Eduardo Calcagno: adiós a una figura multifacética que vivió el cine desde la cuna
Fue director, productor, guionista, actor y docente; hizo sus mejores películas junto a Ulises Dumont: El censor, Los enemigos y Yepeto
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El cine le dio sentido completo desde la cuna a la vida de Eduardo Calcagno, que falleció este martes a los 85 años. La noticia fue confirmada a través de un comunicado de la Asociación Argentina de Actores. Deja como legado y valioso recuerdo una trayectoria multifacética que incluye trabajos como realizador, guionista, productor, actor y docente. Su carrera como realizador fue escasa en títulos y ninguno de ellos logró un reconocimiento masivo, pero al mismo tiempo logró con algunos de esos trabajos, sobre todo El censor (1995), pintar con trazos muy certeros un clima de época relacionado con el estado de la pantalla nacional en un momento muy preciso.
Con esa película, veladamente asociada a la historia de Miguel Paulino Tato, responsable desde el Ente de Calificación Cinematográfica de la censura parcial o completa de cientos de títulos estrenados durante la última dictadura militar, Calcagno dejó a la vista su talento como narrador y fino observador de una realidad que conocía como pocos. El censor fue además el título más conocido de la sólida asociación que forjó con el actor Ulises Dumont, protagonista de varias de sus películas. Ese vínculo culminó en 2014 con Ulises, un alma desbordada, una cálida evocación documental sobre la vida y la obra artística de Dumont, fallecido ocho años antes.

Nació en Buenos Aires el 26 de enero de 1941 y era hijo de Raimundo Calcagno, uno de los grandes nombres de la crítica cinematográfica argentina en la época clásica desde su conocido seudónimo de Calki. Siguió esa vocación paterna al dar los primeros pasos en el mundo del cine como crítico en medios gráficos (El Mundo), radiofónicos (Splendid) y televisivos (Canal 13) en los primeros años de la década de 1960.
Poco después se sumó a la productora de Manuel Antín y su primer compromiso allí fue el de camarógrafo de Los argentinos, un programa de TV dedicado al retrato de destacadas personalidades de la vida artística, social, deportiva y política. Debutó como director con Fuiste mía un verano (1969), que llevó a la pantalla grande los grandes éxitos de Leonardo Favio como cantante.

Su personalidad como realizador comenzó a revelarse a través de un par de elogiados cortos (El diablo sin alma; Nunca dejes de empujar, Antonio) y apareció en plenitud en 1983 con Los enemigos, un tenso y oscuro thriller que recuperaba el clima de violencia cotidiana que se vivía en la Argentina durante el último gobierno militar. Fue su primer largometraje junto a Dumont, con quien haría tres años después Te amo, sobre la historia de una adolescente embarazada (Valentina Fernández de Rosa).
El mejor momento de Calcagno (a quien todos en el mundo del cine conocían y trataban como Eddie) como director llegó en la década siguiente gracias a El censor y sobre todo a Yepeto (1999), adaptación al cine de la exitosa obra teatral de Roberto Cossa.
“Confieso que era un desafío escribir un guión cinematográfico a partir de una pieza con dos personajes y mi escasa experiencia en ese campo abría dudas. Pero empecé a pensar en otro Yepeto sin quitarle el espíritu a la obra original. Cuando vi la película terminada respiré aliviado”, reconoció Calcagno a LA NACION antes del estreno local de la película, que tuvo –al igual que la pieza teatral- a Dumont como protagonista. En esa película, premiada en varios festivales internacionales, Nicolás Cabré hizo uno de sus primeros papeles actorales y debutó la actriz Malena Figo.
Una crisis personal llevó en la década siguiente a Calcagno a radicarse por un tiempo en la ciudad balnearia bonaerense de Claromecó, donde impulsó el armado de un cineclub y ayudó a la reapertura de una sala de cine en la vecina ciudad de Tres Arroyos. Allí conoció la historia de Christian Madsen, un personaje mítico de la zona y decidió contarla con su propia mirada, convocando a un ecléctico y destacado elenco encabezado por Moro Anghileri, Nicolás y Gastón Pauls, Amelita Baltar, Patricio Contreras, Alicia Zanca y Mirta Busnelli para dirigir El salto de Christian.
En pleno rodaje de una película que no tuvo en su recorrido comercial la misma suerte que las películas previas, Calcagno sintetizó ante LA NACION su mirada sobre el cine: “En todas mis películas trato de hacer una búsqueda del ser humano y descubrir sus partes oscuras, que son las más atrayentes. Están teñidas con un poco de fábula y tienen detrás un contenido crítico de distintos mecanismos de la sociedad argentina”.
De allí en adelante Calcagno solo pudo terminar el documental sobre su entrañable amigo Dumont y dejó truncos varios proyectos. En el último tramo de su vida profesional se consagró a la tarea docente. Pasó algo más de dos décadas, desde que fue convocado en 2000 por Bebe Kamin, como coordinador de los primeros trabajos como realizadores de los egresados de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, dependiente del Incaa, que formaron parte de las sucesivas entregas de la serie Historias breves.
“Se dice que uno hace sus primeras películas por amor y sus últimas películas por dinero -dijo Calcagno durante el rodaje de El salto de Christian en Claromecó-. Yo, por suerte, todavía no llegué a las últimas. Trato de seguir haciendo un cine honesto. Soy bastante obvio y bastante cursi, lamentablemente. Me gustaría tener un poco más de talento, pero creo que filmo bien”.


