
Falleció el director de El paciente inglés
La prematura muerte de Anthony Minghella, a los 54 años, llenó de consternación al mundo cultural del Reino Unido
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LONDRES (EFE).- El director británico Anthony Minghella, autor de films tan premiados como El paciente inglés y El talentoso señor Ripley , murió ayer a los 54 años de una hemorragia cerebral en el hospital de Charing Cross, donde la semana pasada había sido operado de un tumor en el cuello.
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Anthony Minghella siempre correspondía con una sonrisa los múltiples reconocimientos que recibió por una obra múltiple e intensa que deja trunca en la plenitud de su talento. Hollywood siempre reconoció su elegancia para narrar melodramas cargados de aliento épico y un raro talento a la hora de manejar elencos plagados de estrellas -sobre todo femeninas-, y Europa lo consideró en todo momento como uno de sus mejores baluartes en la defensa de su propio cine frente al avance arrollador de las producciones norteamericanas.
Pero lo que en definitiva distinguía a Minghella de sus pares, más allá de una cordialidad a toda prueba, era una amplia y cuidadosa formación cultural que se forjó en la literatura y la docencia universitaria y más tarde se destacó todavía más en varios escenarios: fue dramaturgo de éxito, brilló con algunas de sus puestas como regisseur de ópera (con Madama Butterfly , reproducida al aire libre en Times Square a través de pantallas gigantes, paralizó el centro de Nueva York en septiembre de 2006) y, sobre todo, recibió el reconocimiento general por su tan breve como exitosa obra cinematográfica.
En la pantalla grande llegó a lo más alto con El paciente inglés , adaptación de una novela de Michael Ondatjee que en 1996 obtuvo nueve Oscar (entre ellos, mejor película y mejor director). Fue la consagración definitiva de un director que hasta allí había llamado la atención con un pequeño drama romántico ( Truly, Madly Deeply , su ópera prima de 1991) y la poco vista comedia de amor ¿Con quién caso a mi mujer? Pero desde el éxito de El paciente inglés , con su mezcla de heroísmo y tragedia romántica en medio de la Segunda Guerra Mundial, Minghella se consagró a adaptar y dirigir con suerte dispar melodramas y relatos de intrincadas pasiones humanas. Recibió así muchos elogios por El talentoso señor Ripley , nueva adaptación del libro de Patricia Highsmith, y no pocas críticas por Regreso a Cold Mountain , relato ambientado en la guerra civil norteamericana.
Pero en todos los casos (como ocurrió también con la discreta Violación de domicilio , su último film estrenado en la Argentina) siempre se admiró en el realizador de inconfundible calva y barba candado el cuidado formal y la obsesiva puntillosidad con la que desarrollaba los conflictos que se planteaban en sus obras. "Ciertos sectores intelectuales no ven con buenos ojos que uno apueste a grandes espectáculos con romances y melodramas basados en best sellers que tengan una fuerte llegada popular", dijo a LA NACION en 2004, cuando presentó Regreso a Cold Mountain en Berlín.
Cuatro años antes, en una visita que hizo a Buenos Aires para acompañar el estreno local de El talentoso señor Ripley , afirmó que lejos de obsesionarse con los premios lo que más le interesaba ganar eran públicos. "Ganar un Oscar, en el fondo, es irrelevante", llegó a decir entonces.
Nacido en la isla de Wight, hijo de un inmigrante italiano que fabricaba helados, Minghella fue tan reconocido por su contribución al cine británico que en 2003 se hizo cargo del British Film Institute, donde iba a presentar anteanoche el capítulo inicial de una serie rodada para la BBC en Africa, The N° 1 Ladies Detective Agency . No fue el último aporte al cine de una figura que hoy llora toda Gran Bretaña, desde el primer ministro Gordon Brown -con quien hizo un anuncio para la campaña electoral laborista de 2005- hasta sus actores predilectos, Jude Law y Ralph Fiennes. En el final de Expiación, pecado y deseo se lo ve de espaldas y sin ser mencionado en los títulos, entrevistando a Vanessa Redgrave.
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