
Dilemas espirituales en 35 mm
Pasado mañana se estrenará "Un Buda", opera prima de Diego Rafecas
1 minuto de lectura'
"Hay tres historias, tres círculos concéntricos en el guión, como el orden cósmico", indica Diego Rafecas que -hay que saberlo- es monje zen y está a punto de estrenar "Un Buda". Hay trazos autobiográficos en esta película sobre la búsqueda espiritual de un joven que con su fascinación por las prácticas orientales desconcierta a su novia y sacude las creencias lógicas de su hermano.
Para este actor y director de 36 años hacer esta película era "una experiencia necesaria para su vida". "Me quemaba la cabeza. Aunque la idea fue pintar un cuadro con cosas que me pasaron, no hacer un panfleto del budismo", asegura Rafecas en su oficina de Belgrano amueblada según las reglas chinas del feng shui, con delicados objetos de arte asiáticos y donde se respira sahumerios de la India.
Leo Sbaraglia, Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel pasaron por el casting de "Un Buda". Pero el papel lo consiguió el debutante Agustín Markert, de 25 años. Tampoco él es monje, pero asegura tener una fuerte vocación espiritual. Y si bien se crió en los tablones del Parakultural (es sobrino de Laura Markert, ex Gambas al Ajillo) y estudió disciplinas artísticas, éste es su debut como actor.
"Me entrevisté con buenísimos actores -cuenta Rafecas-, pero había algo que no me terminaba de cerrar. Hasta que pensé en Agus, a quien conocí en un viaje a la India. En esa época yo estaba muy zen, muy militante. De repente, me llamó la atención un pibe de 20 años que hacía dos que estaba ahí. Cuando vino a Buenos Aires empezamos a trabajar en un negocio de decoración. Y así profundizamos la amistad."
Pero cuando Rafecas lo convocó para actuar, Agustín le dijo que no le interesaba. "Yo estaba abocado a actividades de servicio a la comunidad en comedores -dice el protagonista-. Trabajar en una película me parecía algo banal. Hasta que me di cuenta de la dimensión del proyecto y rompí mi prejuicio frente a los medios. Yo creía que no estaba bien comunicar por ese canal algo que a mí me parece sagrado."
A Agustín Markert lo acompañan Carolina Fal, Tina Serrano, Julieta Cardinali, Boy Olmi, Juan Manuel Tenuta, Luis Ziembrowski y Nelly Prince, además del propio director (que interpreta al hermano), el modelo Iván de Pineda, monjes zen y extras. "Nunca quise descuidar el lado comercial -explica el director-. Quise hacer una película entretenida, que funcione, poner actrices y actores. Y lo bueno es que todos aceptaron trabajar sin conocerme." Markert agrega: "Yo no conocía a ninguno porque no tenía televisor. Hace dos días, por Internet supe de la trayectoria que tenían los actores. ¡Qué inconsciente fui! ¡Soy un paracaidista!".
"Un Buda" costó "un poco más de 500.000 dólares", que financiaron varios buenos amigos de Diego Rafecas. La película saldrá al mercado con 25 copias y ya tiene distribución asegurada en España, Francia, Alemania e Inglaterra. Rafecas cuenta que en estos días está pendiente de lo que resuelvan los programadores del Festival de Venecia, aunque la película también tiene posibilidades en los de Toronto y Locarno. Y durante el transcurso de la entrevista con LA NACION, el director recibirá por teléfono otra buena noticia: "¡Nos acaban de declarar de interés especial en el Incaa! Antes no les había interesado, ahora que está hecha, sí. Una buena, ¡qué bien!".
La película se filmó en locaciones de Buenos Aires y en el templo budista de Capilla del Monte (Córdoba). "Lo conozco desde que se construyó -dice Rafecas-. Actualmente hay un maestro francés a cargo, pero él no podía participar de la película. El que actúa es Toshiro Shamauchi, un monje argentino descendiente de japoneses, que peleó en la Guerra de las Malvinas y es el presidente de la Asociación Zen de América latina."
Al mismo tiempo que encara la promoción de "Un Buda", Rafecas termina el guión de la próxima: "Una ficción que tiene que ver con tobas y chamanes". La había pensado antes que "Un Buda", pero según cuenta, es más cara todavía, entonces decidió invertir el orden de los proyectos. También en esta nueva empresa lo apoyarán económicamente sus amigos-socios. El mismo bromea y dice: "En el altar están primero los socios y después, Buda".





