Dante según Benigni
Tras leer en la televisión italiana el último canto, el del Paraíso, planea hacer una versión más extensa de la obra de Alighieri
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MILAN (Corriere Della Sera).- Como el Paraíso del Dante no logró convertirlo, como más de uno hubiese querido, estamos frente al Roberto Benigni de siempre. Tal vez un poco menos enloquecido que en el pasado, pero tan volcánico e irresistible como de costumbre. Ahora, mientras su película sobre Pinocho recorre el mundo (en la Argentina se estrenará en abril), hay una "Divina Comedia" que se agita en su cabeza luego de recibir un espaldarazo de los dantistas, que admiraron el modo en que leyó el último canto por televisión.
La vida de Dante en capítulos (tres o cuatro) para la TV y un video con el poema completo (leído sobre el modelo del canto XXXIII del Paraíso) tendrá a Benigni por varios años pendiente de Alighieri y todavía no está definido, como se creía, que se limitará sólo a producirlos porque -basta un pequeño sondeo para comprobarlo- hasta estaría dispuesto a recitar el poema completo.
Benigni habla de su fiebre por Dante con la precisión de un especialista y el alegre entusiasmo de un bufón. Cita verso tras verso y menciona a Cavalcante, Ciacco, Maestro Adamo, Paolo y Francesca. Se enciende, agita los brazos, ríe pensando en su "Dante in love".
Dice Benigni: "Dante vivió 700 años atrás, lo que equivale a diez hombres de setenta años en fila uno detrás de otro. En el fondo, Dante está mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos. Diez personas de 70 años: uno muere y otro inmediatamente nace en diez ocasiones. Impresionante.
-¿Cómo puede trabajarse alrededor de una vida sobre la cual hay muy pocos datos ciertos, como lo demuestra la reciente reconstrucción realizada por Giorgio Petrocchi?
-Petrocchi se mueve como un escribano de Bolonia, sólo que se ve que se ha documentado. Su biografía es una especie de búsqueda del tesoro, porque hay pocas certezas en torno de la vida de Dante, su nombre aparece muy pocas veces mencionado y ni siquiera se sabe si se trata de él. Pero aquí está el atractivo, porque se puede hacer una reconstrucción imaginativa. Si se consigue unificar todo, desde los datos del escribano hasta las cosas autobiográficas de la "Vita Nuova" y todas las anécdotas que dan vueltas, podría hacerse una película extraordinaria, sobre todo porque lo poco que se sabe es extraordinario. Además está la Edad Media, una época en la que Florencia era la Nueva York del momento. Es un relato cinematográfico digno de regalar a los italianos. Pero también es necesario que podamos divertirnos con él.
-¿Por ejemplo, de qué modo?
-Habría que incluir todas las anécdotas populares sobre Dante. Cuando era chico, en mi casa se contaban de él cosas extraordinarias e increíbles. Mi mamá, que no sabía leer ni escribir, nos contaba que había regresado a Florencia y su mujer no lo había reconocido. Hay cosas para reír y para llorar, otra que Shakespeare. Por intensidad, altura y profundidad, a Dante no lo alcanza nadie.
-¿Cuáles son los elementos que más lo atraen de un personaje como Dante?
-Decir que es actual es utilizar un adjetivo equivocado, porque se trata en realidad de uno de esos personajes que están continuamente delante de nosotros y que nos miran siempre de frente, nunca desde atrás. No hace falta actualizar nada de él, en realidad somos nosotros los que tendríamos que actualizarlo para entenderlo mejor. Es uno de esos océanos en los que vale la pena zambullirse cada tanto para encontrar nuevos tesoros. Por encima de todo me gusta el amor que tenía hacia las mujeres, que le gustaban del mismo modo que nos gustan a nosotros. Y después está su espectacular compromiso político. Alguna vez se habló de un Dante reaccionario, pero son todas pavadas. Hay que situarse en aquella época para entenderlo verdaderamente. Y no hay que olvidar su papel como prior y como embajador. Tuvo una vida fantástica.
-¿Cómo se lo imagina físicamente?
-Me lo imagino como un hombre diminuto, muy flaco, una personita digna de ser querida, con un aire... y con esos ojitos. Mamma mia , lo que daría por verlo, qué sé yo, con una miga de pan en el mentón.
-Hay quien insinuó que la lectura televisiva del último canto fue la señal decisiva de su conversión. ¿Usted qué dice?
-Me divierte mucho la idea. Si alguien vio que se ponía en acto una conversión, quiere decir que mi lectura fue muy convincente. En aquel momento, mientras leía el Paraíso, me había convertido de verdad, porque no se puede hablar de Dante sin creer y yo realmente creo que Dante vio a Dios. No se puede hablar de Dios, sino con Dios. Y no se trata de que una persona se hace cristiana por el mero hecho de haber ido una sola vez a misa, como si alguien por ir a un garaje se transforma automáticamente en auto. Lo que en el fondo todos olvidan es que yo soy un actor y la conversión debe tener lugar para hacer creíble lo que hago.
- Ahora usted piensa en hacer la "Divina Comedia" completa. ¿No se asusta ante semejante compromiso?
-Me encantaría grabarla completa. Registrar los cien cantos en videocassette. ¡Cómo me divertiría! Pero no quiero hacerlo para que después se diga: miren, ésta es la única manera de interpretarla. Sería un error de mi parte decir que a Dante hay que enseñarlo así. Yo soy un actor, me dedico al espectáculo y tengo que ser considerado en relación al espectáculo y a los actores.
-Entonces, ¿cómo piensa acercarse a la "Divina Comedia"?
-Es una obra que se adapta a todo, incluso a lo que hice en televisión. Su atractivo radica en que uno puede estirarla como quiere y hasta agarrarla a las patadas. Al final de todo uno escucha cosas como qué hermosa historia acabo de escuchar. Leer un libro es como dialogar con el autor, sentirlo cerca. Porque aquí no sólo está el aura del gran poeta, del más grande de todos. También veo el relato de un hombre como cualquiera de nosotros, con sus debilidades.
-¿Después de Pinocho y de Dante, qué?
-Tengo proyectos de sobra. Por ejemplo, el de San Francisco de Asís, que ahora no puedo hacer porque todos van a decir otra vez que fui convertido (risas). Con la primera parte de su vida me gustaría hacer algo alegre y divertido y después de la Epifanía, con la segunda parte, incorporar algunos conflictos.
-Algo parecido a lo que le ocurre a usted cuando se convierte.
-Me convierto cada tanto, durante algunos minutos al día. ¿Pero cómo no ser religiosos o sensuales después de haber leído la "Divina Comedia"?
-¿Se dio cuenta de que en el texto de la "Divina Comedia" aparece varias veces el adjetivo "benigno"?
-Por supuesto. Cuando era joven me encantaba que Dante me nombrase como "ese animal gracioso y benigno".



