
El galán que forjó una leyenda
En toda su carrera realizó más de cien películas, obras de teatro y series de TV
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Por muy familiar que suene, la receta del "buen cachetazo a tiempo" puede no ser recomendable para educar a nadie, pero bien puede significar el golpe estratégico que conduzca a la fama. Lo fue para algunos galanes de la TV local y también para Glenn Ford, que supo aplicárselo a una Rita Hayworth más sexy que nunca en "Gilda" (Charles Vidor, 1946) y ascendió a un estrellato que se prolongó treinta años, además de concretar una de las escenas más legendarias del cine.
Sin embargo, aunque muchas veces encarnó personajes duros, la imagen del actor -fallecido anteayer a los 90 años en Los Angeles, según se informó en la edición de ayer-, correspondía a la de un hombre afable, firme de carácter pero no especialmente violento. Podía ser enérgico o impulsivo como cualquiera, pero también sensible y dulce y por eso pudo transitar con igual desenvoltura por el melodrama, el western, el policial o la historia romántica a lo largo de una carrera que se extendió por más de 100 películas. Ford nunca perdía de vista al hombre común y atribuía a esa disposición su forma de entender el arte interpretativo: "Cuando enfrento la cámara, hago las cosas como las haría en la vida diaria: eso le da al público algo real con lo que identificarse".
La fórmula fue, en su caso, muy fructífera: aunque había dejado de actuar hace muchos años y ya ni se tenía memoria de sus últimas apariciones públicas -sólo envió un mensaje cuando se le tributó el 1º de mayo último un homenaje en el Egyptian Theatre de Los Angeles con motivo de su 90º cumpleaños-, seguía siendo un favorito del público: se lo consideraba uno de los últimos sobrevivientes de la era dorada de Hollywood.
"Glenn -expresó Sidney Poitier, su compañero de reparto en «Semilla de maldad» (1955), al enterarse de su muerte- tenía esas cualidades mágicas intangibles que en la pantalla producen un fuerte impacto: las que hacen de alguien una gran estrella."
No todos fueron tan perceptivos. Ford, que había nacido en Quebec en 1916 y llevaba el nombre de Gwyllyn Samuel Newton John, debió esperar al fin de la Segunda Guerra Mundial -prestó servicios con los marines- para que le llegara la consagración con "Gilda", esa historia de amor y corrupción ambientada en una incierta Buenos Aires nocturna de los años de la posguerra. Antes había pasado largo tiempo puliendo su oficio en grupos teatrales de la costa oeste. A los 8 años había llegado con su familia a California -descendiente de galeses, era hijo de un ejecutivo de los ferrocarriles-, y allí había ganado experiencia escénica en el elenco de la Santa Monica High School.
Cuando su carrera en Broadway y en Hollywood apenas despuntaba -el mismo año de 1939 en que firmó un contrato con Columbia-, la obligación militar le impuso un paréntesis. Durante la guerra se casó con la actriz y bailarina Eleanor Powell, de la que se divorciaría en 1959; sus siguientes matrimonios también lo ligaron a figuras del espectáculo: las actrices Kathryn Hays (1965-1968) y Cynthia Hayward (1977-1984). Además, en su intenso derrotero romántico debe incluirse a Judy Garland, Hope Lange, Joan Crawford y, claro, la bella Rita. Y también a Maria Schell, junto a quien filmó el western "Cimarron" (1961) y que -se dice- rechazó varias veces sus propuestas matrimoniales.
El éxito de "Gilda" lo obligó a asumir varias veces papeles similares y también a repetir con Rita Hayworth y sin tanta suerte la pareja de amantes que se desean y se lastiman: "Los amores de Carmen" (1948), también con Charles Vidor; "Affaire en Trinidad" (1952, Vincent Sherman) fue otra fotocopia deslucida.
Le fue bastante mejor en otras aventuras fílmicas. En los cincuenta, por ejemplo, rodó con Fritz Lang "Los sobornados" (The Big Heat", 1953), un violento policial negro, y con Richard Brooks "Semilla de maldad" ("The Blackboard Jungle"), donde era el maestro que enfrentaba la indiferencia de sus colegas y la hostilidad de sus jóvenes alumnos, con el inédito fondo musical del rock and roll de Bill Halley. "Deseo humano" (1954), "Melodía interrumpida" (1955), "La casa de té de la luna de agosto" (1956), "El tren de las 3.10 a Yuma" (1957), "La batalla de Midway" (1976) y "Superman" (1978) son otros recordados films suyos.



