lo pone en movimiento, nada más.
–Así, con diferentes senderos…
–La parte de los senderos que se bifurcan, la más anárquica de la película, es la que más me interesa. Cuando tiene que armarse más y terminar de una manera, cuando el círculo empieza a cerrarse, es lo que menos me interesa. Cuando es una coreografía, una narración definida, con un conflicto central y esas cosas que nos enseñaron del cine, me interesa menos.
–¿Es un relato fuera de género?
–De pronto puede incorporar géneros distintos, inesperados: la intervención de la música, la aparición de lo fantástico en un contexto realista, instantes melodramáticos donde los personajes cuentan algo que tiene que ver con el estado general de los afectos, pero también con lo que les pasa a ellos, como si se quebrara la narración, para inmediatamente volver al tono.
–¿Es una película sombría?
–En principio se llamaba “Nocturno” y era un guión más convencional, de planos generales. Cuando surgió la idea de hacerla en formato digital para después pasarla a fílmico surgió también la de contar los espacios a partir de la acción y no al revés. Es como una película de cámara, muy musical en ese sentido profundo, como un nocturno musical, descromatizada.
–En “Sinfín” había referencias cinéfilas… ¿Y ahora?
–Evité las referencias. Me cansé de todo eso. Traté de hacer una película menos referencial, pero soy alguien que ve mucho cine, y en ese momento me interesaba el de Tsai Ming-liang, aunque lo que hice no tenga que ver mucho con él… Igual prefiero equivocarme con algo nuevo y propio.
–¿Estás trabajando en algún proyecto?
–Un documental que se llama “Asalto al batallón”, sobre el intento de copamiento del Batallón Viejobueno de diciembre de 1975, tal como lo recuerda el pianista y director de orquesta –actualmente de la orquesta sinfónica de Bahía Blanca y del teatro Mariinsky de San Petersburgo– Gustavo Plis Sterenberg en su libro “Monte Chingolo, la mayor batalla de la guerrilla argentina”. Lo que me llamó la atención es que si bien los que participaron en ese operativo sabían de antemano que el plan iba destinado al fracaso, con o sin traición como la hubo, y que morirían muchos si no todos, como finalmente ocurrió, lo hicieron igual... Sí, un imposible... ahí también hay un imposible.
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