
El cine tras el apartheid de Sudáfrica
Ciclo de películas en el San Martín
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"El cine y el video son herramientas mucho más útiles que el turismo cuando se trata de crear un conocimiento acerca de qué es Sudáfrica", opinó una de las grandes promesas del cine de ese país, el joven Dumisani Phakati, que el año pasado participó en el lanzamiento del "Project 10", una serie de 13 películas que reflexionaron acerca de los diez años de democracia posapartheid.
Algunas de esas películas -dirigidas en su mayoría por mujeres- se exhiben en el ciclo "Encuentro con el nuevo cine sudafricano", en la sala Lugones del Teatro San Martín, que se extenderá hasta el 26 de este mes. Y junto con todo este material inédito sobre esa realidad sudafricana que no aparece en los folletos de los safaris llegó, de Johannesburgo, Kalipha Eddie Mbalo, presidente del National Film and Video Foundation (NFVF).
En sus años de juventud, Mr. Mbalo inició la lucha contra el apartheid desde la televisión extranjera hasta que armó su propia compañía productora. Hoy está al frente de un organismo estatal, "pero que funciona de forma independiente", dice, en la promoción y financiación de proyectos audiovisuales. Cuenta que la industria de cine de Sudáfrica "tiene los mismos problemas que otras en el mundo: conseguir financiación para alcanzar un costo promedio de 700.000 dólares por película".
Su discurso es suave y optimista frente al futuro de su país, aunque reconoce que "además del sida y la pobreza los conflictos raciales siempre van a estar ahí: el problema son las generaciones mayores que se resisten al cambio. Pero el cambio real creo que va a venir con nuestros niños que comenzaron a ir al colegio en el 94."
Desde el cine y la televisión de su país se busca reescribir la historia, "pero no desde el resentimiento", señala Mbalo. Las películas que trae bajo el brazo, entre ficciones y documentales, se concentran en las realidades sociales de la vida en democracia y sus contradicciones, muchas de ellas contadas en primera persona por sus propios directores, que, cámara en mano, revisan la historia. Dumisani Phakati (de quien se verán también varios cortos) dirigió el documental "Wa Nwina" (2001), en el que vuelve a su pueblo natal para corroborar algo que le han dicho: "Que entre la gente de mi generación, de dos personas una será afectada por el HIV antes de los treinta años".
Intimas conversaciones
En uno de esos tantos regresos para revisar la memoria se presenta "Hogar/Hola Bhambayi" (2004), de la directora Omelga Mthiyane: con su tía inicia un viaje personal hacia su pueblo natal, en la provincia de Kwazulu, donde fueron asesinadas más de 20.000 personas entre 1984 y 1994. En el camino también vale preguntarse si hay reconciliación posible, como lo hace "Las heridas de Ubuntu" (2001), de Sechaba Morejele, en la que un hombre de raza negra se obsesiona por vengarse de un policía blanco que mató a su esposa.
En esta selección no todas son contiendas políticas. También hay íntimas conversaciones de mujeres en un salón de belleza en "Cera caliente" (2004), de Andrea Spitz. Y las generaciones más jóvenes también tienen lugar. La sudafricana Zulfah Otto-Sallies confiesa no conocer ni comprender a esa chica de 15 años que duerme en su casa en la película "A través de los ojos de mi hija" (2004), en donde yuxtapone su mirada, tras haber crecido bajo el régimen del Apartheid, con la vida de su hija, criada en un país libre. En "La cámara de madera" (2003), de Ntshaveni Wa Luruli, que ganó el Oso de Cristal del Festival de Berlín, dos adolescentes marginales encuentran un muerto con un arma y una cámara de video. Cada uno utilizará esas herramientas para lo que le parezca más conveniente.
Mr. Mbalo dice que Nelson Mandela como tema ya no le pertenece a Sudáfrica. Pero que sueña con que algún día su país pueda producir su propia película sobre el héroe nacional "porque tal vez Hollywood, con Morgan Freeman en el papel, preocupado por el sensacionalismo, no alcance a revelar la verdad de los hechos". Pero además del pasado y su necesaria revisión, a Mbalo también le gustaría que los cineastas de su país algún día pudieran delirar y hasta fantasear con otros mundos. "Ojalá algún día podamos predecir el futuro e imaginar una ficción tal como la de «Star Wars», pero a la sudafricana. Pero para eso falta tiempo todavía."





