Cuatro vidas, un film y los designios del destino
Cuatro vidas y un destino (The Air I Breathe, EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Jieho Lee. Con Kevin Bacon, Julie Delpy, Brendan Fraser, Sarah Michelle Gellar, Andy Garcia, Emile Hirsch, Forest Whitaker. Guión: Jieho Lee y Bob De Rosa. Fotografía: Walt Lloyd. Música: Marcelo Zavos. Edición: Robert Hoffman. Presentada por CDI Films. Duración: 95 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
La excusa es un ignoto presunto proverbio oriental, pero la fórmula es conocida. El proverbio establece los pilares de la vida en cuatro emociones: felicidad, amor, placer, pena. La fórmula aconseja entrecruzar diversas historias siguiendo de muy lejos el modelo de Robert Altman y de más cerca, pero siempre superficialmente, el de Amores perros, Vidas cruzadas o Babel . Como buen debutante, el neoyorquino de origen coreano Jieho Lee la aplica poniendo en juego todo lo que ha aprendido dirigiendo comerciales y clips, tratando de decir de una vez todo lo que (quizá) acumuló en años de proyectos no realizados y convencido de la trascendencia de su propuesta (algo así como una visión fatalista del destino humano). Sólo que en su precipitación y su exceso de pretensiones, lo que termina produciendo parece una suerte de parodia del modelo que quería seguir.
Ni un elenco tan cotizado como el que se puso a sus órdenes es capaz de sobrellevar la pesada carga de personajes-clichés que sólo responden a la necesidad de ilustrar cada una de las emociones en cuestión: Whitaker (Felicidad) es un empleado bancario que se mete en problemas graves cuando intenta escapar de su vida gris; Bacon (Amor), un médico capaz de todo por salvar a la mujer que ama, aunque ella (Julie Delpy) sea la esposa de su mejor amigo; Sarah Michelle Gellar (Pena), la aspirante a estrella pop víctima del inescrupuloso prestamista que se ha convertido en su empresario (Andy García), y Fraser (Placer), el persuasivo cobrador del gánster que se enamora de la chica justo cuando empiezan a fallarle sus poderes para avizorar retazos del futuro.
La frenética cámara de Lee (y el abnegado elenco) hacen lo imposible para que la acción no decaiga, y lo consiguen en buena medida a fuerza de griteríos, artificios, trucos, golpes de efecto, frases sabias y ridiculeces varias.
Nadie puede huir de su destino: quizá estaba escrito que el film iba a terminar resultando involuntariamente gracioso.






