
Kevin Costner vuelve al Oeste
"Pacto de justicia" ("Open Range", EE.UU./2003, color). Dirección: Kevin Costner. Con Robert Duvall, Kevin Costner, Annette Bening, Diego Luna, Michael Gambon, Michael Jeter, Abraham Benrubi. Guión: Craig Storper, sobre la novela "The Open Range Men", de Lauran Paine. Fotografía: James Muro. Música: Michael Kamen. Edición: Michael J. Duthie y Miklos Wright. Presentada por Buena Vista Internacional. Duración: 138 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
El año es 1882. El escenario, un lugar no identificado en el Oeste norteamericano, donde concluida la guerra civil y estando casi totalmente bajo control la resistencia indígena la cría de ganado a campo abierto -vaqueros que vagabundean con sus animales por las praderas buscando pastos aptos para su alimentación- es una actividad todavía legal y en plena expansión. Tiempos en que esa práctica empieza a ser cada vez más resistida por los colonizadores que acaban de poblar la extensa región, estableciéndose en pequeños pueblos donde la ley que impera es la del revólver.
Es el fin de la época de las tierras sin dueño: los nuevos propietarios de grandes territorios afirman sus derechos en la fuerza de las armas; los sheriffs representantes de la ley suelen ser sus empleados.
Es ese Oeste más real que legendario el que Kevin Costner elige para volver al género que le dio el Oscar por "Danza con lobos" y contar una historia sencilla acerca de los valores característicos del cowboy. Por fortuna, no intenta más que componer un relato casi clásico, ligeramente melancólico y bellamente fotografiado, en torno de personajes que revelan alguna ambigüedad, como los héroes del western moderno, pero responden a los rasgos definidos por la vieja escuela.
El film no aspira a instalarse en un presunto territorio mítico ni emprende revisión crítica alguna del género. Sólo el modo parsimonioso con el que Costner busca subrayar algunas líneas de diálogo desnuda alguna pretensión.
Lo demás ni siquiera apunta a la originalidad: "Open Range" (o "Pacto de justicia" según el poco feliz título en castellano) dispone, por cierto con visible destreza, de ingredientes clásicos: los espacios abiertos, el arreo del ganado, las cabalgatas, la amistad ligada al trabajo (en este caso entre el héroe reservado de pasado turbulento y el vaquero veterano que, cansado del vagabundeo, sueña con afincarse), el inevitable enfrentamiento entre los vaqueros y los hacendados (encabezados por un implacable irlandés) y una historia de amor otoñal que puede sonar algo forzada, pero que tiene la virtud de traer a la pantalla la encantadora presencia y la sensibilidad expresiva de Annette Bening.
Sin duda Costner ama el género y se mueve en él a sus anchas, incluso en el terreno actoral. Quizá para desmentir a quienes le han reprochado tantas veces su narcisismo en este caso cede el centro de la escena a Robert Duvall, el veterano jefe del pequeño grupo de vaqueros, y se reserva el papel de su leal compañero-discípulo, un taciturno ex combatiente de la guerra civil ducho en armas y tiroteos. El conflicto se produce cuando en un poblado en cuyas cercanías se han detenido uno de los aprendices que trabajan para ellos es golpeado ferozmente y encarcelado. El mensaje es claro: deberán abandonar esos terrenos o perderán el ganado y la propia vida.
Armados
Ya se sabe que la disputa conducirá a empuñar las armas; la extensa secuencia del tiroteo en el pueblo, con su descripción prolija y su bien graduada tensión (nada hay aquí de la agitación y el vértigo insensato que tantos cineastas actuales parecen obligados a aplicar a las escenas de acción), es un brillante remate para el film, que, sin embargo, se prolonga innecesariamente en un epílogo tan ñoño como afectado.
La sensibilidad visual de Costner se manifiesta sobre todo en las escenas descriptivas de la rutina de los cowboys. Su notable fotógrafo, James Muro, capta algo de ese lirismo melancólico tan asociado al western y a sus espacios abiertos. Hay también un atinado empleo de la música.
Si Duvall domina la escena con su notable creación de Boss y Costner lo secunda con la autoridad de quien anda por terreno conocido, hay en el elenco otros trabajos dignos de mención: el de Bening, muy por encima de las exigencias de su papel; el del desaparecido Micheal Jeter, como el pintoresco dueño del establo, y el de Michael Gambon, que se encarga de hacer creíble la villanía de su hacendado. El mexicano Diego Luna ("Y tu mamá también") integra con el voluminoso Abraham Benrubi la juvenil pareja de aprendices.
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