
El cabal ejemplo de un empeño frustrado
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"Bonifacio" (Argentina/2003). Dirección: Rodrigo Magallanes. Con Alfredo Steimberg, Carlos Pedraza, Sebastián Lucas Carrión, Sebastián Cárdenas y otros. Guión: Rodrigo Magallanes, basado en un cuento de Héctor Fadul publicado en su libro "Y dejaron huellas". Fotografía: Rodrigo Magallanes. Dirección musical: Poly Cárdenas. Presentada por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Cruz y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). Duración: 57 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: mala
Es muy loable el propósito de los cineastas del interior de realizar sus films basándose en personajes, hechos y costumbres de sus lugares de origen. Es, además, necesario que esas obras no queden sólo en los cines de las provincias que las producen, sino que se vean reflejadas en las pantallas de todo el país. Pero para que esas películas, la mayor parte de ellas hechas con esfuerzo y poco dinero, tengan interés y atraigan al público deben basarse en la calidad de sus historias, en la solidez de sus directores y en un elenco que, en el menor de los casos, sepa manejar con convicción a sus personajes.
Dentro de esa filmografía que llega de otras regiones del país, "Bonifacio" es el cabal ejemplo de un empeño frustrado. Es muy difícil (casi imposible) seguir con atención este relato tan frío, confuso y monótono. El realizador Rodrigo Magallanes se inspiró para su opera prima en un cuento del escritor santacruceño Héctor Fadul en el que relata el entramado de un asesinato. El propietario de la estancia en la que trabajaba el homicida decide, en su condición de abogado, defender a ese muchacho poseído por un ser mitológico y maligno, y entra en juego una serie de episodios en los que la realidad se asocia con la superstición.
El primero y más grave error de Magallanes se asentó en que, como guionista, se aferró casi linealmente al cuento original, lo que convierte a su película en un hastío literario poblado de personajes sin vigor ni rigor que, a veces, caen en la más absurda caricatura. La narración se enreda sin sentido entre diálogos de pobre contenido, lucubraciones que pretenden subyacer de charlas falsamente filosóficas y un manejo de cámara tan pretencioso como reiterativo.
El cine, es bien sabido, no se hace sólo con buenas intenciones, que seguramente no le faltaron a Magallanes. Pero para que el saldo de su primera experiencia en el largometraje -siempre y cuando esta película pueda considerarse un largometraje, ya que su duración no llega a una hora- pudiese transformarse en un atractivo elemento enmarcado en los bellos paisajes patagónicos, el joven cineasta debió tener en cuenta que la calidez y la sinceridad son buenas consejeras para retratar cualquier entorno humano y geográfico.
Sería demasiado cruel referirse a la participación actoral o detenerse en los rubros técnicos. Lo importante es subrayar que esta generación de directores del interior tenga la humildad de la autocrítica y sepa conciliar sus primeros errores con la posibilidad de un futuro artístico más acorde con el talento y la humanidad de sus temas.
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