El padrino: un clásico que vuelve a lo grande

El jueves se repone en los cines la gran creación de Francis Ford Coppola: cinco razones para volver a verla
Marcelo Stiletano
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20 de noviembre de 2011  

Dijo alguna vez Alec Baldwin que El padrino es como una droga. "Te quita la voluntad -confesó-. Quieras o no, siempre vas a verla." Sobraron en los últimos años oportunidades para experimentarlo en la pantalla chica, desde las versiones más elementales de la TV abierta o paga dobladas al español y con pausas publicitarias hasta la sofisticación de las ediciones restauradas en alta definición. Y más allá de las diferencias de calidad que pueda mostrar cada exhibición hogareña, puede afirmarse que cualquiera de ellas -como sostiene Baldwin- dejó su huella en el espectador. ¿Cuántos gestos, cuántas miradas, cuántas palabras y hasta secuencias enteras de la gran creación de Francis Ford Coppola quedaron impresas en el imaginario cultural desde su primera aparición en 1972?

Conocemos a la perfección los mecanismos de la película, pero a la vez sentimos -como ocurre frente a una obra imperecedera- que cada nueva visión enriquece todo lo que sabemos de ella. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se nos presenta la oportunidad de ver El padrino de nuevo en la pantalla grande, posibilidad que para muchos parecía imposible? He aquí cinco razones de peso para volver a verla en su entorno original. Podremos confirmar nuestras sensaciones o, tal vez, redescubrirlas al experimentar la visión en las condiciones similares a las de su lanzamiento, casi cuatro décadas atrás.

Una cuestión de proporciones: a partir del jueves próximo, presentada por CDI, El padrino se reestrenará en su formato y duración originales. La novedad es que llega en copias remasterizadas y con sonido surround para ser exhibida en todos los complejos cinematográficos del país, comenzando en su primera semana por la Capital Federal, el Gran Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata y Córdoba. Oportunidad inmejorable para apreciar en plenitud la concepción visual de Coppola, el formidable trabajo fotográfico de Gordon Willis -que tuvo sus enfrentamientos en el set con el realizador- y la extraordinaria concepción formal de un film que también pasó a la historia por su gusto y cuidado casi obsesivo por el detalle.

El tiempo recobrado: El padrino es hijo de su tiempo, en el sentido amplio del término, cinematográfico e histórico. Su aparición consagra a uno de los grandes protagonistas de la generación de directores cinéfilos (Coppola lo es al igual que sus contemporáneos Peter Bogdanovich, George Lucas, Steven Spielberg, Martin Scorsese y William Friedkin) en un tiempo de fuertes transiciones y temblores en la estructura de Hollywood. Esas tensiones se perciben aún en un film como éste, tan prolijo y hasta clásico en la manera de pintar una época. A la vez, la historia parece hacerse eco -aunque en un contexto histórico particular- del clima especialmente violento que vive y enfrenta la sociedad estadounidense de su tiempo.

La historia del crimen: astutamente, el productor Robert Evans descubrió que el modo en que el cine retrataba el mundo del crimen organizado no tenía hasta El padrino un artífice surgido del mismo entorno cultural. Ir descubriendo cómo Coppola maneja los códigos y comportamientos del mundo ítalo-norteamericano es también un modo de ver El padrino casi por primera vez, sobre todo si la memoria conoce y registra antecedentes que se remontan a títulos tan legendarios como el Scarface original y Enemigo público.

Un asunto de familia: casi como derivación del argumento anterior, Coppola y Mario Puzo encontraron en esa atenta mirada sobre el mundo en el que ellos mismos crecieron y la devoción por el detalle la posibilidad de edificar un retrato familiar que dejó para las siguientes generaciones un legado indeleble. Quienes lleguen a El Padrino después de mirar todo lo que ocurrió después en la materia (con Los Soprano a la cabeza) podrán experimentar algo así como una suerte de viaje hacia las fuentes originarias más genuinas. Por lo demás, si bien la película no tiene una mirada indulgente hacia sus personajes, queda clara en una visión acentuada por las magnitudes de la pantalla grande que la empatía con el público resulta poderosa. Y que -como se sugiere en uno de los documentales adicionales de la edición restaurada en DVD por el propio Coppola- un personaje como Vito Corleone, incuestionable asesino en serie, también puede hacer lagrimear y emocionar al espectador en los momentos más sensibles del film.

Clases magistrales: nada como la pantalla grande para volver a ver a un grupo inigualable de intérpretes desplegando todos los matices posibles en materia de actuación, desde la inigualable composición de Marlon Brando hasta la contenida profundidad interior que consagró a esa joven promesa llamada Al Pacino. A su alrededor se mueven la exultante vitalidad (James Caan), la duda y el remordimiento (el añorado John Cazale), la intriga en estado puro (el consigliere de Robert Duvall) y un elenco que, del primero al último, parece surgido de las entrañas del mundo real ítalo-norteamericano.

7 millones de dólares

Costó en su momento la producción de El padrino

268 millones de dólares

Recaudó en todo el mundo la película.

11 nominaciones al Oscar

Obtuvo en 1972

3 premios de la Academia

Se adjudicó finalmente: mejor película, mejor guión y mejor actor (Marlon Brando).

21 de julio de 1972

Fue la fecha de estreno del film en la Argentina.

10 son los países

En que se reestrenará este año el film, además de la Argetnina

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