John Cusack: el héroe accidental que buscaba Hollywood

Protagonista de varios films prestigiosos, cuenta cómo pasó a ser figura de acción en 2012, el film más taquillero del momento
Marcelo Stiletano
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16 de diciembre de 2009  

LOS ANGELES.- Su actuación en 2012 es muy física, muy intensa. Salta a la vista el compromiso con el que vive cada papel. ¿Se considera John Cusack un actor temperamental?

"No", responde secamente el actor mientras bebe otro sorbo del cremoso capuchino que acaba de servirse y calla, esperando de su interlocutor una nueva pregunta. La anterior ya está contestada. No parece creer demasiado en la necesidad de ampliar explicaciones o profundizar conceptos. Le resulta suficiente y satisfactorio entregar apenas un monosílabo como respuesta. Pero no hay en él, comosuele ocurrir con frecuencia entre los divos de Hollywood, expresión alguna de arrogancia o pretendida superioridad. Cusack no hace agregados porque deja la sensación de que no tiene otra cosa para decir y le alcanza un "no" para dejar en claro toda su sinceridad.

Queda claro, entonces, que Cusack es alguien más amable y profesional que simpático o expresivo a la hora de las entrevistas. Y también mucho más alto de lo que podría imaginarse a simple vista quien lo haya visto en alguna de las muchas películas que lo convirtieron en uno de los actores más interesantes de su generación.

El papel protagónico que desempeña en 2012, un éxito mundial de taquilla que también en la Argentina superó cómodamente la marca del medio millón de espectadores en apenas un par de semanas, aparece a simple vista como algo atípico en la carrera de un actor acostumbrado a correr riesgos y no prestarse con docilidad a las apuestas más seguras y ligeras de Hollywood.

Razones

Mano a mano con La Nacion, en un encuentro propiciado por la distribuidora Columbia durante un soleado mediodía de Beverly Hills, Cusack no da demasiadas vueltas para explicarlo. Y demora todavía menos –apenas otro par de lacónicas respuestas– para demostrar por qué no hay diferencias en el gesto entre la persona de carne y hueso y el actor acostumbrado a representar en la pantalla al hombre común que casi distraídamente se convierte en héroe a la fuerza.

"¿Por qué acepté este papel? Porque me lo ofrecieron", explica, sin vueltas pero un poco incómodo por la sorpresa que pueda depararle a muchos el hecho de verlo actuar en este film. "Me gustan esta clase de proyectos, grandes y ambiciosos. Uno la puede pasar muy bien, y de hecho ocurrió así. Realmente me gustó el guión, y además, la gente que me representa dijo que los autores de la película son personas de una gran reputación. Además, Roland Emmerich es una persona muy inteligente. Eso sí, todavía no me explico por qué no le ofrecieron este papel a Tom Cruise", señala en uno de los pocos momentos en los que se permite abiertamente alguna broma.

Cusack tampoco cree en la necesidad de aclarar con detalle cómo un actor que acaba de participar en dos de las películas más críticas de la participación bélica de Estados Unidos en la guerra de Irak (el drama Ella se fue y la sátira War, Inc., no estrenada en los cines locales) acaba de involucrarse en una película como 2012, donde su personaje –Jackson Curtis, un escritor frustrado que sobrevive como conductor de limusinas– se transforma en un virtual héroe de acción para salvar a su familia en medio de un cataclismo que acaba con nuestro planeta tal cual lo conocemos.

Compromisos

"Es que hacer una película de acción es llevar adelante un compromiso similar a cualquier otro género. Hay un set, hay actores compartiendo el momento y, sobre todo, hay imaginación de por medio. Es cierto que en una película de acción también hay gente que te ayuda para que te pongas en forma y puedas resistir las exigencias. Pero se trata apenas de un matiz", afirma.

A juicio del actor, 2012 no es un film que pone expresamente el acento sobre los peligros ecológicos que pueden abrirle eventualmente una puerta a la destrucción natural del planeta. "En realidad, lo más interesante de 2012 es que habla sobre cómo es posible reaccionar frente a un desastre y qué diferente puede llegar a ser la actitud y el comportamiento en cada caso. Es posible que el cambio climático esté fuera de control, pero no me parece que sea el principal objetivo de esta película."

Cusack se apoya en esos argumentos para llegar finalmente al núcleo de su razonamiento: no hay diferencias de fondo a la vista entre 2012 y films en principio más exigentes en los que le tocó trabajar. "Elegir una película –afirma– es una combinación entre diferentes factores como el guión y un director sensible al trabajo de los actores, que tenga un oído sensible para escucharnos. Y en este sentido debo reconocer que los directores europeos me buscan especialmente. Tal vez me entiendan mejor o interpreten más rápido todo lo que yo les puedo dar". No lo dice, pero Roland Emmerich, el director de 2012, es de origen alemán y sigue fuertemente ligado a su país, aunque vive y trabaja desde hace muchos años en Los Angeles.

A los 44 años, respaldado por una notable filmografía, Cusack reconoce que sus trabajos junto a Stephen Frears (Ambiciones prohibidas) y Woody Allen (Sombras y niebla, Disparos sobre Broadway) fueron los dos hitos más determinantes de todo lo que pasó después con su carrera. Y mientras por un lado deja abierta la posibilidad de convertirse en guionista o director (y al mismo tiempo descarta por ahora la idea de cambiar el cine por la televisión), admite que su conducta no corresponde precisamente a la idea que tenemos del comportamiento de una persona famosa gracias al cine. "Tal vez no actúe así –concluye– pero no puedo evitar ser quien soy. Por más que trate de ponerme máscaras y pasar inadvertido, yo también tengo esa enfermedad."

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