
"El Polaquito", aplaudida
Ayer se exhibió a sala llena el último film de Desanzo
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MONTREAL.- Con dos funciones a sala llena que concluyeron en ambos casos con cerrados aplausos, se presentó en sociedad "El Polaquito", la coproducción hispano-argentina dirigida por Juan Carlos Desanzo que representa a nuestro país en la competencia oficial del Festival del Cine del Mundo de esta ciudad.
Una muestra de la expectativa que abrió aquí esta película estuvo dada por el hecho de que su proyección en el teatro Maissoneuve (la sala más importante de Montreal, de proporciones equivalentes a nuestro Gran Rex) fue la tercera más vista en lo que va del festival, sólo superada en número por la presentación, también en la competencia oficial, de las películas que representan a Canadá y a Francia, que en ambos casos cuentan a su favor con la identificación plena del público local.
"Comencé a escribir esta historia en 1990, a partir de haberme enamorado de una situación real: la integración de una chica en un grupo de 15 adolescentes que convivían en la calle. Inevitablemente, a los nueve meses nació un bebe y tres de los chicos decidieron asumir la paternidad. Seguí cavilando sobre la historia, buscando datos para el guión, hasta que en 1994 di con la verdadera historia del Polaquito", relató Desanzo, que llegó hasta aquí para presentar la película junto al productor Fernando Huberman y a la actriz Marina Glezer, única profesional en el elenco de adolescentes. El realizador se dedicó personalmente durante un año a seleccionar entre 1500 chicos de la calle a los protagonistas masculinos: de allí surgieron Abel Ayala (el Polaquito) y Fernando Roa (el Vieja), que antes del rodaje tuvieron seis meses de intenso entrenamiento actoral.
El resultado es un film intenso e incómodo, de lenguaje e imágenes muy crudas, en el que se retoma el tema de la marginalidad urbana (y sobre ciertas instituciones que no hacen nada por evitarla) ya instalado en el cine argentino más reciente con una modalidad narrativa de perfil más tradicional, propia de un cineasta experimentado como Desanzo. Y que, más allá de algún apunte testimonial excesivamente subrayado, acierta sobre todo al atrapar en plenitud, cámara en mano, la descarnada realidad de los escenarios reales de Constitución y La Boca, en donde viven personas con necesidades extremas y expuestas a todo tipo de riesgos.
"Toda la vida -confesó Desanzo- he sido un director profesional ortodoxo. Y ahora, a mis 65 años, estoy empezando a hacer una inversión en mi vida y tengo ganas de hacer películas con el look de las nuevas generaciones." El film seguirá su carrera en el circuito de los festivales en la inminente muestra de San Sebastián, antes de su estreno en la Argentina, previsto para principios de octubre.
Además de este film, que pareció ser recibido favorablemente por el público local -cuyo voto otorga también uno de los premios de la muestra-, las primeras exhibiciones aquí del documental "Yo no sé qué me han hecho tus ojos", de Sergio Wolf y Lorena Muñoz, y de "La mecha", largometraje de Raúl Perrone, fueron sendos prólogos de una vasta presentación de films argentinos a lo largo de esta semana. Ambos compiten por el premio a la mejor opera prima y en el primero de los casos también a la distinción al mejor documental.
En cuanto al resto de la competencia oficial conocida hasta aquí, el film que dejó la mejor impresión es "Gaz Bar Blues", de producción local.
Ayer impresionó gratamente la producción serbia "Kordon", agitada crónica de la locura que gana a un escuadrón policial a cargo de la represión de las revueltas de 1997 contra el fraude electoral en Belgrado, y desilusionó el film español "Planta 4ª", del veterano Antonio Mercero, un relato cargado de efectismos, elementos melodramáticos y humor forzado acerca de la vida de un grupo de adolescentes internados en un instituto oncológico que sólo se sostiene a partir de la simpática naturalidad de los jóvenes protagonistas.
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