
Laconismo, sugestión y los ecos de Antonioni
Un prometedor film de la italiana Marina Spada
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Como la sombra (Come l ombra, Italia/2006, color; hablada en italiano y ruso). Dirección: Marina Spada. Con Anita Kravos, Karolina Porcari y Paolo Pierobon. Guión: Daniele Maggioni. Fotografía: Sabina Bologna y Giorgio Carella. Música: Tommaso Leddi. Edición: Carlotta Cristiani. Presentada en DVD por Zeta Films. 87 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
En una obra lacónica y austera, que habla de soledades, secretos y malestares que no siempre encuentran el modo de manifestarse, la italiana Marina Spada expone los interesantes resultados de una búsqueda expresiva todavía en desarrollo. Una historia sencilla cuyas sugerencias se dirigen más al intelecto que a la emoción es el vehículo que emplea para plantear, a través del personaje central, su extrañeza frente a un mundo cada vez menos inteligible.
Se trata de un sentimiento difícil de traducir: se infiere de las escasas acciones (a veces borrosas, observadas de lejos o desde detrás de un vidrio y sin voces), pero mucho más de las atmósferas que Spada sabe crear sobre el fondo de una Milán deshabitada y silenciosa en la que mucho habrá tenido que ver la asesoría del famoso fotógrafo Gabriele Basilico, experto en retratos urbanos. En esos espacios vacíos, tanto como en las pausas, los silencios, el afán introspectivo y el merodeo en torno de la cuestión existencial, el cine de Antonioni se vuelve una referencia ineludible en este prometedor trabajo que le valió a Spada el premio a la mejor dirección en el último Festival de Mar del Plata.
La protagonista es la treintañera Claudia, que lleva una vida rutinaria y metódica como empleada en una agencia de viajes: trabajo, esporádicas visitas familiares, pocos amigos con los cuales compartir un café y las clases de ruso que ha emprendido por razones profesionales; el resto lo ocupan largos encierros en casa. Claudia, que parece estar a la espera de algo o de alguien, se relaciona con su nuevo profesor, un ucranio que enciende en ella cierta chispa afectiva. El vínculo tendrá una extraña derivación: cuando ella está a punto de iniciar sus vacaciones en Grecia, el hombre le pide que albergue en su casa por unos días a una prima suya que llega de Kiev. De mala gana, acepta, pero mientras Boris empieza a convertirse en un fantasma, la relación con esa muchacha venida de otra realidad y dueña de un carácter tan opuesto al suyo genera en ella algún cambio. Primero, superficial, más tarde (hecho policial mediante), profundo: la necesidad de una suerte de íntimo ajuste de cuentas.
Como la misma Claudia, toda la historia está colmada de secretos que a la realizadora no le interesa revelar, lo que puede resultar frustrante para espectadores acostumbrados a un cine que todo lo explica. Spada, en cambio, espera una participación activa, por cierto más cerebral que emotiva, aunque no cueste compartir los sentimientos de la protagonista ni percibir el alcance de su turbación interior. Ayuda en este sentido la labor de Anita Kravos al frente del acotado e impecable elenco.


