
Cuatro escenas de la vida conyugal
Llega el film Música nocturna
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El 24 de este mes, Rafael Filipelli cumplirá 69 años. Pero no se nota. Es director de cine, pero -como él mismo aclara- de los que comenzaron como pizarreros, es decir, los que ponen delante de la cámara una pequeña pizarra con la que se identifican todas las tomas que conforman una película. Fue hace medio siglo, cuando el cine nacional comenzaba una metamorfosis que, tras numerosas idas y venidas lo tiene a él mismo como director. El autor de Hay unos tipos abajo (1985), que codirigió con David Stivel; de El ausente (1987), de varios documentales como para tener en cuenta, como Notas de tango (2001) y Esas cuatro notas (2004), acerca de Gerardo Gandini, estrenará este jueves Música nocturna , la película de ficción por la que compartió con Raúl Perrone el premio al mejor director en la competencia argentina del último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.
Filipelli, que además, desde hace unos cuantos años, es docente en la Universidad del Cine, rodó esta película, que presenta Primer Plano, en tan sólo 18 días, con actores profesionales, como Enrique Piñeyro, Horacio Acosta y Silvia Arazi (sí, la actriz que en la década del 70 protagonizó el célebre spot para TV del "tío francés" del vino Termidor, que más tarde devino actriz dramática), una cámara de 35 mm, y un equipo de gente muy joven, la mayoría proveniente del ámbito donde dicta clases. "Para las escenas nocturnas en la calle, trabajamos con luz natural, lo que le dio un clima muy realista", señala el director.
"Sé que esto puede no caer bien -explica Filipelli-, pero me parece que el último cine nacional tiene demasiadas exigencias de producción sin sentido" y agrega que, si bien no es necesaria la mezquindad -y aclara que en un rodaje a la argentina es más caro el catering que el soporte en que se filma-, los jóvenes cineastas deberían rever el tema de cómo se produce cine aquí y ahora. "Es muy difícil que de esta forma cierren los números", insiste, y completa la idea: "Hay demasiada gente que hace cine".
Desde el corazón
En el guión que él mismo escribió con la colaboración de David Oubiña ("Siempre trabajo con él", aclara), sigue por cuatro días a un matrimonio maduro de clase media bien acomodada, ambos intelectuales; ella, docente de letras con sueños de dramaturga; él, escritor con problemas a la hora de concretar un gran trabajo, como sí lo hizo, y con éxito, un compañero de estudios de ambos. El matrimonio sufre el lógico desgaste que empieza a dejar marcas cuando se pasan los cuarenta y, en especial, los cincuenta. Ambos juegan a ser algo cínicos a la hora de intercambiar ideas. A él le gusta observar desde el balcón de su antiguo departamento cómo transcurre la noche, pasan los autos o, simplemente, cómo la gente va de un lugar a otro como los mismos personajes, que deambulan sin demasiada idea de adónde van. En pocas palabras, cómo discurre el tiempo, incluso el suyo. La banda de sonido es compartida por Franz Schubert y Adrián Iaies.
"De aquellos tiempos, Godard me parece un cineasta genial, si bien ninguna de mis películas tiene que ver con su estilo", reflexiona en voz alta cuando se lo consulta acerca de una probable relación de su película, más allá del tiempo, con la nouvelle vague . "Si hay un cineasta que para mí es un modelo para imitar es Antonioni, con perdón de José Pablo Feinmann, que dijo que habría que darle un premio al tedio. En realidad, yo relacionaría Música nocturna con el cine de Antonioni", aclara.
"Cuando se programó en el Bafici, un crítico me dijo: «¿Sabés qué pasa, Rafael? Estas películas no se ven más porque ya no hay nadie que las haga». Admito que en ese sentido es una película anacrónica, que habla de cosas de las cuales ya no se hablan, como la crisis de los mundos afectivos. No obstante, no es un cine que haya practicado con frecuencia. Como diría Coppola, ésta fue one from the heart [«una desde el corazón»]", dice. "Esta fue una película libre, no programada, que empecé a escribir un día que estaba, como el personaje de Piñeyro, en el balcón de mi casa fumando y tomando whisky, y de ahí me fui a la computadora sin saber adónde iba a parar esa historia", dice.
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