El trágico final de dos actores italianos
Llega Las vidas privadas, la nueva película de Marco Tullio Giordano, director de La mejor juventud
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Cuando en 1943, en plena guerra, Benito Mussolini es alejado del poder y se refugia en Venecia (donde "funda" la República de Salò), el dictador intenta trasladar al Norte la Cinecittà que él mismo había inaugurado en Roma. "Los que iban allá eran pequeños realizadores, pequeños actores -contaba Ettore Scola en un texto evocativo-, aunque también hubo un gran actor, Osvaldo Valenti, nombre ligado al de su mujer, Luisa Ferida, una pareja líder del cine del ventennio fascista." Se sospechó que Valenti y Ferida habían colaborado con las torturas, por lo que, al final de la guerra, los partisanos los fusilaron.
Esta impactante y trágica historia real es la que reconstruye el realizador italiano Marco Tullio Giordana ( La mejor juventud ) en Las vidas privadas ( Sangue pazzo ), su más reciente film, que el jueves próximo se estrenará en Buenos Aires.
Sorprende que un suceso en el que confluyen el divismo, la droga, la política y la traición no hubiera sido abordado hasta ahora por el cine italiano. "Es que había muchos prejuicios en torno a esta gente, y se creía en la culpabilidad de la pareja", explica Giordana, a quien LA NACION abordó -a través de un celular- en plenas vacaciones veraniegas, en el golfo de Squillace (Calabria).
"Fueron personajes muy controvertidos -sigue diciendo el realizador-. Se dijo que habían torturado a partisanos, pero no fue así." El proyecto de Giordana de llevar al cine este resonante caso viene de muy atrás: "El primer guión lo boceté en 1981, mucho antes de Los cien pasos y de La mejor juventud ; fue el intento que siguió a mi debut con Maledetti vi amerò ". A Giordana lo tranquilizan las críticas que saludaron al film en Italia: "[A pesar de que] se trataba de un episodio de nuestra historia muy polémico: deberían ser considerados como personas, no como fascistas militantes, sino como actores enfermos de narcisismo".
-Pero ¿llegaron a torturar, respaldados por las SS?
-No, de eso eran inocentes. Se vincularon con torturadores, pero por el hecho de que eran ellos quienes les suministraban la droga: eran cocainómanos, su punto débil. Lo supe porque cuando comencé a bosquejar el film entrevisté a protagonistas de aquellos sucesos, los mismos partisanos que los fusilaron (todavía vivían algunos) estaban convencidos de que eran sólo dos actores mitómanos que no merecían acabar así, pero detrás existía una razón de Estado, de dar un ejemplo. Por eso en la época del gran cine italiano no se atrevieron a meterse con este asunto: después de la guerra, la Ferida y Valenti eran la encarnación del mal, y ciertas cuestiones del fascismo eran tabú.
-En los años 30, la Ferida era la belleza más resplandeciente del cine italiano. De no haber contado con Monica Bellucci, ¿a quién habrías llamado para encarnar a semejante diva?
-Hubiera tenido serias dificultades. El tipo de divismo de actrices como la Ferida fue algo que en Italia se mantuvo en los 50 con la Loren o la Lollobrigida, y en los 60 con la Cardinale. Pero después desapareció. Hay buenas actrices, hoy, en Italia, con carisma, pero el divismo ha muerto. Me habría resultado difícil encontrar a alguien que encarnara el espíritu del star system. En cambio, la Bellucci, más allá de su calidad de actriz, tiene familiaridad con lo fashion, con la celebridad y el made in Italy. Siempre pensé en Monica: la conozco desde hace muchos años y somos muy amigos.
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