
El cocodrilo se come la película
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Primitivo ( Primeval , EE.UU./2007). Director: Michael Katleman. Guión: John D. Brancato, Michael Ferris. Fotografía: Edgard J. Pei. Música: John Frizzel y otros. Con Dominic Purcell, Orlando Jones, Brooke Langton, Jurgen Prochnow, Gideon Emery, Dumisani Mbebe, Gabriel Malema. Presentada por Buena Vista. Hablada en inglés, francés y swahili. Duración: 94 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: mala
Las películas que comienzan con el cartel "basada en hechos reales" suelen ser ridículas. Esta se pasa de la raya.
En la zona del lago Tanganika de Burundi, en el centro de Africa, un cocodrilo de inusuales proporciones (diez metros de largo) al que los locales bautizaron Gustave pega tarascones a diestro y siniestro a todo aquel que se cruce en su camino. El país sufre una larga y cruenta guerra étnica entre hutsis y tutsis (250.000 muertos) y parece que el bicho terminó cebado con tanto cadáver desparramado en fosas comunes que no puede dejar de saborear humanos en sus almuerzos o cenas. Un equipo enviado por una cadena noticiosa norteamericana (clonada de CNN, ya que se llama NNC) tiene como misión tomar imágenes del predador. Pero las cosas se complican, y el grupo queda atrapado en una guerra que, como todo enfrentamiento en Africa, nunca termina de entenderse. Corridas, tiroteos incluso con misiles, vuelos de helicópteros, se repiten una y otra vez. Hay varias bajas entre los "buenos" y la cosa vuelve a ponerse pesada, una vez que, cerca del desenlace, el animal intenta no dejar títere con cabeza. No obstante el maltrato, la cámara digital del equipo, milagrosamente, nunca se daña.
Si el argumento parece ridículo, la película lo es aún más. Los diálogos son, incluso, absurdos, la cámara se sacude demasiado, una y otra vez suenan disparos que consiguen despertar a espectadores con sueño pesado y, para colmo, casi todos los actores son de madera. Así, durante poco más de hora y media (en la que lo único rescatable y hasta convincente es el desempeño del cocodrilo, en 3D), se intenta contar una historia que por lo señalado no justifica un largometraje y mucho menos uno con un guión de esos que provocan risas y hasta bronca, que frecuentan las trasnoches de algunos canales de cable.
En síntesis, un cine malo, que huele a viejo, y que es inexplicable por qué se sigue estrenando en cines.



