Entre copas por la ruta del vino
Charla telefónica con el realizador que se considera lejos del estilo de Michael Moore
1 minuto de lectura'
La gran repercusión, las protestas y las críticas que tuvo su película "Mondovino" terminaron de confirmar la hipótesis de que en tiempos globalizados hasta el poder se presenta en forma homogénea en el planeta. Después de su exhibición en la competencia oficial del Festival de Cannes, los hombres más poderosos involucrados en la producción mejor rankeada del vino mundial reaccionaron igual: quisieron denunciar al director norteamericano Jonathan Nossiter por "manipulación de la imagen y el sonido" de la película.
Esta reacción no hace más que reforzar esa impronta de thriller político tipo "El Padrino" que tiene este documental sobre la ruta del vino a través de varios clanes familiares que entre uvas y negocios discurren frente a cámara sobre el sabor del internacional del momento. "Todos los poderosos, desde el consultor internacional francés Michel Rolland, hasta el crítico de vinos norteamericano Robert Parker, los Mondavi y el marqués Antinori están muy enojados con la película y amenazaron con hacerme juicio -contó por teléfono el realizador a LA NACION desde su casa en Río de Janeiro-. Yo los invité a mi sala de montaje, pero no quisieron venir, ellos están acostumbrados a que se les hagan reverencias, nadie los critica. Es que nadie confió en lo que sería «Mondovino». Para mucha gente fue una locura que un cineasta como yo, que hace ficciones, perdiera el tiempo viajando por el mundo filmando encuentros con su camarita a los productores de vino. Hasta mi agente en Hollywood me dejó diciendo que iba a arruinar mi carrera como cineasta."
Nossiter no es un iniciado en los viajes, como no lo es en el cine ni en el mundo del vino. Hijo de un corresponsal del Washington Post repartió su infancia entre Francia, Italia, Grecia e Inglaterra. Dirigió varios largometrajes que compitieron internacionalmente, como "Sunday" (que ganó en Sundance) o "Signs & Wonders" y "Mondovino", que se presentaron en Berlín y Cannes, respectivamente. Durante 15 años fue sommelier en importantes restaurantes de París y Nueva York. Y durante cuatro años se dio el gusto de viajar por Europa y América del Norte y del Sur para filmar esta película que es mucho más que un documental sobre vinos ya que lo que queda expuesto es cómo impacta la globalización en las culturas, en los negocios y hasta en el placer. Para Nossiter no es ni siquiera un documental, y hasta la considera también una novelita mexicana "porque el vino es una cosa lindísima, pero también ridícula por el esnobismo y por la pretensión social y de poder que siempre va junto con él, desde los griegos y romanos".
-Cuando inició esta road movie, ¿sospechaba todo el trasfondo político-social y cultural que iba a aflorar con los vinos?
-Hubo un poco de sorpresa porque si bien yo había trabajado con el vino, no tenía contacto con sus productores. Yo creo que asistí en los años ochenta a una revolución político-social en el mundo del vino. Un criminal como Bush existe hoy porque antes hubo otro que fue Reagan que transformó a la sociedad norteamericana al estimular la búsqueda del dinero como un acto delicioso. Ese deseo del consumidor americano por el vino como estatus fue una imitación de los grandes imperios. Y fue fácil con el nacionalismo norteamericano y la llegada de personas como Robert Parker, que es un propagandista y no un periodista, cuando comenzó la propaganda del vino californiano, diciendo que es más fácil para beber, más dulce, más alcohólico, y que sobre todo es una expresión de poder. Desde entonces no se habla más de sutileza, de complejidad, ni de intercambio de amistad. Ellos lograron transformar el paladar y su diversidad, lo estandarizaron al gusto de un grupo selecto.
-Sus entrevistas no parecen ser del todo agresivas con los poderosos del vino. Su estilo no es acusador como el de Michael Moore...
-Es que yo me siento lo contrario en todos los sentidos de Michael Moore. Para mí no hay diferencia entre Moore y Bush: son dos americanos del norte que piensan que existe el bien y el mal, y que el bien siempre está de su lado. Intelectualmente, Moore es un problema. He compartido ideas políticas con él, pero creo que hoy la lucha es ética, las luchas ideológicas fueron hasta los años 80.
-¿La simpatía le sirvió para entrar en la intimidad de los popes del vino mundial?
-Creo que hay una diferencia profunda entre el trabajo de mi padre como periodista y el mío como cineasta. El tenía la responsabilidad de estar un poquito lejos para hacer su trabajo de una manera más noble. Como cineasta mi responsabilidad es entrar en la piel de la persona que está conmigo, como me lo enseñaron actores como Charlotte Rampling o Irene Jacobs, a los que nadie les cree si mienten. En "Mondovino", como director yo fui también actor, porque fui un protagonista marginal de cada escena de la película.
-¿Los entrevistados sabían siempre que estaban siendo filmados?
-Siempre. Yo intenté conseguir una inmediatez en la captación del ser humano. Creo que nunca hice una entrevista sino que fueron encuentros, ocasiones de una puesta en escena espontánea. Sólo los Mondavi, de Napa Valley, pidieron una entrevista formal. Y al que no quería que lo filmara lo respetaba. Parker y Rolland piensan ahora que soy el diablo. Pero yo tengo la certeza de que en "Mondovino" hay mucha ternura con todas las personas, aunque sean personas que políticamente están haciendo mucho mal en el mundo. Pero no los considero la expresión del mal. Michel Rolland es un hombre muy interesante para mí, me gustó mucho cuando lo filmé. El es como el personaje del libro de Balzac, "Les illusions perdues", el criminal-seductor.
-Es simbólico que termine la película en Salta, donde a cinco kilómetros de distancia viven Arnaldo Etchart, orgulloso de tener el visto bueno internacional de Rolland, y el campesino Antonio Cabeza, heredero de una hectárea que sigue la tradición de sus abuelos.
-Hasta a la Argentina llegó el efecto Rolland. Este francés con el poder norteamericano detrás y esta onda de internacionalización logró modificar el sabor de los vinos argentinos. Y tu país tiene las tierras más lindas para la producción. Yo soy un amante profundo de los vinos argentinos.
-En esta mezcla de comedia humana y thriller político hasta los perros que aparecen en su película hablan de sus dueños: el de Parker se llama Hoover, como un famoso criminal norteamericano, y el del campesino salteño, Martin Luther King....
[Risas] -Sí, los animales también son un símbolo de estatus. El crítico de vinos Robert Parker tiene su perrito de raza asegurado en un millón de dólares. En su cabeza, Parker es un hombre de izquierda que vota en contra de Bush, pero no se da cuenta de que él es Bush en el mundo del vino, como Michael Moore no entiende que él es Bush en el mundo del documental norteamericano.
Redux
- Como si los poderosos del vino tuvieran poco ya con "Mondovino", Jonathan Nossiter está terminando de posproducir una versión de 10 horas, dividida en 10 capítulos de esta película, que saldrá en septiembre en Francia. "Es que tenía 500 horas de grabación y tenía que hacer algo más con ese material -contó Jonathan Nossiter a LA NACION-. La última hora está dedicada a la Argentina y hay mucho más sobre Cafayate y la estructura de poder que se da en las personas que lideran la identidad salteña."





