
Film de misteriosa seducción
"Bella tarea" ("Beau travail", Francia/1998, color). Presentada por Good Movies. Dirección: Claire Denis. Con Denis Lavant, Michel Subor, Grégoire Colin, Richard Courcet, Nicolas Duvauchelle, Marta Tafesse Kassa. Guión: Jean-Pol Fargeau y Claire Denis. Fotografía: Agnés Godard. Música: Eran Tzur. Montaje: Nelly Quettier. Duración: 93 minutos.
Nuestra opinión: muy buena.
No es fácil establecer de dónde proviene la misteriosa seducción de este film que confía en la persuasión de las imágenes y soslaya la obligación de contar una historia en torno de sus personajes, un grupo de legionarios instalados en un paraje africano lejos de todo.
Es el golfo de Djibouti, una tierra árida y espléndida entre el cielo y el mar donde los hombres semidesnudos repiten sus prácticas militares y los ejercicios rituales y silencian sus tensiones interiores bajo el sol calcinante. La cámara de Claire Denis compondrá, con esos cuerpos y elementos naturales, una sinfonía visual, austera y al mismo tiempo voluptuosa; dibujará con ellos una coreografía de efecto casi hipnótico; buscará en sus gestos, movimientos y conductas señales de un mundo masculino que le resulta esquivo, cuando no indescifrable: un mundo del que participan el honor y la disciplina y donde caben el erotismo, la admiración, la represión, el racismo, el castigo, los celos, el odio, la venganza.
Quizás el indefinible hechizo que este poema singular puede ejercer sobre el espectador más sensible y abierto radique precisamente en que la directora francesa ha logrado volcar en sus imágenes esa fascinación por algo que la intriga, pero cuyo carácter furtivo le impone respeto.
Allí donde un espíritu necio o simplista habría ido a hurgar en las evidencias de un homoerotismo reprimido o disimulado, Denis prefiere la observación sesgada: descubre signos que juzga sugerentes, los registra con delicado embeleso; no quiere explicar motivos ni forzar definiciones, incluso porque sospecha que esos secretos códigos que rigen el encierro masculino nunca alcanzan, ni reclaman, una manifestación más explícita.
Por eso economiza las palabras y privilegia los movimientos. Su film es como un ballet en que los cuerpos esculturales -filmados con una sensibilidad plástica como pocas veces se ha visto en el cine- se organizan en un lenguaje gestual que se articula con los ritmos que vienen de la banda sonora o se organiza según lo determina un montaje igualmente musical. La soledad, la tensión sexual, los sentimientos y los rencores se hacen visibles bajo las formas que adopta la rutina militar.
Melville y Britten
Inspirada en "Billy Budd" (presente también a través de fragmentos de la ópera que Britten basó sobre la novela de Herman Melville), la película traslada su historia de la marina británica del siglo XIX a la Legión Extranjera de hoy. Allí nos lleva el pensamiento de Galoup, que solo en Marsella y rumiando la posibilidad de quitarse la vida, evoca su experiencia en Djibouti, cuando aún no había sido expulsado de la Legión y se desempeñaba como lugarteniente a cargo de una veintena de hombres bajo la mirada benevolente de su superior, el comandante Forestier, al que admiraba con devoción.
El drama evocado se inicia con la incorporación al grupo de un joven soldado, el apuesto y enigmático Sentain, que se gana la adhesión de los compañeros al mismo tiempo que enciende el encono de Galoup, temeroso de que el recién llegado lo reemplace en el favor de su jefe. Galoup proyecta en él sus fantasmas, sus inseguridades, su temor. Los celos lo enceguecen hasta empujarlo al sacrificio de su "víctima" y a su propia autodestrucción.
Lo que el hombre evoca no es sólo aquel paraíso perdido en la costa de Africa; probablemente es también la juventud, la belleza, el vigor, todos esos bienes efímeros que sólo guarda en la memoria. Y la evocación de los hechos bien puede estar alterada por su imaginación y delirio: de ahí quizás el tono de abstracción lírica que adoptan las imágenes de Denis. De ahí también esa estilización formal que a algún espectador le resultará excesiva o culpable de cierta frialdad. (No hace falta aclarar que "Bella tarea" está muy lejos de las formas clásicas o tradicionales de la narración cinematográfica y que es el de la emoción estética el lenguaje que propone el film.)
Sentimientos e imágenes
Denis traduce al lenguaje visual sentimientos profundos que conserva de su infancia en el Djibouti: sensaciones que guarda del clima, de la gente y de los paisajes, y sobre todo de la Legión, que era para ella "como otro planeta", un universo al que veía llegar a los hombres venidos de lejos en busca de un lugar en la Tierra.
En ese planeta al que se asoma, los diálogos se limitan casi siempre a órdenes que son inmediatamente ejecutadas, el tiempo transcurre lentamente y cada soldado se enfrenta a su soledad interior. Denis destila esa tensión hasta volverla danza. Una danza que viene de la plasticidad de los soldados entrenándose para una guerra incierta, pero está también en la concertación de los movimientos de cámara, en la luz, en la banda sonora, en la musicalidad del montaje.
Las abundantes citas y alusiones a los textos literarios o fílmicos que avivaron la inspiración de la realizadora aportarán algún matiz extra a quienes las perciban, pero no son indispensables para disfrutar de la belleza del film ni de su lacerante, exquisita poesía.






