
Dos aventureros con química
"Peligrosa obsesión" (Argentina-Brasil/2004, hablada en español y portugués). Dirección: Raúl Rodríguez Peila. Con Pablo Echarri, Mariano Martínez, Carol Castro, Hugo Arana, Carlos Belloso, Vando Villamil, Alejandro Awada, Victoria Onetto. Guión: Marcelo Figueras, sobre una idea de Daniel Botti y Carlos L. Mentasti. Fotografía: Félix Monti. Música: Diego Grimblat. Edición: Pablo Mari. Dir. de arte: Graciela Fraguglia. Producción: Pablo Bossi y Carlos L. Mentasti. Presentada por Buena Vista Internacional. Duración: 126 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
El film se abre sobre las espectaculares vistas de Río de Janeiro y no demora en precipitarse a la acción, tras seguir la trayectoria de un enorme camión de esos que circulan por el Mercosur. El conductor -anteojos oscuros, actitud varonil, gesto adusto- desciende en un parador, entrega su mercadería, pide una cerveza y la rechaza. Todo con el aire del cowboy bravucón de los clásicos saloons del Oeste, pero con un matiz latinoamericano que enseguida se confirma.
Al salir, un grupo de cariocas que juega al fútbol en el vasto espacio que hace de estacionamiento lo desafía: "¡Eh, argentino! ¿Te atreves?" Pelé, Maradona, los clásicos temas de la rivalidad futbolística reviven, conducen al juego brusco, la cargada, la discusión y la franca violencia, armas incluidas. En medio de la trifulca, nuestro hombre (después sabremos que se llama Javier y que es el heredero de la importante empresa de transporte) descubre a un compatriota, un tal Tony, lleno de amigos influyentes, dueño de diversas habilidades (de la informática a las artes marciales) y siempre muy dado a las bromas. La temperatura sube, entra en escena la policía, hay una primera persecución y todo termina con el gigantesco camión hundiéndose en la bahía de Guanabara y con nuestros héroes -ahora dos- abrazados a una boya, y con un futuro que de golpe se ha vuelto muy negro.
Ya no habrá sosiego para ellos, que por supuesto ocultan muchos secretos y son tan diferentes entre sí como conviene a una buddy movie. Y no lo habrá sobre todo desde que al desembarcar en Ezeiza descubren que alguien ha deslizado cocaína en buena cantidad dentro del bolso de Javier. Ya están metidos todos -al dúo se ha sumado el indispensable personaje femenino, en este caso la brasileña Carol Castro, que por alguna razón nunca quiere abandonarlos y volverse a casa- en un embrollo en torno de un cargamento millonario en dólares, por el cual muestran interés narcotraficantes sádicos, policías igualmente temibles y hasta la propia DEA.
Para que la acción no dé respiro y para que los enigmas se sostengan hasta el final, hay suficientes dobleces en los personajes para que cualquier trampa sea posible y suficientes sorpresas en el camino para que se altere el rumbo a cada rato, con el consiguiente cambio de escenario: se advierte en ese sentido un cuidadoso trabajo de la producción.
También se ve a cada rato que el rigor y la verosimilitud no han desvelado demasiado a los autores. Aquí está claro que lo que importa es el ritmo nervioso (asegurado por el ágil montaje de Pablo Mari y respaldado por la eficaz música de Diego Grimblat), el atractivo visual (garantizado por la admirable fotografía de Félix Monti) y, muy en especial, el carisma de los protagonistas.
Aciertos
Este es uno de los aciertos mayores de "Peligrosa obsesión". En el dúo Echarri-Martínez (uno lacónico e intenso; el otro, desenfadado y juguetón) se establece una química que es responsable de la fuerte adhesión que el film puede despertar en la platea. Otro acierto es el humor con que Marcelo Figueras supo aligerar la historia. La dirección de Raúl Rodríguez Peila vigila que la acción no decaiga y, en general, lo consigue, si bien pudo haber aplicado un poco de síntesis en el prolongado enfrentamiento final. También saca provecho de la espectacularidad cuando llega la hora de las explosiones, las persecuciones y sus consecuentes catástrofes, infaltables en un producto de acción que aspire al apoyo popular.
Carol Castro presta su encanto y el sólido elenco de apoyo (Villamil, Liporace, Awada, Belloso) pone convicción para que el entretenimiento, elaborado sin apartarse mucho de fórmulas bien probadas, resulte eficaz.







