El tema del verano: una canción pegadiza, tres jóvenes estafadoras y un apocalipsis zombie, en versión rioplatense
La comedia de terror playera, dirigida por el director uruguayo Pablo Stoll Ward, se estrena este jueves en la sala Lugones y la semana próxima en el Gaumont y otros espacios INCAA
14 minutos de lectura'
Hay algo en el ritmo, en la letra repetitiva, en la insistencia fugaz del tema del verano. Esa canción ineludible durante una temporada, que puede resultar insoportable en la primera escucha y para la decimoquinta solo queda rendirse a su familiaridad, que la llevará a ser recuperada con nostalgia, años después.
Con ese concepto como inspiración, El tema del verano, la nueva película de Pablo Stoll Ward, que se estrena en la Argentina este jueves (primero en la sala Lugones y la semana próxima en el Gaumont), conjuga la inofensiva invasión sonora de una moda pasajera musical, con algo más violento: la irrupción de un apocalipsis zombie.
El regreso de los muertos vivos genera un problema para las protagonistas de la película, Ana (Azul Fernández), Malú (Malena Villa) y Martina (Débora Nishimoto). Las jóvenes estafadoras, cada una con su especialidad y su estética, como si fueran Los ángeles de Charlie o las Spice Girls, llegan a las calmas playas de José Ignacio, a la residencia para artistas de un millonario, con la idea de drogarlo a él y a sus invitados, para robarles mientras duermen. Un error de cálculo transforma el sueño en muerte. Pero, con la misma insistencia del tema del verano, los muertos vuelven a la vida y las tres amigas tendrán que enfrentarlos.
La combinación de comedia y terror es tan atractiva en el cine, como es desafiante lograr el equilibrio entre ambos géneros. En una charla con LA NACION, el director de 25 watts y Whisky (ambas co-dirigidas junto con Juan Pablo Rebella), cuenta que tuvo que trabajar con especial cuidado, en todas las etapas de la película, sobre un aspecto que es de lo que más le interesa en el cine propio y en el de otros: el tono.
“Me interesa detectarlo en las películas que me gustan y después, tratar de trabajarlo en lo que yo hago y que no se me vaya -cuenta Stoll Ward, en la entrevista vía Zoom-. A veces es difícil, en una escena lo tenés, otra escena se te fue, después hay que buscarlo. Es un trabajo que implica no solamente al guion y el rodaje, sino después es mucho del montaje, incluso hasta de la música, del sonido. En esos momentos en lo que estás trabajando más que en la narración, de repente, es en el tono. Siempre, desde que nació, la idea era que fuera una película que se fuera zombificando de alguna forma y que pasara por varios géneros, pero siempre manteniendo el tono y viendo si podíamos jugar con la tensión que generan esos géneros para lograr el tono. La idea era que empezara como una película de romance de verano, pasara a una película de robos y terminar haciendo una de zombies”.
Muchas cosas cambiaron en los diez años en los que Stoll Ward estuvo trabajando sobre el proyecto, que terminó siendo una coproducción uruguaya, chilena y argentina. La incorporación de Adrián Biniez, director de Gigante y El cinco de talleres, como coguionista trajo, entre otras cosas, un cambio de punto de vista al de las tres chicas estafadoras, uno de los aspectos más interesantes de El tema del verano.
También apareció un personaje, interpretado por Daniel Hendler, que en su breve pero notable participación, según dice el director, “tira toda la doctrina y es como la Generación X hablándole a los pibes, desde ese lugar de que no entendemos nada, qué carajo está pasando y de cambiar de opinión en minutos y cosas por el estilo”.
Lo que no cambió en todo el proceso creativo fue la forma en la que el director quería retratar este “apocalipsis playero”. “Siempre estuvo la idea de que los muertos se van a ir levantando de a poco, se van a ir dando cuenta de a poco que están muertos -explica Stoll Ward-. Entonces, de ahí jugar con un montón de chistes al respecto de la vida y la muerte, que también se pueden hacer más en el fantástico y en el terror, que incluso en la comedia más clásica. Capaz que la referencia más clara no es tanto del mundo zombie, sino de repente más como La muerte le sienta bien, que ahora se transformó en La sustancia. Pero me gusta más La muerte le sienta bien”.
