
"Hijos", lo nuevo de Marco Bechis
El film trata el tema de los hijos de los desaparecidos durante la última dictadura
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Marco Bechis, el realizador chileno que vivió en la Argentina y se radicó en Italia, viene dos veces al año a Buenos Aires. Y si una de esas fechas coincide con el aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976, es posible encontrarlo en las manifestaciones. No es casual que haya venido este año al país, y anteayer se haya sumado a las columnas de la Agrupación H.i.j.o.s.
Secuelas
Es que quien estuvo detenido en un centro clandestino de detención en 1977, cuando filmó en 1999 "Garage Olimpo" ya tenía pensada la elaboración de una especie de secuela que se llamaría "Hijos". Filmada en Italia y sólo con algunas imágenes documentales de una manifestación de la agrupación H.i.j.o.s., el film se estrenará mañana en Buenos Aires. Una película sobre una de las "secuelas" que dejaron los desaparecidos de la última dictadura militar: sus hijos. Rosa, que nació en cautiverio durante ese gobierno de facto, viaja a Milán con la certeza de haber encontrado por e-mail a su hermano gemelo, Javier, que vive con sus padres (un ex militar argentino y una italiana), a quienes ella considera sus apropiadores.
Hace un año, cuando Bechis mostró esta película (protagonizada por los jóvenes Carlos Echevarría y Julia Sarano junto a Stefania Sandrelli y Enrique Piñeyro) a un distribuidor argentino, éste le dijo que estaba muy bien, excepto por una cosa: el tema. Bechis es consciente de la dificultad de establecer "el tema" en la Argentina. Si bien "Garage Olimpo" recibió buenas críticas y varios premios internacionales, él nunca olvidará cuántos espectadores fueron a verla en Buenos Aires hasta el momento de su partida: unos 30.000. Afortunadamente, esa cifra comercial perdió más tarde un poco de su simbolismo porque, finalmente, "Garage Olimpo" obtuvo 50.000 espectadores en el país, cuando en Italia la vieron 150.000 y tuvo buenos resultados comerciales en Francia, España y México.
Mal acostumbrados
"Creo que la gente le tenía más miedo a lo que imaginaba que iba a pasar en la película que a ir a ver una película sobre el tema, un poco por esta cuestión de estar mal acostumbrados a películas argentinas que fueron muy comerciales y dieron golpes bajos. Creo que es importante seguir, a pesar de esa lógica perversa de que éstos son temas que ya pasaron, o que les pasaron a otros. El concepto de solidaridad no está muy afianzado. Puede ser que haya surgido ahora con la crisis económica, pero por otro motivo, que finalmente termina siendo político. Pero es cierto que hay gente que siente también un rechazo. Cada uno tiene su manera de afrontarlo. Yo mismo me he sentido un intruso tratando el tema de los desaparecidos al no vivir en la Argentina. Pero me parece que no se entiende la importancia de que este tema siga vigente. Es un problema para el futuro."
-¿Cómo ve las cosas con el paso del tiempo?
-La actitud de siempre ha sido que el tiempo iba a sanar las cosas. Pero el tiempo no sana nada porque las cosas vuelven, y cada vez más violentamente. Creo que tiene mucho que ver con no haber hecho las cuentas con ese pasado, no haber tenido justicia, y con que los culpables de esos crímenes estén sobreseídos y libres. Como cineasta no creo tanto en la cuestión testimonial ligada a la culpa, como les ha sucedido a los sobrevivientes de los campos de concentración del nazismo, que sintieron vergüenza de haber sobrevivido. Yo he pasado todo aquello por un embudo. Y en todo caso, la urgencia me ha llevado a testimoniar por medio de formas artísticas.
-La frialdad, la economía de recursos y la simbólica puesta en escena con que se cuenta esta historia generan tanto interés como alejamiento. ¿Cuál fue el objetivo?
-Creo que la fuerza del film está en su economía, que sacando se agrega significado. Hay una raíz de tragedia griega en la película y la respuesta más obvia era el melodrama o la telenovela. Para alejarme de ese trillado modelo decidí enfriar el lenguaje narrativo. Y ése fue un esfuerzo enorme. En los EE.UU. se la hubiera dramatizado al máximo. Hubieran partido de la premisa de una familia que al volver del supermercado se encuentra con el que golpea a la puerta. Yo quise contarlo por el contrario: un pibe que vive con dos tipos con los que siente un malestar profundo y no sabe de dónde viene porque el crimen primordial se consumó cuando nació. Yo no creo que exista la posibilidad de que ése sea un núcleo familiar "feliz y normal" como se ha dicho varias veces de los chicos expropiados "que han encontrado cierta tranquilidad".
-La película explora la ausencia que viven los hijos de los desaparecidos, por medio de la búsqueda del hermano perdido como un alma gemela, una mitad que podría cerrar la historia, pero que tampoco la completa...
-Sí. Creo que no hay que pensar en Rosa y Javier como dos personajes logrados, realizados, si no, no se entendería adónde apunta la violencia. Y el cine es muy mentiroso. Son personajes no resueltos porque tienen problemas que deben seguir resolviendo. Nunca quise que la descripción de ellos fuera completa.
-Entre ellos se da un descubrimiento físico que está rodeado de un erotismo infantil...
-Dos hermanos por definición crecieron juntos y han vivido algún tipo de intimidad. ¿Qué pasa entre dos hermanos que no tuvieron intimidad? ¿Cómo se resuelve esa falta? Pero sólo hay un erotismo muy inocente.
-Entre el simbolismo visual y sonoro hay una recurrencia a la imagen de los "vuelos de la muerte". ¿Por qué?
-Todos los detalles están bajo control. Me interesó representar el malestar que el chico trataba de calmar con un paracaídas. Y elegí los vuelos porque simbólicamente me parece la muerte más terrible, imaginar a jóvenes con una inyección de Pentotal, semiinconscientes, tirados al vacío. Pero hubo miles de atrocidades. Y así como en "Garage Olimpo" utilicé la versión clásica del tema "Aurora", ahora la banda de sonido de "La chilinga" anticipa con su percusión la amenaza que llega.
-¿Filmar en Italia fue una manera de que el tema no fuera sólo argentino?
-Sobre todo porque la responsabilidad no tiene nada de vernáculo, esa idea de que todo esto sucedió alrededor de asaditos. Nada me impidió pensar que en los años 70 una italiana, hija de constructores, de ideología de derecha, haya viajado a la Argentina siguiendo a algún jugador de polo y se haya encontrado con una ciudad copada por los militares, y se haya encontrado con un oficial joven con poder, como podría haber sido Massera. Fue más interesante que focalizar en la familia típica argentina.
-Hay algo extraño en el idioma y el acento de los actores. Julia Sarano (Rosa) no habla bien italiano y Carlos Echevarría (Javier) tampoco, hasta que hablan en castellano.
-El es porteño y protagonizó "Garage Olimpo"; ella es rosarina, vive en Europa y es una chica sin identidad, no con bandera. El personaje de él se supone que vivió nueve años en la Argentina. Ellos hablan en italiano hasta que en un momento se quiebra el idioma y aparece el español como el lenguaje de la mentira, o de la verdad.
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