
El indiecito que se volvió oso
"Tierra de osos" ("Brother Bear", EE.UU./2003, color). Dirección: Aaron Blaise y Robert Walker. Film de animación con las voces de Joaquin Phoenix, Jeremy Suarez, Jason Raize, Rick Moranis, Dave Thomas, D. B. Sweeney, Joan Copeland y Michael Clarke Duncan en su versión original en inglés. También se exhibe en copias dobladas al castellano. Guión: Tab Murphy, Lorne Cameron, David Hoselton, Steve Bencich y Ron J. Friedman. Dirección de arte: Robh Ruppel. Música: Mark Mancina y Phil Collins. Canciones: Phil Collins. Edición: Tim Mertens. Presentada por Walt Disney Pictures. Duración: 83 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Se ha dicho que con "Tierra de osos" la compañía Disney intenta despedirse del dibujo animado tradicional en dos dimensiones para concentrarse en la técnica de animación computadorizada en 3D. Quizá por eso esta última incursión en el terreno en que logró muchos de sus más grandes éxitos ha sido especialmente destinada al público infantil: no hay aquí llamativas innovaciones formales ni guiños destinados a los adultos, que, por esta vez, deberán resignarse a su papel de acompañantes. En cambio, no faltan muchos de los rasgos representativos de la tradición de la casa, incluidos su espectacularidad visual, sus apelaciones a la emoción, su grandilocuencia y sus mensajes aleccionadores. Estos, probablemente, en dosis algo excesiva.
Hay más ternura que risas y más lecciones morales que aventura en este relato que parte de una pseudomitología indígena para contar una historia de hermanos, osos y otros animalitos en tiempos precolombinos y entre los hielos, bosques, prados, montañas y cascadas de una región cercana al Artico. Un paisaje de fondo en el que los expertos del lápiz y el pincel pueden dar rienda suelta a sus inquietudes artísticas.
Una voz en off introduce en la fábula. Cuenta la historia de tres hermanos a cada uno de los cuales la jefa espiritual de la tribu le ha entregado un tótem que guiará su vida. Sitka, el mayor, recibió un águila, que lo señala como líder; Denahi, el zorro, símbolo de la astucia; Kenai, el oso, que representa el amor. Se verá por qué.
Fábula aleccionadora
Los tres viven despreocupadamente en ese paraíso hasta que una imprudencia de Kenai, que es el más chico y el más juguetón, provoca la reacción de un oso gigantesco, celoso de su comida. Los dos hermanos acuden en su ayuda y la desigual pelea termina mal. Pero ese episodio trágico deriva en una curiosa variación de "Rashomon", a la que se arriba por obra de los espíritus: Kenai se despierta convertido en oso y ahora está obligado a observar las cosas desde el punto de vista de los animales, con quienes se entiende perfectamente porque en este imaginario pasado todos los bichos hablan el mismo idioma. Es una ocurrencia que el film podría haber aprovechado mejor en términos dramáticos si se hubiera despreocupado de los sermones.
Entre los compañeros de esta nueva etapa de la vida de Kenai hay dos alces que hacen las veces del dúo cómico y un osito huérfano y charlatán, Koda, que apuntala el costado tierno del film, no se despega del protagonista y lo guía en su viaje hacia el lugar donde "las luces tocan la tierra" y donde todo volverá a ser normal. A Kenai le habrá sido necesario volverse oso para convertirse en un hombre.
El film propone una módica dosis de aventura, abundante atractivo visual (no faltan ni la aurora boreal, ni las zonas volcánicas, ni las cavernas glaciales), unas cuantas canciones de Phil Collins que no siempre contribuyen al avance de la acción y algunas situaciones cómicas, pero prácticamente detrás de cada escena (o francamente expuesta con todas las palabras) está la voluntad didáctica, y por cierto hay formas más sutiles y entretenidas de predicar valores tan nobles como el amor, la fraternidad y la tolerancia entre los hombres y el respeto por la madre naturaleza. Basta echar un vistazo a mucho de lo que ha producido el cine de animación de "El rey León" para acá.




