La mirada del padre
La directora es hija de Mario David
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Gabriela David creció en un ambiente de cine. Trabaja desde 1978 en la industria cinematográfica local (en películas y producciones independientes de televisión, en cortos publicitarios). Durante el camino hacia el largometraje dirigió varios films de breve duración (uno de ellos, "Tren Gaucho", obtuvo premios nacionales e internacionales) y armó un hogar con el montajista Enrique Angeleri, también productor ejecutivo de "Taxi, un encuentro". Atrás quedaba la casa familiar, con las primeras referencias sobre el cine. Las que llegaron a través de su padre Mario David, director, entre otras, de "El ayudante", "Paño verde", "Disputas en la cama", las más costumbristas "La rabona" y "El bromista", o de inspiración literaria como "La cruz invertida" (sobre la novela de Marcos Aguinis), fallecido en abril último.
-¿Tenías presente la mirada de tu papá cuando escribías el guión o mientras filmabas?
-En algunas cuestiones teníamos gustos o puntos de vista distintos. Y, en general, a todos nos pasa que en determinado momento de la vida, nos sentimos adultos, independientes. Pero hubo un hecho especial cuando tuve listo el guión y se lo di a leer. Siempre le mostraba mis guiones o él me los pedía. Yo no tomaba en cuenta que me dijera algo o no, porque pensaba que quizás en su opinión tuviera mucho peso la subjetividad frente a la hija. Pero, después de haber leído el guión de "Taxi...", me dijo: "No me pareció bueno". Se quedó en silencio. Y durante ese silencio que duró apenas unos segundos, fue increíble, porque se me vino el mundo abajo. En realidad hizo una broma, porque de inmediato agregó: "Me pareció excelente". Y después me quedé pensando en mi reacción, porque me di cuenta de que realmente me importaba lo que él pensaba.
-¿Hay algo en común entre el cine que hacés vos y el que hacía tu padre?
-En algunos aspectos, y en relación con las influencias que una recibe de otros directores, creo que "Taxi..." tiene mucho que ver con "El ayudante". Quizás hay un denominador común en cierto tratamiento, en que también se trata de personajes que se vinculan con un extraño y, a partir de ahí, logran suavizar sus carencias. Teníamos puntos en común en muchas cosas. En otras discutíamos mucho. Y extraño bastante las discusiones con él. Al rodaje fue el último día, en parte porque yo no quería. Y estuvo bastante cuando editábamos la película. Venía, miraba y me decía cosas realmente muy subjetivas y exageradas, era muy imparcial. Yo decía "bueno, se está pasando de rosca con los elogios".
-¿Vio la película terminada?
-Pudo verla en actos, porque aún no teníamos la copia final. Hay una jugarreta medio extraña del destino, en cuanto a que se haya muerto justo en este momento. Eso mucho no lo entiendo. Y tampoco lo pienso demasiado. Ahí tengo un dolor latente. Entonces..., está ahí.
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