
Furia de esposa abandonada
"Enredos del corazón" ("The Upside of Anger", EE.UU./2006, color; hablada en inglés). Dirección: Mike Binder. Con Joan Allen, Kevin Costner, Erika Christensen, Evan Rachel Wood, Keri Russell, Alicia Witt, Mike Binder. Guión: Mike Binder. Fotografía: Richard Greatrex. Música: Alexandre Desplat. Edición: Steve Edwards y Robin Sales. Presentada por Telexcel. Duración: 118 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años, con reservas.
Nuestra opinión: buena
La cólera, a veces, puede ser movilizadora o, en todo caso, disparar conductas que a la larga terminan generando algún proceso de crecimiento, o de maduración. Es el lado bueno de la ira del que habla el título original y parece ser la premisa de esta historia ligera que se ve con agrado a pesar de que en muchos momentos adopta el empaque del que cree estar descubriendo pequeñas grandes verdades de la vida.
El film parte de situaciones dramáticas y mezcla el retrato familiar con la comedia sentimental sin ahondar demasiado en ningún tema, pero su superficialidad se disimula bastante gracias al carisma y el oficio de sus dos principales intérpretes -Joan Allen y Kevin Costner- y a la "química" que se establece entre ellos.
De entrada, el film se vale de una triquiñuela: mientras una de las hijas de la protagonista asume el relato en off para evocar lo que ha sucedido hasta allí, se la ve a ella junto a Allen y Costner en el asiento posterior de un auto y de riguroso luto. Quién es el muerto de cuyo sepelio vuelven es una incógnita que acompañará al espectador durante casi toda la proyección: el autor se reserva esa carta para manipular emociones a gusto jugando a sembrar indicios de defunción inminente.
Ellos dos y las chicas
Pero el drama del que se parte es otro y tuvo lugar tres años antes, cuando se instaló para siempre en Joan Allen ese gesto entre agrio y malhumorado que se le ve desde el principio. Parece ser que el carácter de la señora, que alguna vez fue una madre dulce y risueña, cambió de improviso cuando su marido desapareció -presuntamente para ir detrás de su atractiva secretaria sueca- dejándola sola, desairada, con cuatro hijas adolescentes por criar y una creciente pasión por el alcohol.
Desde entonces, la ha acompañado el eterno mal talante: está enfadada con todo, siempre lista para la respuesta irritada, el gesto de fastidio y el bocadillo hiriente. Apenas puede aplacar esa "mala onda" el paciente vecino que la ronda, un ex ídolo del béisbol que vive de su antigua fama y se apoya en su poder de seducción para disimular cierto vacío interior.
La más o menos accidentada relación que se entabla entre los dos es uno de los hilos argumentales que sigue la película. El otro, bastante más débil, lo proporcionan las historias personales de las cuatro chicas: una vuelve de la universidad con un diploma, un novio y un embarazo; otra quiere ser bailarina, pero su anorexia termina conduciéndola al hospital; la tercera decide abandonar los estudios y conseguirse un empleo, decisión que la lleva a asistir (profesional e íntimamente) al veterano productor de los programas radiales del beisbolista, y la más chica, que tiene aspiraciones literarias y quizá por eso lleva la voz cantante del relato, se entusiasma con un compañerito recién llegado sin advertir que está eligiendo al novio equivocado.
El romance de la mujer alterada y el atleta maduro avanza más o menos fluidamente entremezclado con las aventuras personales de las cuatro jovencitas, a las que se les concede un espacio bastante menos prudente de lo aconsejable. Aún así, y a pesar de que el abrupto giro final termina resultando más irritante que sorpresivo, el relato se hace bastante llevadero, y ése es un mérito que hay que adjudicarle, como se ha dicho, a la pareja central.
Joan Allen le encuentra todos los matices posibles a su personaje y sabe ser, según las circunstancias, tan insoportable como encantadora. Costner no tiene mayores inconvenientes para darle al suyo el desenfado, la calidez y la vulnerabilidad indispensables.
El amable encanto que el film transmite cuando ellos dos están en pantalla suele desvanecerse cuando salen de escena y se esfuma totalmente cuando quien asoma es Mike Binder, el director y guionista del film, que parece haber querido reírse crudamente de sí mismo y de su desagradable aspecto reservándose el papel del repulsivo productor.






