E.T. supera la dura prueba del tiempo
Pocos cambios en esta nueva versión
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Antes que nada, hay que desechar cualquier recelo: esta "edición especial" con la que Steven Spielberg vuelve a contarnos la breve visita a este planeta del pequeño extraterrestre no ha sufrido sino modificaciones bastante superficiales, y en su esencia es la misma película encantadora que entretuvo y emocionó a chicos y grandes hace veinte años.
Es prudente advertirlo porque, como suele suceder con la mayoría de las historias que el público (sea éste lector o espectador) guarda en su corazón, todos se sienten un poco dueños de la historia y como tales, legítimos custodios de su identidad. Por otro lado, tampoco debe preocupar el efecto que los años pueden haber hecho sobre el film: como todo el mundo sabe, aunque se trate de un cuento de ciencia ficción, el atractivo de "E.T." tiene poco que ver con la magia de los efectos especiales y mucho más con su ánimo benevolente y con la seducción perdurable de su aventura, contada con la sencillez de los relatos infantiles y beneficiada por la habilidad de un narrador adulto que sabe administrar suspenso, humor y ternura sin perder el candor y la buena fe del chico.
Trae esta versión cuatro minutos más que la original; las imágenes han sido depuradas y la banda sonora -especialmente la recordada música de John Williams-, favorecida por un remezclado digital. También los efectos han sido mejorados y en algún caso sirvieron para modificar detalles, como las armas que traían los agentes enviados por el gobierno convertidas ahora en walkie-talkies.
Ninguno de los agregados en la nueva edición resulta demasiado significativo: hay algunos planos callejeros más del festejo de Halloween y una breve escena de humor cuando al visitante del espacio se le ocurre investigar el baño, estrujar un tubo de pasta dental y sumergirse en la tibieza de la bañera.
Y poco más. Spielberg habrá juzgado, con buen tino, que convenía no interferir en el estrecho diálogo afectivo que perdura entre el espectador y el film, o la memoria de éste. Así como está, con sus personajes transparentes, su espíritu fraterno y tolerante, su progresión llana y su ternura y aun con sus visibles apelaciones a lo emotivo -sobre todo en la porción final-, "E.T." permanece fresca como si hubiera sido estrenada ayer.
Lo que sí permite apreciar esta revisión a tantos años de su lanzamiento son algunos aspectos que quizá quedaron un poco desatendidos ante el impacto de la simpática criatura diseñada por Carlo Rambaldi y ante la fuerza emotiva de este nuevo encuentro cercano con el que Spielberg afirmaba su visión positiva y amigable de los seres de otros mundos. Por ejemplo, el admirable y decisivo aporte de Henry Thomas, como el chico de corazón abierto cuya candorosa benevolencia hace posible el encuentro con el viajero, iniciado con la maravillosa escena del "diálogo" de la pelota; la maestría de Spielberg para ahorrar palabras y alcanzar el suspenso -o la emoción, o la poesía- en términos puramente visuales, y su inteligencia para oponer, sin subrayados innecesarios, la científica, temerosa desconfianza de los adultos ante lo desconocido y la capacidad de los chicos para aceptar la maravilla con toda naturalidad.
Tal vez no sea el mejor film de Spielberg, pero sigue cautivándonos con la frescura de su sencilla fantasía y su sincero llamado a la comprensión y la buena voluntad.
Ficha técnica
- "E.T., el extraterrestre" ("E.T., the Extraterrestrial" (EE.UU./ 1982, color), presentada por UIP. Dirección: Steven Spielberg. Con Dee Wallace, Henry Thomas, Peter Coyote, Robert MacNaughton, Drew Barrymore. Guión: Melissa Mathison. Fotografía: Allen Daviau. Música: John Williams. Edición: Carol Littleton. Duración: 118 minutos. Calificación: apta para todo público.





