
El rompecabezas de la memoria
Llega M , el documental de Nicolás Prividera, premiado en el Festival de Mar del Plata
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Nicolás Prividera estaba a punto de cumplir 36 años, la edad que tenía su madre, Marta Sierra -una trabajadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta)-, cuando fue secuestrada en 1976. El joven nunca supo bien qué fue lo que determinó esa tragedia, pero sí tenía cierta información acerca de la actividad de su madre, docente en la escuela de dicho centro, militante activa de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE, el sindicato que los agrupa), así como del "peronismo combatiente", léase Montoneros.
Nicolás inició una causa judicial que involucró a Jorge Zorreguieta, quien apenas comenzado el último gobierno militar había sido elegido por las autoridades de facto como titular de la Secretaría de Agricultura. Para el padre de Máxima, la actual princesa de Holanda, este antecedente generó en aquel país el informe del historiador Michiel Baud, en el que pormenorizó, entre otros casos, la relación de aquel funcionario civil con los hechos ocurrido en el Inta, bajo su jurisdicción.
El mismo Baud declaró (en una entrevista con Silvia Pisani a LA NACION, en 2001) que su intención era " que la sociedad holandesa tuviera una comprensión de la Argentina histórica y actual". La repercusión pública de aquella denuncia hace que Nicolás reciba el llamado de una vieja amiga de su madre que dispara la necesidad de comprender la o las causas de esa desaparición, que incluye un recorrido por organismos oficiales y no oficiales, viejos compañeros de trabajo y militancia, del que surgirán nuevos interrogantes, en todo caso, las dificultades para cerrar una historia que no es propia sino de toda una sociedad.
M , tal el sintético título del extenso documental -dos horas y media- que pasado mañana estrenará la distribuidora 791cine, recibió el premio Ernesto "Che" Guevara en la muestra de cine latinoamericano del 22º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y también fue presentado -fuera de concurso- en el último Bafici. El trabajo, además de los testimonios de los sobrevivientes del entorno chico de Marta Sierra, recupera numerosos superochos y películas caseras, que la muestran antes de que comenzara esta historia. Su hijo, ahora documentalista, dice que se comenzó a armar "un inmenso rompecabezas con piezas muy pequeñas, imposible de completar", y agregó, en diálogo con LA NACION,que necesitaba hacer este trabajo para "entender mejor el porqué de un presente que, en muchos casos, se resiste a la memoria y a la justicia, cuando es la sociedad la que debería asumir una respuesta madura, definitiva y contundente acerca de lo que ocurrió en aquellos tiempos", difíciles, poco después de terror.
"Hacer un documental sobre este tema y con esta extensión era preocupante, pero una vez terminado no podía cortarlo, y en cada proyección fui descubriendo que se sostenía. Por suerte nadie me presionó para cortarla, algo que agradezco, porque en principio no hubiera sabido cómo hacerlo", asegura el ahora cineasta, quien invirtió varios años de investigación y de registro de cómo esa búsqueda se llevaba a cabo con el fin de "obtener, aunque más no fuera, la huella de la imposibilidad de llegar a la verdad", dice.
El debutante es ambicioso. Asegura que M es la primera entrega de una trilogía: la segunda parte, 8 mm ., será una edición de las muchas películas familiares muy bien conservadas con las que, dice, intentará "reflexionar sobre el cine como arqueología de la vida cotidiana: la de una familia y de una época". La tercera, N/N , echará una mirada coral sobre "nuestra generación, la de los «huérfanos» literales o simbólicos de los 70", asegura.
Dictadura y sociedad
"Se estaban por cumplir 30 años del golpe y yo estaba por cumplir 36 años... Había una cantidad de cosas que se estaban, de alguna forma, cerrando y me impulsaron a hacer un recorrido personal porque, seguramente, hay cosas que a la Justicia no le interesaron y a mí sí me parecen significativas", insiste. "No sabía con qué me iba a encontrar: fue después de tener todo este material que pensé que había una película posible, y eso me dio la satisfacción de no quedarme con las manos vacías... En realidad tampoco encontré mucho más, pero poder hacer la película, como una especie de objeto aparte, de obra en sí misma, era haber logrado algo."
"La película sigue mi propio derrotero -dice Prividera-. Aún cuando en un primer momento de la presentación hubo un cierto interés periodístico y público por el tema Zorreguieta, sabía que detrás de ese personaje había más, que no se trataba particularmente de él en términos personales, sólo que era el que más interesaba, porque su hija era la princesa de Holanda. No se trata de una cuestión personal contra alguien en particular, sino hacer una reflexión sobre lo social, la responsabilidad civil en términos mucho más difusos, más amplios. A veces se dice que «si todos son culpables, nadie lo es», pero no se trata de hacer gradaciones, sino de poner más las cosas en su lugar: pensarlo en términos amplios, estableciendo una gama de grises. Obviamente, tiene más responsabilidad alguien con un puesto de gobierno que cualquier civil que haya estado acordado con la dictadura, pero lo que me interesaba era reflexionar acerca de todo esto, sobre los que apoyaron al golpe, y también sobre lo que fue la lucha armada, cómo se desarrolló esta espiral de violencia, de la que la sociedad no fue ajena. La responsabilidad está, en buena medida, repartida. La sociedad civil tuvo una responsabilidad importante en todo esto. Así como la dictadura tuvo apoyo civil, las organizaciones que participaron en la lucha armada, también venían siendo reconocidas por un vasto sector de la sociedad, una larga espiral, que viene de largo, que cuesta fechar hacia atrás: la eclosión fue el epicentro de un terremoto que venía de mucho antes."
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