
Daniel Santoro y el paso fugaz de un sueño
Hoy se conocerá Pulqui, un instante en la patria de la felicidad , un documental de Alejandro Fernández Mouján
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"Un ovj: objeto volador justicialista." Así es como definió el artista argentino Daniel Santoro, especialista en iconografía peronista, al Pulqui II, el avión de combate de fabricación nacional que para el productor Marcelo Céspedes y el cineasta Alejandro Fernández Mouján es todo un símbolo acerca del proyecto de país industrial que tuvo el peronismo, al comenzar la década del 50.
El título del documental que presentan (hoy, a las 21, y mañana, a las 14.15, en el Hoyts Abasto 11, y el jueves, a las 20, en la Alianza Francesa) es Pulqui, un instante en la patria de la felicidad , en el que siguen el proceso de la construcción de un modelo en escala de aquel avión que, según la mística de Santoro "podía trazar en el cielo la diagonal del progreso". La idea de Céspedes fue hacerlo volar en la República de los Niños, en Gonnet, en la provincia de Buenos Aires, una ciudad en escala para chicos inaugurada en 1951, que habría inspirado a Walt Disney a la hora de decidir la construcción del parque temático Disneylandia.
La cámara de Fernández Mouján sigue ese proceso que se reparte entre el taller del artista en el barrio de Congreso y el de Miguel Biancuzo, en Valentín Alsina, quien como Santoro trabajó en el Teatro Colón, en su caso como maquinista, donde fabricaron y ensamblaron las piezas de la gran reproducción, que ahora se exhibe colgada en lo alto de patio central del Abasto.
"Es como la lámina de un manual; intenta ser pedagógico", explica Santoro en la película, frente a uno de los cuadros que sintetiza la esencia paradójica del peronismo. "Están el comunismo y el capitalismo, como dos palacios torre, y en el medio hay un campo libre, que sería el peronismo, que puede estar un poco a la izquierda, un poco a la derecha, una especie de lugar para vagabundear en lo ideológico. En medio de todo está el árbol de la vida, que es una alusión a las «veinte verdades», la «tercera posición», esto de la cosa numerológica que hay en el peronismo; la parejita ideal, los escolares como idea del futuro, la educación, y todo eso corre en un campo libre. Las ideologías están encerradas en torres rígidas, mientras que el peronismo tiene esa cosa indefinible: es como un paria en el campo ideológico: no tiene ninguna construcción sólida, y puede ser visto de derecha o de izquierda, según sea el momento", asegura.
El final de la utopía
"Quería continuar con la línea de Espejo para cuando me pruebe el smoking (sobre el artista Ricardo Longhini), también de Alejandro. Después lo conocí a Daniel, y como a mí me fascinan los juguetes, pensé que además de hacer un Pulqui bastante grande, pero de juguete, había que hacerlo volar", recuerda Céspedes, en diálogo con LA NACION, cerca de una ciudad en miniatura con trenes eléctricos, rascacielos, un río contaminado, una villa miseria y un monumento al descamisado, lienzos y colecciones -de insectos, muñequitos- que ocupan buena parte del taller de Santoro. "Lo llamé a Alejandro para que ordenara esta idea -agrega Céspedes- y así comenzó todo. Después nos fuimos metiendo en el mundo Santoro, y la idea se fue completando."
Para el artista, que en 2006 publicó el libro Mundo peronista, en el que dedica más de 50 páginas ilustradas a este proyecto, "el desafío de construir un avión que pueda llegar a volar va de la mano de una evocación que en mi obra siempre está presente. La película habla sobre el peronismo de la militancia de los años 70. En mi caso particular es como una revancha, acerca de la pérdida de sueños, de los fracasos, de las derrotas, la idea de poder remontarlas junto con el Pulqui. La utopía justicialista no se cumplió; fue un esbozo que a medias aparece desteñido en la historia. Lo que yo intento es recuperar aquella energía juvenil, esos sueños, esa utopía. Cuando dibujo ese Pulqui, hago lo mismo que los cazadores de la prehistoria en las cavernas: capturar la presa a partir de la invocación del dibujo. La película va más allá de lo político: todos nos dimos cuenta de que habíamos perdidos los sueños y no podíamos volar".
"Nunca se pensó como una película sobre el peronismo, sino sobre Santoro y el Pulqui -interviene Fernández Mouján-. Lo que aparece después es la carga que tiene ese avión, la obra de Daniel y, finalmente, el peronismo que se impone, pero no la pensé como una interpretación del peronismo." Y agrega: "[...] en la medida que fui metiéndome, empecé a pensar en que sí era hablar de una parte del peronismo, no en cuanto a ideología sino a utopía perdida, la nostalgia por lo que pudo ser y nunca fue".
"Tiene que ver con la construcción de elementos que fundan a nuestra identidad", interviene Santoro. Piensa el artista: "Hay mitos y leyendas, una trama de cosas que al final definen nuestra identidad, y creo que el peronismo está en el eje de todo eso. El peronismo siempre fue un invitado incómodo de la cultura. Mi intención es ponerlo de nuevo en el eje. Recuerdo que en una entrevista Perón dijo: «En la Argentina hay muchos partidos políticos: el radicalismo, el comunismo, conservadores y socialistas». Cuando el periodista le señaló que se olvidaba del peronismo, Perón le contestó: «Peronistas... peronistas somos todos»".



