
Hernández en versión Fontanarrosa
Llega la primera versión animada del gran poema épico argentino
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Liliana Romero y Norman Ruiz aceptaron el desafío. Martín Fierro, la película , la versión en dibujos animados del primer tomo del poema épico gauchesco escrito por José Hernández hacia fines del siglo XIX, de acuerdo con diseños originales del recordado escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa, es una realidad que se conocerá, finalmente, pasado mañana. Romero, formada en la Escuela de Bellas Artes de La Plata, venía de hacer dos cortos: Tanto te gusta ese hombre , compartido con Vicky Biagiola, y Ramona Montiel, que recupera la obra de Antonio Berni, y de haber dirigido con Ruiz -que además es su esposo- el largometraje El color de los sentidos, que, víctima de los circuitos de exhibición, terminó ninguneado. El se desempeña en diferentes rubros de producción y es el más entusiasmado con los efectos especiales y, en particular, con el trabajo en animación 3D. "Compartir la vida nos permite compartir mejor nuestro trabajo", dicen, casi al unísono, en diálogo con LA NACION.
La unión de Aleph Media con Maíz Producciones, con el aporte de inversores privados españoles y del Icaa de ese país, del Incaa y de San Luis Cine y las universidades de Tres de Febrero y La Matanza, entre otros, permitió llevar a buen puerto una aventura que parecía imposible.
Disney de las pampas
Horacio Grinberg, quien tuvo la idea del proyecto y es responsable de la adaptación, cuenta en la excelente edición publicada por El Ateneo con los versos inspiradores y las ilustraciones del creador de Inodoro Pereyra que la idea de la adaptación nació una tarde de cine con su hijo. "Estaba viendo una película de animación, que creo era de Disney, y como me estaba aburriendo por ver siempre la misma película contada de formas distintas me distraje pensando en cómo la industria de Hollywood utiliza el cine para transmitir a sus jóvenes, y también a los nuestros, su cultura y sus valores, adaptando sus propias historias y las universales y clásicas a su forma de ver el mundo, en un lenguaje audiovisual destinado directamente al público que buscan captar." Grinberg, que viene trabajando en cine en diferentes áreas, sabía que debía luchar contra el calificativo de "tedioso" que la definición de "clásico" (a decir de Borges) provoca cada vez que se agrega a una obra literaria.
Tanto Fontanarrosa, entusiasmadísimo con el proyecto, como Grinberg, los guionistas y los directores coincidieron en que sólo dos o tres veces debían recurrir a los poemas originales. "Una genuina adaptación -dice Grinberg citando al escritor y crítico catalán Pere Ginferrer- debe consistir en que, por los medios que le son propios, es decir, la imagen, el cine llegue a producir en el espectador un efecto análogo al que, mediante el material verbal, la palabra, produce la novela en el lector." Esa fue la guía que los inspiró a convertir el poema en cine con los mismos planos usados en el de ficción con actores de carne y hueso.
"Una vez que supimos cómo se movía el personaje, convocamos a Claudio Gallardou para decidir qué voces coincidirían con los personajes, y Daniel Fanego fue la primera opción para Fierro", recuerda Ruiz sobre su protagonista (ver recuadro). "Primero animamos todas las escenas de acción, que no estaban habladas, para encontrar el movimiento; después grabamos las voces, porque es muy difícil empatarlas con un movimiento que no existe", agrega Romero. "En la primera parte había escenas en las que Fierro se movía como un animal, pero la actuación, como las charlas que tiene en el resto de la película, recién aparecen una vez que se despide de la familia", explica Ruiz. "Queríamos actores que actuaran de Fierro, del coronel Machado, de Cruz y del resto", interviene Romero. Otras voces de la película fueron interpretadas por Héctor Calori, Juan Carlos Gené, Claudio Rissi y Roly Serrano.
"Teníamos que hacer entrar al público en un código audiovisual diferente de lo visto hasta ahora en los primeros diez minutos. Para nosotros, el trabajo de los actores era lo más importante, porque eran ellos los que completaban la idea de cine. Hay cámaras, lentes de cámaras y planos de cine: estaba la sala de animación, y detrás de la de edición estaba la de grabación -explica Ruiz-. Eso les permitía a los actores sentirse como en una película cualquiera y no una de animación. Fueron nuestras estrategias para hacerlos sentir libres."
"La primera escena que hicimos fue la última, esa en que los milicos rodean a Fierro, porque en esa escena íbamos a encontrar la estética de la película: tenía el grito de Fierro a los soldados", continúa Ruiz. "Después hicimos aquellas en las que sólo se necesitaba la acción, es decir, principio y fin, para terminar con los medios. No queríamos llegar a dos años cansados y hacer un final sin fuerza, como ocurre con frecuencia en el cine. La escena del fortín tiene 240 planos y no es la única de la película que tardamos meses en terminar. Así nos pudimos dedicar a trabajar mejor los núcleos dramáticos, casi teatrales, desde la puesta. Para hacer este tipo de trabajos seriamente hay que tomárselos con calma", termina el director.
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