En ese sentido, los guionistas decidieron tratar de abordar el punto de vista de los zombies, lo cual no es tan típico de esta clase de historias.“No tanto el punto de vista del humano que reorganiza su pequeña sociedad, con la amenaza exterior, que es más clásico de película de fin del mundo y de zombies, sino estos personajes que terminan abrazando, de alguna forma, el morirse y tratar de vivir felices en esa situación”, explica el director.
Durante el desarrollo de El tema del verano sucedió la pandemia y, como en tantos otros órdenes de la vida, impuso sus restricciones sobre el rodaje de la película, pero también la necesidad de hacerse cargo de los cambios de mentalidad y nuevas obsesiones que despertó.
“Estábamos escribiendo una película sobre zombies y el fin del mundo y no sé qué, en una situación absolutamente absurda que estábamos pasando -cuenta Stoll Ward-. Entonces nos pareció, que no era como para decir, ‘esto no sucedió, seguimos’. Porque además sabíamos que si la película se filmaba, se iba a filmar dentro de esas coordenadas de producción, que fue lo que pasó”.
Renacimiento zombie
En la tradición cinematográfica, los zombies sirven como metáfora de distintas situaciones sociales. Hay casos en los que ese poder como símbolo cobra mayor importancia en la narración, casi como si fuera una excusa para contar algo dramático, y se pierde la función más cercana al shock y el entretenimiento.
“Tratamos de evitar eso que me pasaba, por ejemplo, con The Walking Dead, que leí las historietas y me gusta mucho, pero había temporadas enteras en las cuales no aparecía un zombie -dice el realizador-. Era todo el tema de lo que pasa entre ellos, que ya entendí, pero llevame un poco a la parte más sobrenatural, que es lo que nos está llevando a este lugar y no tanto a la reflexión”.
La nostalgia por cierto cine de terror que vio cuando era chico, estuvo muy presente en la mente de Stoll Ward mientras hacía su propia película de zombies. “Me crié viendo VHS de películas italianas de exploitation -cuenta el director-. Entonces, acá hay una exploitation también, de otras cosas. Seguís usando a los zombies para explotación, no de gore, sino de contarme cosas que de otra forma no podrías. Tratamos de balancear eso y no olvidar el tono de comedia y de absurdo. Mi interés en el zombie siempre fue del monstruo absurdo, que no tiene el lore de Transilvania, ni de que lo armaron en un laboratorio. Sino, partiendo de George Romero: un día se despiertan los muertos y no sabemos qué pasó. Eso me gustaba. Las películas de Romero, pero sobre todo las de John A. Russo, que se peleó con él, y que se fue más para ese lado de la comedia y de jugar con otras cosas. Son las películas de zombies que más recuerdo de niño”.
Esas películas las recuperó para mostrárselas a las tres protagonistas, aprovechando la cuarentena que tuvieron que hacer cuando llegaron a Uruguay. Las preguntas de las actrices, que no estaban tan familiarizadas con el género, sobre el funcionamiento del universo de los zombies en el film, terminaba invariablemente en la explicación “porque estas películas son así”, por parte del director, a quien le interesaba ahondar en esa tradición cinematográfica.
“Una cosa que me pasó bastante, con la gente que vino en Uruguay a ver una película ‘del que hizo Whisky’, fue enfrentarme en las presentaciones, a un montón de gente y decir, ‘Ah, ninguno vio nunca una película de zombies’. Entonces, preguntaba, ‘Levanten la mano todos los que nunca vieron una película de zombies’. Y levantaba la mano el 75% de la sala. Después, cuando terminaba el momento de preguntas y respuestas con el público, decía, ‘¿Quién de ustedes va a volver a ver una película de zombies?’ Y ahí menos gente levantaba la mano. O sea, esto es como una especie de paréntesis que hacemos, pero no es algo en lo que vamos a entrar. No fue una gran forma de evangelizar al respecto del mundo zombie, por lo menos acá”, dice, riéndose, Stoll.
