
El poder de la marmota: cambiar las películas
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Hay películas-molde (algunos dirán templates). Películas que no se citan sino que funcionan como bases fructíferas. No se hacen guiños a estas películas, se las procesa y se usan sus enseñanzas, que han sido gigantes. Una película-molde clásica es Más corazón que odio (The Searchers, John Ford, 1956), y sus huellas pueden verse en Calles de fuego, de Walter Hill, y en los finales de La guerra de los mundos, de Steven Spielberg y Toy Story 3, de Lee Unkrich. Otra película-molde más reciente es Fuego contra fuego (Heat, 1995) de Michael Mann. Sus huellas están en la surcoreana Cold Eyes (2013), en The Dark Knight, de Christopher Nolan y en El aura de Fabián Bielinsky. Y, claro, en The Town, de Ben Affleck.
Otra película de los 90 se ha convertido en molde, en referente, en fuente: Hechizo del tiempo (o sea Groundhog Day, o sea El día de la marmota), de Harold Ramis, con guión de Danny Rubin y protagónico de Bill Murray. Es la película en la que Murray se despertaba siempre el mismo día con conciencia de haberlo vivido ya, mientras para el resto del mundo (el pueblo) era la primera vez. Groundhog Day ha sido obvio molde para Como si fuera la primera vez (con Adam Sandler y Drew Barrymore). El año pasado la tomaba como molde Cuestión de tiempo de Richard Curtis, que se animaba a plantear el aprendizaje y los límites de la repetición temporal. Y en la recién estrenada Al filo del mañana -con diálogos e ideas de montaje de Groundhog Day- Tom Cruise vuelve a vivir el mismo día (el día de su bautismo de fuego) una y otra vez. Y así -como lo hacía Murray- "aprende el día". Una buena influencia.



