Gratas sorpresas en el Malba
Títulos nacionales y extranjeros en un ciclo que reivindica el formato tradicional en 35 mm
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¿Qué tienen en común El retrato de Jennie , de William Dieterle; Prisioneros de una noche , de David José Kohon; Historias de locura común , de Marco Ferreri; Sed de mal , de Orson Welles; La última ola , de Peter Weir; Il bell'Antonio , de Mauro Bolognini, o Plácido , de Luis García Berlanga? Sí, se trata de films. Pero también se trata de aquellos films a los que, en el mejor de los casos, sólo podríamos tener acceso a través del video, en sus mútiples formatos. También que suelen ser títulos que mucha gente nunca vio, que otra quiere volver a ver después de muchos años, o aun de films bastante recientes que cumplieron con su raudo paso por las pantallas locales y nunca más volvieron a ellas. Al cine, a la sala en penumbras donde el cinéfilo de veras gusta de compartir la ceremonia, no a esos encuentros informales donde la imagen (chiquita o no tanto, según las pulgadas que abarque nuestro espacio de representación electrónico) compite con el llamado de los teléfonos, los mensajes de texto, la heladera tan próxima y tan llena de tentaciones, el comentario atinado, innecesario o directamente irrespetuoso y el timbre del delivery. Se trata de películas y en 35 mm (no en DVD, como se ha hecho tan frecuente en los últimos tiempos). Y en la compañía (anónima y silenciosa, por favor) que comparte con uno la emoción, la risa, el lagrimeo, la tensión o el deslumbramiento estético.
Buen cine en el cine, en fin
Es un milagro reencontrarse con esos y otros títulos y en su ámbito natural en esta época en que en la gran mayoría de las salas hay muchos productos y poco cine; mucha fórmula (exitosísima, por cierto) y poco riesgo; mucho impacto destinado a los sentidos (al vértigo del 3D y las butacas que se zarandean, pronto se sumará la dimensión aromática) y pocas ideas. Cada innovación es un paso más para hacer de la visión de un film una experiencia física, compatible (preferentemente) con la ingestión de todo tipo de comidas, del pochoclo a los canelones alla Rossini . Cada vez el espectáculo que se ofrece está más cerca del tren fantasma de los viejos parques de diversiones y de las atracciones de los parques temáticos.
Todo esto viene a cuento porque Malba.cine, que no ha renunciado a presentar en fílmico sus ciclos de revisión o sus estrenos de cine local, ha vuelto a confiar la programación de este mes al crítico Jorge García, que ha concebido esta segunda parte del ciclo El bazar de las sorpresas como "un espacio de reivindicación del formato tradicional del cine". Y los films que exhibirá tiene en común, además del formato -35 mm-, su prolongada ausencia (en algunos casos, prolongadísima), de la pantalla grande.
Como su título sugiere, habrá de todo: de un temprano Scorsese ( Pasajeros profesionales ) al primer Bellocchio ( I pugni in tasca ); de viejos éxitos ( El padre de la novia, de Vincente Minnelli; Marius y Jeannette , de Robert Guédiguian; La Armada Brancaleone , de Mario Monicelli) a films argentinos de distintas épocas: La dama duende , La tregua , Ana y los otros , La ciénaga , sin olvidar algunas obras notables que ya son casi rarezas: El Sur , de Víctor Erice; Hogar dulce hogar (Otar Iosseliani); Historias de locura común (Marco Ferreri). Hay mucho más. El ciclo comienza el jueves; puede consultarse el programa completo en www.malba.org.ar .
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