La comedia de zombies tuvo un renacimiento a mediados de la década del 2000 con Muertos de risa, dirigida por Edgar Wright, protagonizada por Simon Pegg y Nick Frost. La película se convirtió en la referencia más inmediata y admirada del subgénero, recuperándolo para la cultura popular, al menos por un tiempo.
“En ese momento se vio como una recuperación de algo que estaba medio perdido, abajo de un montón de capas de películas de zombies serias -dice Stoll Ward-. Incluso las últimas de Romero, que eran serias. Esa película me parece genial, las primeras películas de Edgar Wright me parecen alucinantes. Lo que pasa es que esa película es demasiado buena. No la tuvimos mucho en mente por eso, o sea, porque es tan buena que te apabulla”.
Stoll Ward mira más hacia atrás para encontrar las referencias que influyeron en El tema del verano. Sobre todo, a aquellas películas que disfrutaba cuando era chico, sin mediar análisis sociológicos, ni cinematográficos. Cuando los zombies eran solo para divertirse un rato.
“Hay una sensibilidad de haber visto películas de zombies cuando era chico y de muchos tipos -explica el director-. Las que eran tipo El regreso de los muertos vivos, que era una comedia, y las de Lucio Fulci, que de repente eran comedias a pesar de ellas, de lo truchas que eran. Yo era muy de juntarme con amigos a ver esas películas de pibe, entonces se genera esa cosa, de cuál es realmente la que te afecta como te tiene que afectar y con cuál te reís”.
Esa educación cinematográfica casual fue operando como alimento de la creatividad del director. El tema del verano no es una película cuya referencia sea la realidad, sino que su espejo son otras películas. Y hasta series de televisión.
“La camioneta es la de la serie que acá se llamaba Los Magníficos, ustedes la llamaban Brigada A -dice Stoll Ward, manejando los títulos de ambos lados del Río de la Plata-. Fue un poco por ese lado, junto con el Garza (Biniez), que es un tipo supercinéfilo también, en el sentido más amplio, y con Manu Rebella, el director de fotografía, que también es de haber visto muchas películas desde muy pibe. Hice un trabajo de montaje, que para mí estuvo bueno y nunca había hecho, que fue a trabajar con una montajista durante el rodaje y después con otro en las versiones finales. Con esa montajista, que se llama Lucía Casal, es uruguaya que vive en España, ella miraba el material a contrahorario, opinaba y nos mandaba cosas para hacer. También es supercinéfila. De repente, sin nombrar referencias específicas, como que ya sabíamos de qué estábamos hablando, sin decirlo”.
Las referencias audiovisuales no son el único elemento pop de la película. El concepto de “el tema del verano”, una canción pegadiza y omnipresente de la temporada, es central en el film y la expansión de esa idea completó el universo de la comedia de zombies.
“Tardamos tanto tiempo en hacer la película, que la sonoridad de los temas del verano fueron cambiando, en diez años - cuenta Stoll Ward-. Cuando arrancamos no existía el trap, o sea, existía pero no era lo que es ahora. Entonces, pasamos por una cosa más popera europea, más electrónica, a una cosa más latina reggaetonera y ahora es como todo eso junto. La confección del tema del verano fue muy lindo de hacer, la hizo también el Garza y Nico Soto, que es otro amigo músico, y Luciano Supervielle, que es quien hizo también el score. Fue ‘esto tiene que ser un tema chicloso de verano’. O sea, que realmente pegue, como que te la quedes cantando, pero que sea mala. Y que tenga todas las partes que tiene que tener, que empieza de una forma, después tiene una voz femenina, una voz masculina, alguien que rapea, la repetición de algo. Combinamos este tipo de cosas, sabemos que no tiene que ser espantosa, pero a la vez tiene que ser espantosa. Incluso, las escenas gore son un poco así también. Tienen que ser re feas, pero a la vez es una película. O sea, no buscar la hiperrealidad”.
