
La hora de las actrices de más de 40
Hasta no hace tanto tiempo, era común escuchar que las actrices de mediana edad se quejaban de la prematura jubilación a que las condenaba Hollywood. Tenían su razón. Cumplidos los 40 (y todavía más, después de los 50), la escasez de papeles que la industria les confiaba (o su insignificancia: casi nunca un protagónico, apenas algún personaje secundario con cierto relieve o las consabidas madres, tías o abuelas que hacían marco a romances o aventuras protagonizadas por estrellas más jóvenes) era alarmante. Tanto que muchas terminaban acogiéndose a una especie de retiro involuntario.
Sin embargo, hoy la realidad parece desmentirlas. Annette Bening (52) y Julianne Moore (50) son las jefas de una familia bien contemporánea en una de las mejores comedias del año; la misma Bening y Naomi Watts (42) comparten alegrías y angustias en torno de la maternidad y la adopción. Diane Lane (45) toma en sus manos el negocio familiar (la crianza de caballos de carrera) en Secretariat . A los 45, Sandra Bullock apuntaló sola el éxito de Un sueño posible , que la llevó a ganar el Oscar. Y Meryl Streep (61) ha estado arrastrando multitudes a los cines desde El diablo viste a la moda, Mamma mia y Enamorándome de mi ex . Hay más: Tilda Swinton sólo empezó a obtener papeles importantes después de los 40, cuando se lució en Michael Clayton o Las crónicas de Narnia , y más o menos lo mismo le pasó a Helen Mirren (65): su carrera dio un giro a partir del éxito internacional de la serie policial de TV Principal sospechoso . Después vendrían La reina , el Oscar y todo lo demás.
Aparentemente, sobran buenos papeles para actrices de más de 40. ¿Qué es lo que ha cambiado? No es sólo que cumplir 40 o 50 para cualquier mujer (y, más todavía, para una estrella de cine) ya no significa lo mismo que hace treinta o cuarenta años. Es el mercado que está bien atento al comportamiento de los espectadores. Los tanques en 3D proporcionan acción, fantasías de ciencia ficción o aventuras colmadas de efectos especiales para el gran público masivo (mayormente juvenil); los chicos están generosamente atendidos con las invenciones de un cine de animación que sigue en constante crecimiento. Pero al mercado -o, más precisamente, a la Motion Picture Association of America- no se le escapa que en los Estados Unidos son las mujeres las que compran el 55% de las localidades. Y se trata, en general, de mujeres adultas a las que les gusta seguir acompañando a las actrices que admiran y que han crecido a la par de ellas. Ya no hace falta que se trate sólo de culebrones románticos como los que proporciona la televisión. Las temáticas pueden ser muy variadas: del melodrama sentimental, como Amor de madres, a la observación de la conducta social, como Mi familia ; de comedias sofisticadas, como El diablo?, a la recreación de episodios reales, como el que protagonizó la agente de la CIA Valerie Plame y terminó en escándalo ( Fair Game , con Watts). La nómina sigue.
El fenómeno tiene, además, una derivación: las propias actrices -Nicole Kidman, Swinton, Bullock, Halle Berry, entre otras-, han decidido tomar el negocio en sus manos y se han convertido en productoras. Pero ese es un capítulo aparte.
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