Con Sólo la verdad, Hollywood reafirma su romance con el periodismo

Tras el Oscar para En primera plana, llega a los cinesotro caso resonante de la prensa norteamericana, que desembocó en el retiro de Dan Rather, gran figura del periodismo televisivo de ese país
Marcelo Stiletano
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29 de marzo de 2016  

Blanchett y Redford, productora y periodista de la CBS, en el ojo del huracán
Blanchett y Redford, productora y periodista de la CBS, en el ojo del huracán Crédito: Distribution Company

"Estoy muy contento. La película refleja con exactitud lo que pasó. Una película que lleva ese título debería ser exacta, precisa. Y esta lo es." Casi una década después de su retiro de la pantalla chica, Dan Rather vivió su gran noche de reivindicación en septiembre pasado, después de participar en el Festival de Toronto del estreno mundial de Sólo la verdad ( Truth), la película que narra el peor momento de su larga vida periodística.

Rather fue una de las grandes figuras de la historia del periodismo televisivo estadounidense. Durante 24 años presentó el noticiero nocturno de la cadena CBS y su estilo aplomado, sobrio y riguroso, compartido por otras figuras contemporáneas a la suya (Tom Brokaw y Peter Jennings, junto a Rather, fueron bautizados los Wise Guys, hombres sabios de la prensa televisiva), le brindó prestigio, reconocimiento y popularidad en dosis parecidas. También la enemistad de los presidentes republicanos, que siempre cuestionaron su objetividad.

Todo terminó en septiembre de 2004, cuando Rather reveló en una emisión del programa 60 Minutes II (desprendimiento del famoso ciclo periodístico dominical) que el entonces presidente George W. Bush había recibido un trato preferencial en los años 70, gracias al cual pudo eludir la convocatoria forzosa para combatir en Vietnam y, más tarde, incumplir sus obligaciones como piloto en la Guardia Nacional.

La investigación fue emitida en plena campaña por la reelección de Bush e inmediatamente después de la emisión, varios blogs y espacios virtuales cercanos al Partido Republicano revelaron inconsistencias en la documentación que incriminaba al mandatario. La cadena CBS no pudo sostener la veracidad de esos documentos y una investigación interna e independiente, abierta con posterioridad, estableció que nunca pudo garantizarse la autenticidad plena de las fuentes testimoniales presentadas en el programa.

Los productores de esa emisión, encabezados por Mary Mapes, fueron despedidos y Rather, luego de una inédita disculpa pública que debió hacer al aire, optó por despedirse del informativo que lo tuvo al frente durante casi un cuarto de siglo. Al año siguiente, CBS no le renovó el contrato y dejó la cadena en la que había trabajado durante 44 años.

Mapes no volvió a trabajar en televisión desde entonces. Su carrera en el periodismo televisivo culminó abruptamente con ese escándalo. La conciencia de vivir un camino sin retorno la llevó a escribir sus memorias de esos sucesos que James Vanderbilt (guionista de Zodíaco, El ataque y las dos últimas películas de El Hombre Araña) eligió para su debut como director.

Con Robert Redford como Rather y Cate Blanchett como Mapes, acompañados por un elenco integrado por sólidos actores de reparto de distintas generaciones (Dennis Quaid, Elizabeth Moss, Topher Grace, Stacy Keach, Dermot Mulroney, John Benjamin Hickey, Bruce Greenwood), Sólo la verdad vivió su lanzamiento mundial en Toronto, el mismo festival en el que otro drama ambientado en el mundo periodístico e inspirado en hechos reales, En primera plana (Spotlight), iniciaba el camino que lo llevó al gran triunfo en el Oscar.

Vistas mano a mano bajo el mismo techo, como ocurrió en el festival canadiense, En primera plana y Sólo la verdad dejaron a la vista sus respectivos conflictos de identidad en mundos paralelos y bien diferenciados al mismo tiempo. La primera, como sabemos, afirma y sostiene las virtudes del periodismo de investigación sagaz y paciente de los medios gráficos, en este caso la revelación de los abusos en el seno de la Iglesia Católica estadounidense que hizo un equipo del Boston Globe.

En cambio, la película que Distribution Company estrenará pasado mañana en los cines locales plantea las dificultades que encuentra el periodismo televisivo en llevar adelante una investigación resonante de índole política (para colmo, durante la campaña por la reelección de Bush) en medio de presiones partidarias, necesidades corporativas y un cambio de paradigma en ciernes. La agresiva aparición de un nuevo espacio mediático (Internet) y el surgimiento de blogs puso bajo un gran signo de interrogación por primera vez sobre la confianza hasta allí férrea y absoluta en el modo de informar de las grandes cadenas televisivas estadounidenses. Ese episodio puso en marcha un ocaso que alcanzó al mismo tiempo a sus nombres más reconocidos, como Rather.

"En los últimos años hubo infinidad de lobbistas, operadores políticos y ejecutivos de grandes corporaciones que influyeron en los noticieros mucho más de lo que el público sabe", dijo Rather en Toronto, convalidando de hecho la tesis de que tanto él como Mapes fueron víctimas de una operación de pinzas provocada por una Casa Blanca dominada por los republicanos (para quienes Rather siempre fue una especie de "bestia negra") y la propia cadena CBS, forzada a cuidar sus intereses corporativos. De hecho, una de las figuras de aquel episodio que aparece cuestionada en la película es Andrew Heyward, por entonces presidente de la cadena televisiva.

"El periodismo no se basa en afirmaciones, sino en verificaciones. Esta película transforma a los responsables de la mayor vergüenza en la historia de CBS News en mártires y héroes. Solamente Hollywood podría llegar a hacer una cosa así", dijo Heyward a The New York Times poco antes del estreno de Sólo la verdad en Estados Unidos.

Por segunda vez en el año, después del triunfo de En primera plana en la gran fiesta del Oscar, algunas de las cuestiones esenciales del ejercicio periodístico se convierten en tema central de una película inspirada en hechos reales. "En el centro de todo aparecen estos documentos que para algunos son ciertos y para otros son falsos -dijo Vanderbilt casi al mismo tiempo-. Como director no me interesa llevar de nuevo al banquillo de los acusados a unos u otros. Lo que quiero es mostrar a través de los ojos de los personajes lo interesante que es esta historia."

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