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Medio siglo atrás, el cine se convirtió en reflejo de un mundo en el que había poco espacio para el optimismo. Algunas de las grandes películas de 1976 quedaron en la historia como representaciones de situaciones amargas, condicionadas en buena medida por contextos políticos muy complejos. Sociedades que salían de largas dictaduras o entraban en noches muy sombrías encontraban en la pantalla manifestaciones de un estado de ánimo social cargado de fobias, paranoias, miedos o tensiones de todo tipo.