25 años después
El estreno argentino de El tema del verano, que ya se exhibió en festivales como el de Sitges, y en salas de Uruguay y Chile, los otros países co-productores, coincide con el aniversario de los 25 años del estreno en el festival de cine de Rotterdam de 25 watts. La película dirigida por Stoll Ward junto con Juan Pablo Rebella, marcó una renovación en el cine uruguayo, muy ligada a lo que estaba sucediendo al mismo tiempo en nuestro país.
“Yo hubiera hecho una de zombies a los 20 años también, pero no era el momento -aclara Stoll Ward-. Había como un espíritu de época que iba por otro lado, por una cuestión más autorreferencial. Quedamos como metidos de colados en el vagón del Nuevo Cine Argentino, porque éramos de la misma generación, vivíamos en la ciudad de al lado, mirando la misma televisión, básicamente haciendo lo mismo, escuchando la misma música”.
A pesar del impacto que generó la aparición de 25 watts, que recorrió varios festivales internacionales y la confirmación que significó para la dupla Rebella-Stoll Ward su siguiente película, Whisky, el director no considera que el cine uruguayo haya tenido el desarrollo que parecía posible en ese momento.
“Lo que siento, medio bajón, es que en Uruguay puntualmente no pasó mucho al respecto del desarrollo de más películas -dice el director-. 25 watts sigue siendo algo, porque en 25 años no hubo veinticinco 25 watts. Hubo algunas, pero no llegaron a instalarse de esa manera. Me refiero a películas hechas por cinco pibes, que se juntan a hacer una película en verano, a contar una cosa de ellos. Y después sí, tal vez, me voy a hacer cargo de que hubo más intentos de hacer otras Whisky. Algunas funcionaron, pero igual sigue siendo difícil hacer una película en Uruguay. Ni que hablar en la Argentina, que es mucho más difícil que nunca jamás. Sigue siendo difícil estrenar, siguen pasando las mismas cosas, no hubo un progreso. Esta película, El tema del verano me costó muchísimo hacerla, estrenamos en Montevideo y no pasó mucho. Y la gente te dice, ¿cuándo la van a pasar en una plataforma? No se sabe. Entonces, también, en este tiempo el cambio de formas de consumir audiovisual ahí me deja…quedó tan pintado como el personaje de Hendler en la película con respecto a los zombies. O sea, no tengo ni idea qué está pasando”.
Para Stoll Ward, la construcción de su propia carrera como director y guionista estuvo expuesta a las condiciones específicas del contexto, además de la pérdida que significó la muerte de su socio, Rebella, en 2006.

“El sentido de carrera, desde acá siempre fue medio extraño, porque es un lugar que no tiene industria -explica el director-. En algunos momentos, coqueteamos con Juan con la idea de ir a otros lados, ir a Buenos Aires. Después Juan se murió, yo hice otras cosas, me fui a Colombia, di vueltas, y termino siempre acá, tratando de hacer la película que quiero hacer, que es re difícil. Es una cosa medio rara, que no tengo del todo resuelta. Me encanta acordarme de 25 watts y de Rotterdam, de haber conocido un montón de gente, con la cual todavía soy amigo, pero, a la vez, ya pasó eso”.
Dejando el recuerdo de sus comienzos y los planes para el futuro a un costado, para Stoll Ward ahora es el momento de El tema del verano y de convencer al público de que los zombies todavía pueden ser divertidos.
1Taxi Driver: los 50 años de la película que cambió para siempre al cine y que hoy nadie se atrevería a filmar
2Netflix dio a conocer el primer trailer de la película Parque Lezama, basada en la exitosa obra teatral
3En Migración, Gerard Butler es un moderno Moisés en medio del fin del mundo, desesperado por salvar a su familia
4Arco: una obra visualmente deslumbrante, conceptualmente ambiciosa y con alto voltaje emotivo que compite por el Oscar



