
Jean-Marc Barr, el provocador
El actor de "Azul profundo" dirigió la controvertida "Trilogía de la libertad"
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Jean-Marc Barr es un actor y realizador imposible de encasillar. Nació en una base militar de Alemania, es ciudadano norteamericano (su padre es de ese origen), pero se formó y vivió muchos años tanto en Londres como en París (su madre es francesa). Este artista itinerante y polémico se consagró trabajando para Lars von Trier en "Europa" y para Luc Besson en "Azul profundo" (papel por el que ganó el premio Cesar) hasta que en los últimos tiempos decidió combinar la actuación y la dirección en la denominada "Trilogía de la libertad".
Tras compartir en 1998 una experiencia laboral con la talentosa actriz francesa Elodie Bouchez (la revelación de "La vida soñada de los ángeles") en "No quiero morir un domingo", Barr y su codirector Pascal Arnold la convocaron para que protagonizara esta trilogía integrada por "Lovers" (sobre la libertad de amar), "Too much flesh" (sobre la libertad sexual) y "Being light" (sobre la libertad de pensamiento) que rodaron en un lapso de apenas tres años, en inglés y en formato de video digital (la primera película fue reconocida como la número 5 del movimiento Dogma 95).
Respecto de Bouchez, Barr sostuvo que "es alguien que me inspira y me enamora. Para mí es una de las mejores actrices francesas. Siempre está haciendo apuestas arriesgadas. Todos sus personajes poseen un aura especial. Elodie es una luna".
Formado y avalado artísticamente por su amigo Von Trier (Barr es padrino de los gemelos del director danés), el artista germano-franco-estadounidense se lanzó a la dirección con películas áridas, extremas y destinadas a la controversia encarnizada, en la línea de "Los idiotas", de Von Trier.
En este sentido, "Demasiada carne", film que el sello Primer Plano Video acaba de editar sin haber pasado previamente por las salas argentinas, es un contundente ejemplo de su apuesta por el escándalo: en un pueblo conservador y puritano de Illinois, un hombre de 35 años (Barr) se casa con una mujer (Rosanna Arquette) en una boda arreglada por cuestiones patrimoniales, pero el matrimonio nunca se consuma. La llegada de una joven francesa (Bouchez) despierta en el protagonista una pasión desenfrenada que genera la ira y la reacción violenta de la comunidad rural que no acepta la infidelidad.
El film -que en Francia convocó a más de 100.000 espectadores- no sólo trata el adulterio, sino que resulta implacable en su descripción de los prejuicios y tabúes que imperan en el interior de los Estados Unidos. Este retrato sobre el vacío existencial y la represión resulta por momentos un ejercicio demasiado narcisista por parte de un Barr omnipresente en pantalla y protagonista de fuertes escenas sexuales, pero también una forma de acercarse al espíritu provocativo de un artista muy personal.

