Historias de la Argentina secreta
El documental Mbya, tierra en rojo refleja la vida de esta comunidad guaraní
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El cine genera encuentros de cineastas a partir de intereses comunes. La Argentina e Inglaterra se unen, esta vez a través de sus documentalistas. Por un lado, Matanza Cine, la empresa productora de Pablo Trapero y Martina Gusmán; por el otro, la británica Native Voice Films. Juntos estrenarán el jueves Mbya, tierra en rojo , trabajo que Valeria Mapelman y Philip Cox filmaron en Misiones, donde habita la comunidad mbya guaraní.
El film permitió que, a lo largo de un año de trabajo en la zona, los integrantes de la comunidad indígena se retrataran a sí mismos y se convirtieran en sus protagonistas. Así, Marcelo recupera su pasado mostrándole a su familia la película La misión , de Roland Joffe, acerca de las misiones jesuíticas en el siglo XVIII; Agustín encabeza el reclamo de la propiedad de las tierras que habitan, misteriosamente en manos de la Universidad de La Plata, y Kerechu viaja junto con los suyos a yerbatales, como trabajadores temporarios.
La película, original en registro digital finalmente ampliado a 35 mm, recibió el premio Voces contra el Silencio en el Festival de Cine Documental de México y fue distinguida como mejor trabajo de los presentados en la muestra de Derechos Humanos del Bafici.
Mapelman, graduada del Instituto de Artes y Comunicaciones de Chile, país en el que trabaja con frecuencia en proyectos independientes, es también autora de los cortos República bananera y La araucana . Cox, graduado en lengua y literatura en la Universidad de Edimburgo, es fundador de Native Voice, que en los últimos seis años ha producido documentales como Return to Basra y Darfur: First Images of the War, entre otros.
En diálogo telefónico con LA NACION, Cox se refiere a un trabajo que se propone recuperar el presente de una comunidad guaraní, acorralada por la desprotección y el olvido.
-¿Cuándo nace el interés por el tema, y en qué medida se conoce en Inglaterra?
-En Londres, hace cuatro años, conocí a una antropóloga que trabajaba con las comunidades guaraníes en Misiones. Me contó sus historias y me mostró un video, que presentaba gente con mucho humor y personalidad. Así surgió la idea de hacer un film. Lo que me interesaba hacer no era un trabajo universitario con un locutor en off , o con esa comunidad como víctima. La cámara debía comprometerse con ellos, lograr un encuentro muy íntimo. El público debía ver a seres humanos con nuestros mismos problemas e inquietudes acerca del amor, el trabajo, la muerte y hasta el ataque terrorista al World Trade Center, no como algo exótico ni lejano. También quería hacer una película con cierta tranquilidad. Trabajo mucho en TV, donde nunca hay tiempo para indagar en la vida de los personajes, ya que en ese medio sólo parecen preocupados por la relación costo-beneficio. Gracias a que hicimos esa película en forma totalmente independiente, sin apoyo de la TV, tuvimos todo el tiempo del mundo. Pero no: la situación del pueblo guaraní no es conocida en Inglaterra.
-¿Cree que el documental ayudará a que su situación mejore?
-Las comunidades guaraníes están usando la película para luchar por sus tierras. La película muestra gente haciendo promesas que nunca habrían de cumplir. También sirve como una introducción al mundo de los mbya guaraníes, ayuda a mostrar su faceta humana.
-¿Por qué cree que el género documental está compitiendo cada vez más con la ficción?
-Por la cantidad de cineastas que ahora tienen acceso a cámaras a precios competitivos. Antes era un club exclusivo, al que se entraba con padres ricos o después de robar un banco. Además, se rompió el misterio del proceso del cine, para dar paso al poder de las historias de la vida cotidiana.
-¿Piensa que esto ocurre porque el cine de ficción está en crisis o porque el registro de imágenes es más accesible?
-Creo que el cine de ficción industrial está en crisis, que con el abuso de los efectos visuales y los presupuestos millonarios perdió el sentido. Creo que tanto las películas de ficción independientes como los documentales tienen más fuerza que nunca.
-¿Antes de este proyecto, tuvo en mente rodar algo en la Argentina?
-Hasta ahora, en América latina sólo había hecho películas en Cuba y Colombia. Si tuviese la oportunidad de elegir algún otro tema, sería sobre el cantito "el que no salta es un inglés"... Cuando escuché esa canción en boca de 50.000 personas, salté y pensé en mi abuela, que es escocesa...
-¿Qué sensación tuvo al encontrarse con esta realidad?
-La realidad que encontré con los guaraníes no era mística ni exótica, sino una muy lejana a la vida materialista, de desconfianza total hacia el mundo blanco, pero a la vez de una gran riqueza espiritual.
-¿Cuál fue el costo total del proyecto ?
-Entre otras cosas, perdí a mi novia y los ahorros de mi compañía, un precio bastante normal para cualquier producción independiente.
-¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?
-Acabo de hacer un film en el que cruzo ilegalmente la frontera entre las Estados Unidos y México. Caminamos cinco días con sus noches junto a inmigrantes, perseguidos por los helicópteros de los gringos y por osos salvajes, pero llegamos. Me fascinan las fronteras y la gente que intenta cruzarlas. Estoy pensando en una serie sobre ese tema. También estuve trabajando durante los últimos tres años con los rebeldes de Darfur en un largometraje, basado en historias reales, respaldado por productores franceses y norteamericanos.





