
Escenas de la vida 30 años después
El realizador sueco se dedicó al teatro y a la TV y hacía veinte años que no filmaba
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“Hay algo ligeramente erótico en ese círculo de luz, algo mágico”, señaló recientemente Ingmar Bergman, a los 84 años, durante el rodaje de su nueva película, “Saraband”. El título proviene de un número de una de las suites para chelo solo de Bach: “La sarabanda”, una danza que fue prohibida en España en el siglo XVI por su supuesto erotismo. De la mano de Bergman lleva, en el siglo XXI, al reencuentro de los personajes de Marianne y Johan, treinta años después de “Escenas de la vida conyugal”, de 1973. “Es un concerto grosso, una pieza para orquesta y cuatro solistas”, dijo Bergman, que filma esta película con una cámara digital.
En el set también están los mismos actores de “Escenas...”: Erland Josephson, con 79 años, y Liv Ullmann, con 62. Y afortunadamente esta reunión marca el regreso del prestigioso director sueco al cine, después de veinte años dedicados a la TV y al teatro tras su última película, “Fanny y Alexander” (1982).
La luz matinal penetra en un comedor diario, tal como se observa en las fotografías enviadas por la productora del film, Sveriges Television, a La Nacion. En ellas, Bergman da algunas indicaciones a la joven actriz Julia Dufvenius, mientras a Liv Ullmann, su actriz fetiche y también su ex mujer, le retocan el peinado.
En la única entrevista que el realizador de “Cuando huye el día”, “La fuente de la doncella” y “La flauta mágica”, entre tantas otras, concedió a un medio periodístico (la revista Sight & Sound) dijo, con su particular sentido del humor: “¡Oh, Dios! ¡Soy un kamikaze! Es demencial que haya vuelto a meterme en esto. Acabo de cumplir 84 años. Erland padece mal de Parkinson desde hace tres años y fue operado de dos coágulos en el cerebro. Liv tiene problemas cardíacos. Börje se rompió el tendón de Aquiles. Julia y yo somos los únicos con buena salud en todo el equipo: la más joven y el más viejo. Varias personas quisieron venir a filmarnos durante el rodaje. Parece que todos creen que me moriré durante la filmación”.
El director que superó estadios depresivos y anunció ya, vanamente, y varias veces, su retiro volvió a anunciar que le dirá “adiós a todo cuando termine de filmar «Saraband», y volveré a la isla Farö y ya no saldré de allí. Me dedicaré a escribir y a ver películas”. Aunque “Saraband”, según cuenta, fue como un renacimiento para él: “En el verano de 2001 descubrí que estaba otra vez embarazado. Como le sucede a Sarah en la Biblia, supe para mi asombro que esperaba un nuevo hijo a pesar de mi avanzada edad. Al principio me sentí mal, pero luego lo acepté como algo divertido: otra vez con ganas de ponerme detrás de una cámara”.
En realidad, originalmente “Saraband” iba a ser otro proyecto para la televisión de su país. Pero después de su reclusión en la isla donde escribió el guión (la misma en la que vivió años atrás con Liv Ullmann y también escribió el guión de “Infidelidades”, que ella dirigió) “no estaba muy seguro sobre qué hacer con él –contó–. De inmediato supe que lo mejor sería la televisión. Pero los productores quieren estrenarla en los cines. Lo bueno de hacer una película para la televisión es que se emite una noche y después desaparece. Actualmente hay tanto circo alrededor de las películas... Hay que enviarlas a festivales, conseguir que las nominen para premios. Para mí es algo insignificante”.
Lucha de poderes conyugal
Tampoco le interesó mucho que de la Argentina le propusieran la adaptación teatral de “Sonata otoñal” (1978), hasta que finalmente la autorizó y, con la dirección de José Carlos Plaza, actualmente es representada en el Multiteatro porteño por Leonor Manso, Virginia Innocenti y Héctor Bidonde.
El prefiere no considerar a “Saraband” la secuela de “Escenas de la vida conyugal”, aunque admite que al pensar la película no pudo evitar imaginarse qué le ocurriría a ese matrimonio treinta años más tarde. Este realizador que ha utilizado el cine como un instrumento para la meditación filosófica y que se adentró en las relaciones personales planteó esta película también como una obra teatral en varias escenas (diez, en este caso) con un epílogo.
En la entrevista con Sight & Sound repasa el interés previo y posterior a la llegada del cine mudo y aterriza directamente en el movimiento danés Dogma 95, motivado por el uso que hará de una cámara digital. “Sé que a muchos les gustan esos films, pero a mí no me resulta fácil relacionarme con sus aspectos técnicos. Para mí no es más que un truco, y no creo que sea de los mejores.” Dice que Lars von Trier es un “genio inseguro de su genialidad. Se la pasa huyendo y corriendo cuando debería quedarse quieto y buscar en su interior. La gente dice en broma que para hacer una película Dogma se necesitan cinco personas: una para sostener la cámara y otras cuatro para mover al hombre que la sostiene”.
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