Film para la platea infantil
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"Micaela: una película mágica" (Argentina/2002). Dirección: Rosanna Manfredi. Con Micaela Casotto, Arialdo Giménez, Tomás Crespo, Daniel Kargieman, Brenda Mora y Chunchuna Villafañe. Guión: Fernando Azpiri. Fotografía: Raúl Szmiguel. Edición: Juan Carlos Macías. Presentada por Distribution Company. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: buena.
Acceder por medio de la pantalla grande a los sentimientos de los pequeños espectadores es una tarea cálida y emotiva, pero no fácil de lograr. Ellos son los más exigentes y los que, sin ningún tipo de inhibiciones, se dejan encantar o no pueden disimular su aburrimiento frente a lo que les ofrecen las historias que desfilan ante sus ojos.
Sin embargo, Rosanna Manfredi, experta desde hace años en publicidad televisiva, decidió jugarse una doble y arriesgada carta al producir un film que pudiese enhebrar personajes de carne y hueso con dibujos animados. Y aunque el producto final adoleció de algunos tropiezos, no por ellos debe desestimarse el esfuerzo puesto en un género bastante ausente de la cinematografía nacional. El guión ubica a Micaela, una pequeña de cabellos rubios y ojos grandes y curiosos, en su micromundo de juguetes, de amigos y de fantasías. Sin embargo, la maldad, encarnada en las figuras de un científico que desea borrar los colores del mundo, y de su torpe secuaz, vendrá a romper la calma de la existencia de Micaela, siempre alegre y decidida a imponer la bondad en un entorno que, por obra y gracia del malvado de turno, verá convertirse en negro y gris tanto el cielo como toda la naturaleza.
Apostar al candor
Como en casi todo cuento que las madres narran a sus hijos a la hora del sueño, en "Micaela: una película mágica" hay, también, un árbol de la sabiduría, una fauna heterogénea dispuesta a ayudar a la heroína en su peligroso camino hacia el bien y, claro, esa moraleja tan vieja y sensata que apuesta a que el bien siempre triunfa sobre el mal.
Todas estas aventuras y desventuras están narradas con mucho candor -por momentos con un candor que cae en repeticiones y diálogos pueriles-, e ilustradas por un elenco de pequeños que tratan, a veces infructuosamente, de ser aceptables actores. El ritmo del film cambia cuando los que hablan y muestran son los dibujos animados, realizados mediante una moderna tecnología que recorren excelentes artífices de la imaginación y del lápiz.
Así, con mayores buenas intenciones que aciertos, "Micaela: una película mágica" puede inscribirse sin temores en ese cine hoy posiblemente algo anticuado que, no obstante, entretendrá a los pequeños espectadores.
La producción supone, además, la posibilidad de que el cine argentino recree esas tramas infantiles con mayor asiduidad y con una idoneidad que no sólo apunte al facilismo de lo sabido y aprendido del mundo de los pequeños traviesos que viven no sólo dentro de la fantasía, sino en un entorno del que se puede sacar interesantes conclusiones para volcarlas en una película.
"Micaela: una película mágica" merece ser respetada por la validez de su propuesta. Y merece, además, puntualizarle los defectos que emanan fundamentalmente de un guión que necesitaba de autores que conociesen más ampliamente el alma y los sentimientos de los niños.




